Capítulo 4

3110 Palabras
Me levanto a eso de las diez de la mañana, voy al baño me doy una ducha rápida, me lavo los dientes. Hoy el día está nublado pero muy brilloso como si el sol estuviese tratando de hacerse paso entre las nubes, no creo que lo logre. Me decido por un jeans n***o y una camisa blanca de tirantes y mis converse negras. Me maquillo de manera habitual y me hago una coleta alta. Una vez lista bajo las escaleras directamente al comedor en busca de mis padres. Lo encuentro en la misma posición de ayer. -Buenos días- Saludo- ¿Cómo amanecieron? -Bien y tú?- Me pregunta mi madre. -Excelente, mi cama es una delicia. ¿Y tú como estas, papa? -Bien, Aisha. Me alegro que te guste tu habitación. - Dice con una sonrisa. En ese momento veo que traen el desayuno. Comemos en silencio las deliciosas tortadas con queso, me atiborro de café, necesito café para vivir. -Aisha, tú y yo iremos de comprar. Debemos ir a buscar tu uniforme y comprar tus nuevos útiles y demás cosas necesarias para el colegio.- Mi mama me ve a la expectativa. Maldición. -¿Este colegio tiene uniforme? -Sí. Tendrás que vivir con ello. Además lo vi, es muy bonito. Hay que hacerlo a medida. Por suerte tenia tus medidas, sino no empezaras mañana. Bueno hora de irnos.-Mi mama se levanta, se despide de mi padre yo hago lo mismo y nos vamos. Llegamos a la calle principal, hoy vi más tiendas que ayer. Nos detuvimos frente a una boutique llamada Lou’s. Se veía muy bien, pero bastante cara. Tengo un problema con el dinero, no me gusta gastar demasiado, no es como si nos faltara. Pero no sé, me cuesta. Pero supongo que ahora no tendré que preguntarme si estoy gastando demasiado. Entramos en la tienda, puedo ver que es enorme, mucho más grande de lo que parecía desde afuera. Veo infinidades de vestidos, cortos, largos, con tul, sin tul, transparentes. -¡Hola! Buenos días, bienvenidas. ¿En qué puedo ayudarlas?- La dueña de la voz que nos recibe, es una chica blanca con cabellera pelinegra, de facciones suaves, se ve de mi edad. Aunque se ve refinada, como si hubiera nacido en la aristocracia. Lleva uno de los vestidos más elegantes que vi hasta ahora. Es sencillo pero muy elegante, de color azul rey con tela de terciopelo. -¡Buenos días!-Exclama mi madre.- Tenemos cita con la modista, querida. Soy Vanessa Dailan, reserve para hoy a las once. -¡Oh! Bienvenida señora Dailan. La estábamos esperando. Por aquí, por favor.- nos guía del lado izquierdo de la tienda, pasamos por un par de estantes con hermosos zapatos, llegamos a una puerta. La chica la abre y nos invita a pasar. Entramos y vemos un hermoso vestíbulo, con tres puertas seguidas a la izquierda. Veo un par de sofás color beis, con mesillas a cada lado que contienen una cubitera con champagne, y unas copas. Frente a los sofás hay una plataforma circular, de unos veinte centímetros de alto. De ese lado la pared eso toda de vidrio. La chica se dirige a una puerta que no había visto, toca la puerta y dice: -Tía, ha llegado tu cita de las once, la Señora Dailan. Mi tía las atenderá en un minuto, por favor pónganse cómodas. – Se dirige a la cubitera, abre la botella y sirve dos copas. Me entrega una a mí y otra a mi madre.- Siéntense, por favor. – Nos dirigimos a los sofás no sentamos en el más cercano a la salida. En ese momento se abre la puerta que a chica toco y sale una señora, lleva la cabellera marrón en un recogido, es blanca, esbelta, debe estar alrededor de los cuarenta como mi madre, nos sonríe, tiene un sonrisa cálida, lleva un enterizo, con un gran cinturón. En el cuello lleva una cinta métrica supongo que ella debe ser la modista de la que hablo mi madre. -Bienvenidas! ¡Oh! Seguro que tú eres Aisha. ¿Verdad? -Asiento- Es un gusto conocerte- Me tiende la mano, yo se la estrecho. Saluda a mi madre con la misma efusividad. -Bien, querida Aisha, acompáñame al vestidor. – se dirige a una de las tres puertas. Esos deben ser los probadores. Si efectivamente, es un probador. En el perchero hay un único traje cubierto con un cobertor. -Bien. Desvístete, te ayudare a vestirte, es un poco complicado.