Estoy muy nerviosa por todo lo que se avecina... La experiencia en la clínica con el director, y saber que mi madre está detrás de ella, me ha marcado... Pero ya es momento de que yo, Amira Farhad, deje de vivir en la sombra de un pasado que no tiene nada bueno que aportar a la mujer que quiero ser, a la mujer en la que voy a convertirme. Quizás para muchos sea un completo monstruo, por haber decidido lo que mi corazón me dictaminó, ser la esposa de Robert O"Sullivan y estar convencida de ello a pesar de saber lo que podría desencadenar... Por primera vez, haré uso de uno de esos refranes clichés que suele usar la gente cuando está a punto de cometer un absurdo, "el que no arriesga, no gana"... Y yo siento que desde el momento en que me arriesgué a abordar a ese Marine norteamericano, el universo conspiró para que mi vida empezara tomar un sentido. Casarme con él no será más que retribuir al amor y la grandeza que se ha instalado en mi vida, muy a pesar de lo a la gente le parezca o no, o de lo que la gente pueda intentar hacer para dañarme... Ya no soy la misma, ya no me siento ahogada en prejuicios.
Me tiemblan las piernas, hemos llegado a Chipre. El vuelo ha sido realmente breve.
Chipre es la tercera isla más grande después de Sicilia y Cerdeña, por supuesto ubicada en la parte oriental. Adoro esta isla en específico, ya que a diferencia de otras que visité en mi adolescencia con mis padres, esta es bastante montañosa, siendo su punto más alto el monte de Akromanda... También es muy común ver aquí hombres y mujeres británicas, cada uno de ellos pendientes del cauce de sus propias vidas, sin siquiera notar la existencia de los que llegamos.
—¿Amira, cómo te vas sintiendo?—Me pregunta Robert sacándome de mis apreciaciones cuando estamos saliendo del aeropuerto.
—Estoy bien, un poco más tranquila, respirando la frescura de este lugar. Hacía muchos años que no venía hasta acá. —Le respondo con aire despreocupado.
—¿Entonces ya habías estado antes aquí?—Me aborda Robert con gesto confundido.
—Sí, con mis padres, hace unos 9 años aproximadamente, creo. —Suelto mientras aliso mi ropa buscando la salida del aeropuerto la cual me ha parecido lejana.
—Entiendo. ¿Has viajado mucho?—Pregunta Robert con interés.
—Sí, a mi padre le gustaba viajar, y tenía los medios suficientes para hacerlo cada vez que quisiera, el problema de él es que no nos permitía bajo ningún concepto relacionarnos con los locales del país que visitáramos, de esa forma quitándole la magia que representa arribar un país nuevo, no sé si lo entiendes. —Le explico con elocuencia.
—Te comprendo a plenitud querida, nada resulta más interesante de un viaje que amenizar con sus residentes, ya que uno como turista tiende a tener puntos de vistas bastante egoístas de acuerdo a los privilegios que representa ir a un país de visita y luego volver a tu realidad, mientras que los locales cuando nos narran su experiencia de vida, uno siente que realmente visito ese determinado país. —
—Esperemos aquí un taxi, este es el aeropuerto de Larnaca, el tráfico de pasajeros siempre es fluido... Por tanto muchos taxistas merodean por aquí. —Digo con tranquilidad.
—¿Y a dónde vamos?—Pregunta Robert pareciendo inseguro por primera vez desde que lo conozco. Siento un pinchazo en las costillas al darme cuenta de lo tierno y hermoso que luce incluso con esta nueva faceta suya la cual me resulta absolutamente interesante además de hermosa.
—Mm, iremos a comer, estoy hambrienta. He tenido una terrible vivencia en Líbano, me encontraba aterrada, amenazada, tenerte junto a mí fue un jalón a no saltar hasta el abismo, y eso lo agradezco como no tienes la menor idea, por ende lo único que me gustaría hacer ahora, es ir hasta un restaurante que conozco, comer falafel y tabule hasta que me sienta satisfecha, y luego ocuparnos de buscar nuestros respectivos hoteles donde viviremos mientras decidimos lo concerniente a la boda que oficiaremos. —Le explico con indulgencia y puedo notar como su gesto se empieza a suavizar.
—Estoy feliz y agradecido con la vida de haberme permitido estar junto a ti en esa penosa situación, solo Dios sabe lo que hubiera pasado si May y yo no llegamos en ese momento justo, si ese hombre se atrevería a perseguirte... Si yo hubiese estado en Estados Unidos de América mientras tú estabas corriendo peligro, no me lo perdonaría nunca Amira. Y bien, estoy de acuerdo con que llevemos a cabo esos planes, me parece una idea genial. —Manifiesta con gesto neutral. Me parece que está pensando o procesando una información.
—Gracias por apoyarme y ponerte a mi lado. —Digo sin más.
Un taxi se planta en frente de nosotros y subimos con rapidez, más de lo normal... Ya que no tenemos ninguna maleta, fue imposible empacar algo debido a las condiciones en las que decidimos viajar... Si May estuviera aquí todo fuera más fácil, ella conoce hasta el lugar más recóndito en el que se pueda encontrar prendas de buena calidad y aptas para mí. Incluso sé que hallar algo para Robert no sería un reto para ella.
Nuestras pertenencias llegarán después.
—¿Hacia dónde se dirigen?—Nos pregunta el taxista con gesto osco, paseando la mirada de Robert a mí.
