LIAM Volvimos a entrar a la sala de juntas. El aire estaba cargado, como si todos los silencios mal resueltos se hubieran quedado flotando sobre la mesa. Saanvi entró primero, seria, profesional, pero con los ojos aún brillando con una mezcla que sólo yo supe reconocer. Había dolor. Había dudas. Pero también había una decisión. Yo la seguí, a dos pasos de distancia, como si esa distancia fuera una línea invisible que aún no me atrevía a cruzar. Georgina nos esperaba sentada, con las piernas cruzadas, el mentón en alto y esa sonrisa falsa que ya me conocía demasiado bien. Matt estaba en la cabecera, con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido. Sabía que algo se cocía entre bambalinas, y estaba esperando a que explotara. —Entonces —dijo Saanvi con voz firme, cortando el aire com

