—¿La ves? Ella es Beatriz, una muchacha muy interesada en ti ¿Le damos permiso para que ingrese a este cuarto?—Le dijo Gloria, tía de Blitschell, a Teresa, para cerciorarse -de los propios labios de Teresa- si cedía a dejar pasar a Beatriz. La enferma divisaba la figura de Beatriz a través de unos paneles japoneses, sentía curiosidad por averiguar quién era la tal Beatriz, que había recorrido -tan grande distancia- para visitarla. —Que pase, aunque no por un tiempo muy prolongado por favor, que me hallo muy débil para dar aclaraciones o platicar. Aunque, por regla general, gusto mucho de una conversación. Cuándo la vió por vez primera, Beatriz pensó que Teresa era una santa. Aquella vez, Teresa estaba esposada, y con un pueblo encima que vociferaba su ejecución. Actualmente su rostro se