Le detallo la dirección del restaurante donde hemos acordado ir y Robert me observa hablar con los ojos completamente absortos en mí, no puedo dudar de que este hombre me ama con toda su alma y me lo demuestra en cada uno de sus respiros, podría dudar de cualquier cosa tangible o intangible que esté ahí afuera o forme parte de mi vida, pero dudar de que Robert, mi futuro esposo me ama, es inconcebible.
Llegamos al restaurante y tomamos asiento en una de las mesas que se encuentran en el fondo, no me siento preocupada, estamos viniendo hasta aquí no porque hayamos querido tener una cita a solas, sino por la simple necesidad de alimentarnos, por lo cual me confirmo que no estamos rompiendo ninguna regla.
Pedimos nuestros respectivos platos y el silencio se instala entre nosotros. Robert luce conmocionado, admirando todo lo que le rodea con avidez, algunas mujeres se le han quedado mirando y él les ha sonreído con amabilidad. Me ha incomodado un poco, creo que es un poco reprochable que me sienta de esa forma...
—Amira ni tú, ni yo poseemos ropa o los enseres de uso diario que necesitaremos durante esta semana. —Suelta Robert con aparente preocupación.
—Creo que deberíamos ir por un par de vestidos para mí y un par de pantalones y todo eso para ti... O bien podríamos hacerlo por separado, no me gustaría que me vieras comprando ropa. —Asevero contrariada, aún no es mi esposo, en mi mente se ha instalado que tengo que convencer a Robert de ir en búsqueda de la bendición de Dios a una mezquita, es la única forma de que yo me sienta absolutamente libre, a pesar de lo que May me ha recomendado, no puedo sacar de mi mente la necesidad de llevar a cabo mi deseo, solo no he encontrado el momento propicio para sacar el tema a colación.
—Sí, había pensado en ello, lo que no se me había ocurrido era que eso también tendría que ser por separado. —Profiere Robert sin evitar fruncir el ceño.
—Mm, te entiendo. —Puntualizo con incomodidad.
—Amira en cuestión de una semana serás mi esposa, ¿qué es lo que tiene de malo o inapropiado que vayamos juntos a comprar cosas de primera necesidad?, ¿por qué lo interpretas como si estuviera conduciéndote a comprar alcohol o ropa interior?—Me aborda con gesto confuso.
—Sé que en escaso tiempo seré tu esposa, y no me molesta, estoy feliz y agradecida de que sea de esa forma... —, sin embargo aún no es una realidad, y mientras no lo sea no quiero hacer cosas íntimas contigo, es una falta de respeto y tú debes entenderlo. —Espeto con tono autoritario, ya yo estoy cediendo al aceptar casarme bajo las leyes del hombre, solo estoy pidiéndole que al menos me deje a mí continuar llevando a cabo mis tradiciones y costumbres musulmanas.
Robert hace un imperceptible gesto de derrota.
—Te respeto Amira y será como tú quieras. Discúlpame si te he incomodado. —Dice Robert tomando su móvil mientras estamos sentados aún en la mesa.
—Gracias. —
—Amira, cerca del hotel que he reservado para ti se encuentran dos tiendas que estoy seguro de que se adecuarán a tus modos, yo voy a quedarme en un hotel bastante cercano al lugar, podría ir andando hasta el sitio donde vas a hospedarte si así lo requieres. —, por el momento iré por un par de cosas para mí y posiblemente para ti si quieres usarlas luego. —Expresa Robert de forma casual.
—Mm me ha parecido genial. ¿Podemos irnos ahora?—Le pregunto con normalidad.
—Sí así lo deseas, así será princesa. ¿Estás cansada?—Inquiere con acritud.
—Sí, no era consciente de lo excesivamente agotada que estoy hasta que no mencionaste lo del hospedaje y todo eso... Me quedaré en la tienda, escogeré lo esencial para subsistir mientras estemos aquí y luego iré a la habitación a rezar y sumirme en un sueño reparador, es todo lo que necesito para sentirme mejor. —
—Vale cariño, disculpa si he sido un poco tosco contigo... Solo que detesto estar separados, se convierte en un infierno para mí cada momento en el que no te tengo al alcance de mi vista, temo que pueda pasarte algo y eso me idiotiza... —Profiere Robert y puedo ver el miedo instalado en sus preciosos ojos castaños.
—No te preocupes, intento entenderte, ya que tú lo intentas en cada momento conmigo... No te angusties, yo voy a estar bien, lo prometo... Y gracias por pensar tanto en mí y en mi bienestar, lo valoro como no tienes una idea. —Le manifiesto con agradecimiento.
Me despido de él con un gesto de la mano y bajo en una boutique muy mona desde la que puedo ver el hotel que Robert ha reservado para mí, es bastante ostentoso, nunca he estado ahí.
Las dependientas del lugar apenas me identifico me atienden con rapidez, escojo tres vestidos con sus respectivos hiyabs a juego, uno en color morado capta mi atención y recuerdo el día de mi graduación... En este momento de mi vida me parece que es un día muy lejano... Al instalarse esa memoria no puedo evitar pensar en Rola, en Salam, en Noha y en todo lo que sucedió después...
Después de probarme los vestidos y enterarme de que Robert había dejado una considerable suma de dinero a mi favor para que escogiera lo que más me gustara, me dirijo hasta el hotel, no demoro nada en recepción, ya Robert había dejado todo listo, con identificarme bastó.
Ordeno las cosas que he traído y me doy un breve baño.
Al acostarme en la cama pienso en todo lo que ha sucedido, y en las palabras que Robert me ha dedicado.
Él ha afirmado que no quiere alejarse de mí, pero yo no tengo visa americana... Y él tiene un trabajo muy absorbente, ¿qué pasará cuando él tenga que irse a su país?