- Me desvisto. Ella me ayuda con unas medias negras que llegan por encima de la rodilla, me coloca una camisa blanca almidonada, llega hasta las muñecas, tiene botones allí, por lo que ella los abotona. La camisa all parecer se cierra hasta el cuello. Me coloca una falda, es rayada con los colores rojo y n***o, es un poco acampanada, pero solo un poco, y llega a la mitad de muslo, pensé que sería más larga. Tiene el cierre en la parte trasera, por lo que es un poco complicado de cerrar. Me deja la camisa dentro de la falda. Me coloca una cinta roja en el cuello de la camisa, lo ata y queda en forma de lazo. Me ayuda a colocarme la chaqueta, es increíble. Tiene una textura suave y rigurosa al mismo tiempo. Es hermosa, es de color n***o, con bordes rojos, tiene cuello en forma de v. Cierra hacia el lado derecho con tres botones anchos color n***o. Me miro en el espejo, me veo genial, como si fuera una niña rica, una de esos colegios carísimos. Me acerca unos zapatos negros de tacón con hebilla de un lado, son altos, tal vez cinco o seis centímetros. Me pregunto cómo aceptan eso en el colegio. Salimos del probador, mi madre me mira. -Te ves hermosa, Aisha. Ti dije que el uniforme era muy lindo.-Mi madre aplaude emocionada. Me subo a la plataforma, tienes razón me veo, muy bien y el traje me queda a medida. -Hizo un excelente trabajo, señora. -Gracias, querida. Pero llámame Lou. Me llamo Louise. Pero me gusta más Lou. Te ves sensacional. Brillaras en tu debut.- Dice dando una palmada. -¿Debut, dice? -Sí, debut. Entre las familias adineradas y nobles, cuando alguien hace su aparición en el mundo aristocrático, se le llama debut. -Pero yo no vengo de una familia noble ni adinerada. -Pues lo eres. Eres la nieta del Conde Dailan, así que si vienes de la nobleza. Solo que no lo sabias. -Mama, esto es verdad. -Lo es, Aisha. Planeaba decírtelo más tarde, también me entere hoy. El título es hereditario, así que tu padre es el Conde Dailan. Nos enteramos antes del desayuno cuando tu padre trataba de hacer un conteo sobre las cosas de las que debía encargarse.- Ella se ve sorprendida. Supongo que yo también lo estoy. Nunca lo hubiera imaginado. Regreso al probador me quito el uniforme. Me visto y salgo. Voy a la mesilla y bebo la copa de champagne. Mi madre propone ver ropa y zapatos, acepto encantada, será una buena distracción. Al salir de la tienda, es muy tarde. Deben ser las cinco de la tarde. Hace un poco de frio, me entere de que oscurece temprano en este pueblo. Además, de otro montón de cosas, casi esta nublado. Ayudo a mi mama con las cajas y bolsas. Damos cinco viajes, creo que compramos mucho. La sobrina de Lou nos ayuda con las cosas. Cuando está todo listo me vuelvo hacia ella y le digo. -Muchas gracias por tu ayuda. Creo que mi mama se excedió un poco. Soy Aisha, por cierto. Un placer conocerte. .-De nada, Aisha. Yo soy Loreley. Pero todos me dicen Lore.- Dice tendiéndome la mano. Le estrecho la mano. -¿Estudias en Castle Black?- pregunto. -Sí, estoy en mi último año.-Escucho sonar la bocina del auto. Estaba tan entretenida hablando que no me di cuenta de que mi madre ya había encendido el auto. -Oh. Debo irme, supongo que nos veremos mañana. Adiós.- Le digo mientras le saludo con la mano. Ella me regresa el saludo y vuelve a la tienda. Subo al auto y mi madre arranca en dirección a nuestra casa. -Parecía muy educada la sobrina de Lou- Mi madre lo dice como si nada, pero sé que está tratando de enterarse de lo que me dijo. -Sí, me dijo que se llama Loreley. Va a al mismo colegio que iré yo y que está en el último año. -Vaya. Es de buena familia. Su tía me dijo que era atleta. Quizás deberías entrenar con ella. -Tienes razón. Hablare con ella mañana, si la veo. Ese colegio debe ser enorme, lo peor es que seguro todos se conocen. -Estarás bien.- sin darme cuenta ya hemos llegado a la mansión. Mama estaciona el auto en la entrada.