CAPÍTULO DIECISIETE Zoe tenía un nudo en la boca del estómago. No podía darse cuenta si estaba a punto de vomitar, de morir, o de dar a luz alguna especie de niño monstruoso. La sensación se había hecho más intensa desde que Shelley le había dicho cómo irían a ser las cosas y ahora esa sensación amenazaba con apoderarse completamente de ella. Zoe no tenía la intención de implicar a nadie, y aún menos a su adorada mentora. Podía ver que había sido un error propio. Realmente no había ninguna conexión, ninguna en absoluto. No podía entender cómo Shelley no lo veía. A fin de cuentas, no importaba lo que pensara ninguna de ellas. Todo estaba en marcha, y el procedimiento dictaba que debían seguir todas las pistas posibles. Si más adelante se descubría que no habían seguido esta pista, ambas

