LIAM Cuando el nuevo abogado llegó, lo supe antes de verlo. No por instinto, sino por la actitud del oficial que me escoltó de regreso a la sala de entrevistas: nervioso, algo más cuidadoso. Ese tipo de reacción solo lo generaban dos cosas: o alguien con demasiado poder... o alguien con demasiado dinero. Era una mujer. Traje n***o impecable, cabello oscuro atado con precisión quirúrgica. Su portafolio parecía costar más que el reloj del oficial que nos acompañó. Se presentó como Georgina Hargrove. Voz cortante, mirada sin titubeos. Directa. —Señor Ashford, vengo en representación de la firma Knight & Holland. El señor Matthew Clarke gestionó mi presencia bajo el acuerdo de estricta confidencialidad. Nadie en la firma sabrá de esto, salvo yo. —Abrió el portafolio con un clic seco—. Vamos