- Dejemos las bolsas aquí. Le pediré al señor John que venga por ellas, estoy cansada. Nos bajamos del auto y nos encaminamos a la casa. Una vez dentro subimos las escaleras y cada quien va a su cuarto. Por esto no me gusta ir de comprar, se llega muy cansado a casa. Considero que es relativamente temprano. Voy al baño, enciendo el jacuzzi, modero un poco el calor y agrego sales de baño con aroma de almendras, mi favorito. Mientras se llena, regreso a la habitación. Busco mi móvil y audífonos, me los llevo al baño. Me quito la ropa y meto en el jacuzzi. Conecto los audífonos, me los pongo y dejo el teléfono en una mesita al lado del jacuzzi. Me recuesto, la música me inunda y el jacuzzi es tan divino que me siento en el paraíso. Unas dos horas más tarde decido salir del jacuzzi. Volveré más seguido. Salgo del baño, voy al vestidor, me decido por un short de jeans y una camiseta. Me visto rápidamente, no me maquillo. Salgo y me tiro en mi cama. Hoy hable un rato con los chicos, todos están bien. Algo enojados por la mudanza tan repentina, pero entienden que no pueden hacer nada. No hablamos mucho, acababan de llegar y estaban cansados. Oigo dos toques en la puerta. Grito un pase y para mi sorpresa es el señor John quien entra. Va vestido como siempre con su traje de pingüino. Entra en la habitación y hace una breve reverencia. Nuca me acostumbrare a ello. -Buenas noches, señorita Aisha. ¿Cómo se encuentra? – Me pregunta y veo que se ve realmente interesado. -Me encuentro de maravilla, señor John. Nunca había probado el jacuzzi, es realmente genial- Le digo y por su expresión debo tener una expresión soñadora. Sus rasgos se suavizan y una tenue sonrisa se asoma por sus labios. -Me alegro mucho, señorita Aisha. -¿Podría dejar de llamarme así? Se siente muy raro señor John. - Es la manera más adecuada. Usted es toda una señorita. -Aisha. Me llamo solo Aisha. -Está bien, Aisha.-Lo dice como si estuviese haciendo un esfuerzo sobrehumano. -Bien. A cambio te diré John.-Asiente- ¿De casualidad sabes dónde están las cosas que compramos hoy? -¡Oh! Por supuesto. El personal organizo sus cosas en el vestidor. Sus padres han tenido que salir en una cena de negocios con uno de los socios de aquí, dijeron que llegaría tarde. ¿Quiere que le traiga la cena o quiere bajar a cenar? -Me gustaría cenar aquí, gracias. John sale de mi habitación. Yo me dirijo al vestidor, reviso a fondo y descubro una sección dedicada a la ropa del colegio. Al parecer tengo cinco uniformes casuales y cinco deportivos. Hay un montón de zapatos que yo no me probé, pero compruebo y todos son de mi talla. Suspiro. Creo que son demasiados uniformes. Antes de que pueda pensar nada más oigo la puesta abrirse. Salgo y veo que John entra con un carrito con ruedas y dispone la comida en la mesa de mi habitación. Este lugar es como un apartamento. Una vez que termina hace una breve reverencia y se retira. Como mi cena, me lavo los dientes, coloco la alarma a las siete de la mañana y me acuesto. *** Le levanto con el horrible sonido de la alarma. Me cuesta levantarme temprano. Me desperezo y me dirijo al baño, hago mis necesidades, me doy una buena ducha. Voy al vestidor, me visto tal y como me enseño Lou. Elijo los zapatos que me hizo probar ayer. Me maquillo, uso polvo, rubor, un poco de sombras en los ojos, rímel, labial rosa claro, me cepillo el cabello, abro una carrera de medio lado y lo dejo suelto. Tomo mi mochila que parece de cuero n***o, la elegí ayer. Ya tengo mis cuadernos y libros. Antes había llegado un horario de clases, así que sabía que libros debía llevar. Salgo de mi habitación en dirección al comedor. Al llegar allí encuentro a mis padres charlando y desayunando. Me siento en mi silla y debo de mi taza de café. -Buenos días. Este café esta excelente. -Buenos días, hija. Si es exquisito. Un socio nos lo llevo anoche como regalo, es verdaderamente delicioso. Además es de su propia cosecha.-Me dice mi padre mientras saborea el café.- Pienso que debería invertir en la producción de este café. -Pienso lo mismo, cariño. Le dice mi mama.- ¿Estas lista para el colegio, Aisha? -Sí, estoy lista.- Me termine mi desayuno muy rápido.- ¿Quién va a llevarme? -Yo, Aisha. Tu padre tiene que arreglar algunas cosas. Aun trata de encontrar el ritmo con los negocios nuevos. -Tu madre tiene razón. No es tarea fácil- Mi padre se ve algo cansado. Me levanto voy hacia mi padre y le doy un beso en la mejilla. -Hasta luego, papa. -Hasta luego, Aisha- Me sonríe. Recojo mi mochila y me la cuelgo al hombro. Mi mama y yo nos dirigimos hacia el auto. Salimos de la mansión y nos dirigimos hacia la calle principal. Solo que mi madre sigue derecho, esta parte Linders aún no la había visto. Mi madre y yo compramos todo en la boutique de Lou. Sigue de largo unos quince minutos, luego del lado derecho de la carretera se ve una verja enorme que está abierta de par en par. Entramos por allí, como a un kilómetro de distancia se puede apreciar una hilera de autos lujosos, se ve un pequeño grupo de estudiantes afuera. La mayoría charla, pero algunos están tan metidos en sus teléfonos que se pierden todo a su alrededor. Llegamos todo lo que se puede avanzar, y mi mama detiene el auto. Miro la hora en mi teléfono son las ocho y nueve. Las clases son a las ocho y treinta. -Vendré a las tres y media a recogerte. Que tengas un buen día, Aisha.