Mientras los cuatro viajaban en el automóvil, Beatriz, en un asiento trasero encontró un papel arrugado junto a una estilográfica, estaba deseosa de escribir por los sentimientos encontrados durante su reciente aventura. El automóvil viajaba al margen del mar, y Beatriz percibía el calor y los iones negativos en el aire. Escribió: "Niño de mis sueños, querido Uriel. Hoy se cumplen dos años desde de tu desaparición. He pasado mucho tiempo en aislamiento y meditación desde tu partida al océano. Medito para encontrar a La Providencia en mí, eso hace que -a menudo- los lazos mundanos se debiliten. Querido, me propuse dejarte ir o, más bien, dejar lo que lastima, que suelen ser estos deseos individuales y egoístas, este apego, estos sentimientos mal asimilados de tu partida. Por lo ta

