Hyacinth La mañana llegó y con ella un torrente de recuerdos de la noche anterior se precipitó sobre mí. Las vividas escenas se reprodujeron como en una película en mi cabeza. Las apasionadas palabras de Leander justo antes de poner su marca en mi cuello, una sinfonía de lobos celebrando el curso de la Naturaleza, dejando de lado mi inhibición en el bar para cambiantes, atrapada en el momento. Riendo. Tocando. Amando. Estaba equivocada... tan equivocada. Lo que había hecho era repugnante. No estaba bien y no era justo liderar a Leander, darle esperanzas que no existían. Le había dado rienda suelta al vínculo. Le permití hacerme olvidar mis razones para estar aquí... y por qué tenía que marcharme. Tenía que detener este comportamiento dañino. Me iba porque no podía estar con él, pe

