Mandy levantó las manos dramáticamente. —Bueno, entonces discúlpame— respondió antes de girarse hacia mí mientras ponía sus manos en sus caderas. —Cristine ¿qué opinas de los bocadillos elegantes?— Me reí mucho y asentí. —Mientras estén llenos de queso, carbohidratos y chocolate, Dios mío, tenemos que comer chocolate.— —Sabía que me gustaría —reflexionó Mandy tímidamente. —Te lo dije— disparó Sam con una sonrisa de complicidad. —¡Muy bien, vamos chicas! ¡No tenemos todo el maldito día!—Estalló Billy. Mi bestia estaba contenta, más que contenta. A ella le gustaban las mujeres que nos rodeaban. Eran amables, mucho más amables que muchas mujeres que había conocido antes. Miramos a nuestro alrededor y observamos a las otras hembras que intentaban mirar sin mirarnos; poniéndose su pelaje a

