CAPÍTULO QUINCE Zoe frenó tan abruptamente que casi hace que el coche patinara. Había estado conduciendo tan rápido por las anchas y frondosas calles suburbanas que no vio el coche de policía estacionado delante y casi choca contra él. Habían llegado delante de una enorme casa estilo colonial georgiano que encajaba a la perfección con el costoso vecindario. Lo único que la diferenciaba eran los expertos forenses de trajes blancos y la policía uniformada que entraban o salían por la puerta apurados en una rutina casi perpetua. Shelley ya se había quitado el cinturón de seguridad y había abierto la puerta para cuando Zoe había apagado el coche, y se apuró a seguirla. Ambas corrieron por el prolijo césped hacia la entrada, mostrando rápidamente desde la acera sus placas al policía que inte

