—Me negué y le dije que nos dejara en paz. Cuando Amber y yo volvimos a la manada, estaba en llamas. Atacaron e incendiaron la empacadora. No es un país de lobos como lo es aquí, no hay manadas por todas partes que puedan ayudar y esa manada era mucho más pequeña, no tenía tantos guerreros. — No sabía qué hacer. No estábamos a salvo y no sabía adónde ir. Amber y yo pensamos en correr, simplemente ir a algún lugar, pero pensamos que si nos encontraban allí, podrían encontrarnos en cualquier lugar. No sabía adónde ir. Yo sólo… acabo de llegar a casa.— Parpadeé con fuerza y me froté la cara. —Lo siento mucho, no lo hice—— —No es tu culpa—inyectó Aaron. —Nadie podría haberlo sabido. Podemos devolverle su dinero, nosotros–— —No, es tuyo, guárdalo hasta que podamos resolver algo.— Alguien l

