Bailar junto a mi esposo me transporta a lugares inimaginables, solo pensar en lo dulce de sus labios, lo sedosas que son sus mejillas... No habrá día en que no le dé gracias a Dios por haberme puesto a Robert en el camino, justo cuando más me hacía falta... No ha hecho más que curarme de las preocupaciones, me saben a miel sus besos y no puedo compararlo con nada que haya sentido antes. Ha sido la alternativa que Dios me ha dado para que me aferre a la esperanza, sin querer, es lo que le pedí al cielo como una plegaria cuando sentía que no podía más. Mis deseos de libertad, de superación, de crecimiento, vinieron de la mano de un hombre educado, cariñoso, valiente e inteligente. —¿Quieres que nos vayamos en un rato?—, ¿estás bien, cariño?—Me aborda Robert con una sonrisa en el rostro, d

