Aquella noche, hicimos el amor de la forma más lenta, delicada y maravillosa posible. Anthony recorrió todo mi cuerpo con su boca, lengua, manos… arrancándome gemidos de placer que me hacían retorcerme en la cama. Siempre fui amante del sexo duro, aquel sexo que casi me provocaba dolores excitantes, por lo que, jamás esperé que llegase a disfrutar tanto de lo tierno y romántico que podía llegar a ser el sexo aburrido del que había leído en algunas novelas. Me duermo rodeada por sus brazos, con mi cuerpo aun tembloroso y mi corazón acelerado, con una enorme sonrisa cargada de satisfacción a la vez de que era capaz de sentirme completa, llena, enamorada… j***r, si casi estaba segura de amar a ese hombre a como no había amado jamás. Con aquel cursi pensamiento, soy capaz de al fin descans

