Capitulo 117

2032 Palabras

Trotamos hasta el vientre de la bestia y lo atacamos con avidez. Comimos la presa fresca mientras el macho nos observaba atentamente. Mi lobo cavó y pronto encontró el hígado del alce y luego se lo arrojó al paciente macho. Lo miró y luego nos miró con los ojos muy abiertos. Mi lobo dejó escapar una carcajada y comenzó a mordisquear su lomo. Pudimos ver al macho tragar el hígado en unos dos bocados antes de trotar junto a nosotros y excavar con un gruñido de satisfacción. Comimos y comimos hasta llenarnos el estómago y no quedó mucho más que las vísceras y la carne dura que pudimos dejar a los carroñeros. Teníamos el estómago lleno, casi hasta el punto de resultar repugnante. Ethan comenzó a alejarse, hacia una hierba alta en el valle y lo seguimos. Había un arroyo al que saltamos y nos

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