- Me da un beso en la mejilla. Me bajo del auto, veo que algunas miradas se dirigen a mí, me incomodan estos niños ricos. Cierro la puerta. -Adiós, mama.- Le digo mientras ella arranca el auto. Me saluda con la mano y se va. Me giro, levanto bien la cabeza y me encamino hacia la entrada donde la puerta está abierta. El Castle Black es enorme, tiene tres torres dos medianas y una enorme que está justo en medio, es de color n***o, pareciera que fuese hecho de vidrio n***o. En mi camino escucho algunos susurros pero no les prestó atención. Entro y tengo que reprimir una exclamación. Es enorme, hay una sala de estar grandísima, puedo ver estudiantes sentados en grandes sillones con diseños intrincados, ellos me miran y yo los miro. Les dedico una mirada de suficiencia y me encamino a las escaleras del lado izquierdo. Todos los ojos me siguen hasta que ya no pueden verme. Suspiro. En cuanto llego al final de la escalera veo una hilera de puerta a cada lado del enrome pasillo. Veo sofás dispuestos en rededor, mesillas, cuadros enormes, lámparas con luz tenue. Todo es tan surrealista, nunca vi nada igual. Me encamino a la primera puerta de la derecha. Efectivamente veo la placa que pone “Oficina del Director”. Junto con el horario habían llegado instrucciones de que viera aquí en cuanto llegara. Así que aquí estoy. Toco dos veces y espero. Una señora de mediana edad muy bien arreglada me abre la puerta. -Usted debe ser la señorita Dailan.- Asiento- Pase, el director la está esperando.- entro y no es lo que esperaba, como todo lo que vi últimamente es enorme. Me dirijo hacia la oficina, cuando me dispongo a tocar la señora me detiene.- No es necesario tocar, la está esperando pase. Entro y veo a una chica sentada frente al director. Veo que es estudiante de aquí. -Buenos días- logro decir. -Buenos días- responde ambos. -Tome asiento señorita Dailan.- Señala la silla junto a la chica, me siento y espero.- Es un placer tenerla como estudiante en esta institución. Sus padres me contaron el incidente que tuvo en su colegio anterior, si usted tiene el mismo problema aquí, hágamelo saber y yo me encargare. -Muchas gracias, director. En verdad lo aprecio. -Muy bien. La señorita Matthew- señala a la chica a mi lado.- Es la prefecta de tu clase, ella de ayudar a adaptarte un poco y te mostrara el colegio. Bien pueden retirarse, la dejo en buenas manos señorita Dailan.- Finaliza el director y salimos del allí, una vez fuera ella me dice: -¡Hola! Es un placer conocerte. Soy Olivia Matthew. -Hola- le digo- yo soy… -Ya sé quién eres. Todo el mundo habla de ti. -Es peor de lo que esperaba.- Eres Aisha Dailan, la nieta del conde. Bueno la hija del Conde. Supongo que tu padre es el nuevo Conde. -Asiento, aunque no es una pregunta.- En este pueblo el Conde es la persona con más alto rango.- Bueno eso no lo sabía. Empezamos a caminar y ella no para de parlotear. Oigo que suena una campana con un sonido melodioso.- Bueno esa es nuestra campana. Hora de ir a clase, nuestra primera clase es calculo, esa es el quinto piso, así que debemos apurarnos. Nos dirigimos a las escaleras, cuando llegamos al quinto piso veo estudiantes revoloteando de un lado para otro, risas, insultos, bromas. Nos dirigimos al fondo, veo que en todo el piso solo hay cuatro salones. Entramos en el último del pasillo izquierdo. Es salón es enorme, debe tener el tamaño de mi casa anterior. La profesora se encuentra en su sitio, todos nos sentamos. -Buenos días- Dice la profesora. Todos respondemos con un “buenos días” también.- Hoy tenemos una nueva estudiante- Se dirige hacia y me dice: -Preséntate a la clase, cariño- Genial, este día será muy, muy largo.
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