Aún no sabía cómo me había dejado convencer, pero ahí estaba, subiéndome a la moto de agua. Nicolás, con toda la calma del mundo, se colocó su chaleco salvavidas, ocultando su pecho desnudo, aunque no dejó de mirarme en ningún momento. —Ponte este —dijo, extendiéndome otro chaleco. Mientras me lo ponía, sentí su mirada recorrerme de arriba abajo. Con mi blusa corta y shorts, su atención hacía que me sintiera más desnuda de lo que realmente estaba. —¿Qué? —le espeté, incómoda por su mirada fija. —Nada, sirenita. Solo que con ese conjunto pareces lista para protagonizar un video musical de los noventa. —¡Eres un idiota! —gruñí, ajustando el chaleco con más fuerza de la necesaria. Nos subimos a la moto de agua, y apenas me aferré a su cintura, él arrancó con un movimiento tan brusco que

