De camino a la mansión, Romina me toma de la mano, me dice que esté tranquila, que yo sé cómo manejar la situación, que me relaje, trato de estar Serena, pero no puedo, mi cuerpo está helado, siento una presión en el pecho, no puedo hacer nada, solo esperar. Llegamos a la mansión, el chófer parquea el coche, Romina sale corriendo, gritando. —¡Amiga debo arreglarme para mi cita!, ¡te quiero, mucha suerte! Esa loca me dejó sola, ahora debo enfrentar a Frank, seguro está muy enojado, me bajo del auto, entro a la mansión, Frank no está por ningún lado, un sirviente que no había visto antes, me dice que vaya al estudio, camino lentamente hacia el estudio, la puerta está abierta, hay un hombre sentado en la silla de él, un poco mayor, no mucho, un poco canoso, parece ser alto y de buen porte,

