El colegio volvió a abrir sus puertas, cuando la agitada circunstancia se calmó. Los estudiantes parecían desmemoriados, olvidando el alboroto desencadenado días atrás, durante el intento de ejecución de Teresa. Las respectivas desapariciónes de Teresa y Uriel fueron asuntos netamente de sus progenitores, al resto esto ya no les incumbía. A Beatriz la idea de regresar a clases no le agradaba ni un poco. Era de espíritu libre y se regocijaba por la libertad que tenía por no estudiar. La algarabía que ahora se producía en la institución le resultaba impropia. Después de presenciar los tratos crueles e inhumanos contra Teresa, concluyó que todos allí eran unos anormales, todos estaban contaminados y, para rematar, la generalidad de personas no admitían su maldad interna, la negaban. P

