LIAM La puerta aún estaba vibrando por el portazo cuando me quedé de pie en medio del pasillo. Los murmullos empezaban a crecer. Algunos empleados fingían seguir en lo suyo, otros ni siquiera lo intentaban. La puta cachetada había sido tan sonora que probablemente la escucharon hasta en los elevadores. Me llevé una mano al rostro. Ardía. Pero no tanto como el resto de mí. —Mierda… —murmuré entre dientes. Me fui tras ella. No podía dejarla así. No después de la forma en que me miró. No después de todo lo que había callado todo el fin de semana. Ni siquiera sabía lo que quería decirle. Solo sabía que si no lo hacía, esa rabia dentro de mí iba a consumirlo todo. La vi avanzar rápido entre escritorios. Derecha, firme, furiosa. La tomé del brazo sin pensar. Su piel estaba caliente, tens

