Al salir de la oficina, Sofía decidió irse caminando a casa, aunque era un poco lejos, llegaría hasta donde el cuerpo le diera y luego, pediría un taxi para terminar de llegar. Pero ella no se imaginó que en su trayecto, Mario pasaría por su lado en su auto, y se ofrecería a invitarla a ir por un café, ella aceptó, porque aunque fuera de tarde y deseara más una cerveza que un café, el café le ayudaría a relajarse, a sentir menos la tensión de su cuerpo.
— Vamos, conozco un lugar genial en donde venden el mejor café con una torta de chocolate que estoy seguro de que aliviarás nuestras penas — ofreció Mario, luego de que arrancó el auto al momento en que Sofía se subió.
Ella solo asintió en modo de respuesta.
El trayecto en el auto fue silencioso.
Solamente los acompañaba el ruido de la emisora que hablaba de las noticias mundiales de última hora en el auto de Mario.
Finalmente, llegaron al restaurante.
El lugar era una cafetería que Sofía había escuchado hablar alguna vez, pero de la que nunca, hasta ahora, tuvo oportunidad de haber ido, no porque no pudiera, simplemente, porque algunas veces, ella terminaba tan cansada de su trabajo que prefería quedarse en casa así fuera fin de semana.
Tanto ella como Mario pidieron un café, acompañándolo cada uno con una porción de torta de chocolate, y en cuanto el mesero les sirvió, Sofía sintió que viajaba al paraíso, efectivamente, Mario tuvo razón cuando le sugirió que fueran juntos por un café y una torta de estas, el sabor a chocolate de la torta provocó una tranquilidad inmensa en el cuerpo de Sofía, una que le permitió ver las cosas con más claridad.
— ¿Estás mejor ahora? — preguntó Mario.
— Sí, la verdad sí. Gracias, en serio, lo necesitaba. Bien, dicen que el chocolate ayuda a controlar los pesares del alma.
— Eso es cierto. Yo quería contarte una cosa.
— ¿Qué cosa?
— He renunciado.
Sofía casi se atraganta el trozo de torta que se había llevado a la boca en ese momento al escuchar esas palabras salir de la boca de Mario.
— ¿Qué? ¿Cómo fuiste capaz de hacerlo en este momento? Yo no podría…
— Sí, si puedes y la verdad te recomiendo que lo hagas antes de que las cosas se pongan peor para nosotros. Esto no es un juego Sofía, tú ya te quemaste desde el primer momento en que accediste a querer tener relaciones con tu jefe. No debiste haberlo hecho. Pero bueno, ya está hecho, y ahora, nada más nos queda es que aceptes tu error, y si no quieres meterte en problemas con Claudia, más de los que ya tienes, aléjate, busca un nuevo trabajo, y piérdete de la vida de Leonardo, porque eso es lo que yo precisamente voy a hacer. Planeo irme de aquí, lejos si es posible.
Sofía escuchaba a Mario con atención, procesando cada una de sus palabras, sintiendo el golpe que generaba cada una de estas en su interior. En gran parte, eran dolorosas, para ella era difícil aceptar que se metió con el hombre equivocado, pero Leonardo tenía la culpa, por ser tan irresistible, por ser una mina de oro ante los brazos de cualquier mujer, y lastimosamente, Sofía había caído en su trampa.
— Sí, puede que tengas razón. Créeme que eso lo he pensado. También quiero irme, lejos, si es posible irme a otro país, conseguir otra identidad, vivir otro estilo de vida, alejarme de todo este caos será lo único que podrá salvarme de los errores de Leonardo que me involucran.
Mario suspiró, removiendo su café con lentitud, como si meditara sus próximas palabras.
— Sofía, si realmente piensas en irte, debes hacerlo pronto. No quiero asustarte, pero Leonardo no es un hombre con el que se pueda jugar. Tú lo sabes.
Sofía apretó la taza entre sus manos, sintiendo el calor del café en sus palmas, pero sin lograr calentar la frialdad que empezaba a instalarse en su pecho.
— No lo entiendo… ¿Qué estás tratando de decirme, Mario? —preguntó, aunque en el fondo temía la respuesta.
Mario dejó la cuchara sobre el plato con un leve tintineo y la miró con una seriedad que le heló la sangre.
— Que ya no eres solo una aventura para él. Claudia lo sabe. Y si Claudia lo sabe, lo sabe todo el mundo.
El estómago de Sofía se encogió. Claudia. Esa mujer era un problema. No solo porque era la esposa de Leonardo, sino porque tenía el poder, la influencia y el rencor suficiente para hacerle la vida imposible.
— No… —musitó Sofía, negando con la cabeza—. Leonardo dijo que tenía todo bajo control.
— ¿Y le creíste? —Mario soltó una risa amarga—. Sofía, esa mujer es capaz de cualquier cosa. Y tú… tú solo eres un obstáculo en su camino.
Sofía sintió una punzada de miedo recorrerle la espalda. Había estado pensando en marcharse, sí, pero hasta ahora no lo había sentido como algo urgente. Ahora, con las palabras de Mario retumbando en su cabeza, entendió que el tiempo se le agotaba.
— ¿Qué harás tú? —preguntó con voz débil.
— Como te dije, irme. Me voy a otra ciudad, ya tengo casi todo listo. Y te sugiero que hagas lo mismo antes de que Claudia decida que no tienes escapatoria.
Sofía tragó saliva y bajó la mirada a su café, que ya estaba frío. De repente, su apetito había desaparecido.
— No sé si pueda…
— No es una opción, Sofía. Es cuestión de tiempo para que Claudia mueva sus piezas. Y cuando lo haga, no te va a gustar lo que venga después.
El peso de la realidad la golpeó como una ola helada. No podía seguir allí. No podía seguir creyendo en promesas vacías. Leonardo no iba a salvarla. Nadie lo haría, salvo ella misma.
Respiró hondo y miró a Mario a los ojos.
— ¿Me ayudarás a salir de aquí?
Mario asintió con gravedad.
— Sí. Pero tenemos que hacerlo rápido. Es más, voy a proponerte que nos vayamos juntos, ambos estamos solos en este mundo, y el dinero que nos den de nuestra liquidación nos servirá para sobrevivir un par de meses hasta que podamos encontrar algo estable e igual de bueno del que teníamos en la empresa de Leonardo. Vámonos lejos, si nos vamos juntos, al menos nos tendremos el uno al otro para apoyarnos, que tener que irnos por caminos separados y sin contar con el apoyo de nadie. ¿No te parece?
Sofía se quedó pensando, lo que decía Mario era cierto, la idea de irse antes de que las piezas del rompecabezas sin fin de Leonardo se muevan, podría ser una escapatoria a sus problemas, porque Sofía no estaba segura de saber que tan implicaba estaba, e irse con Mario, sería una gran idea, así no tendría que pasar por este problema tan sola.
Al menos junto a Mario tendría en quién apoyarse mientras que la marea bajaba.