Capítulo 12 Lian había guiado durante varias horas y luego de una rápida parada para estirar las piernas la reemplazó Ivo al volante. Sabían por la experiencia de la noche anterior que debían aprovechar las escasas horas de luz para avanzar en su camino pues con las sombras no era prudente manejar en el sinuoso sendero, sembrado de rocas de diferente tamaño caídas de las cimas y que obstruían el paso. La muchacha iba dormitando porque ya habían aprendido que en esa exigente tarea debían aprovechar toda oportunidad para reponer fuerzas. Estaban llegando a un recodo y una piedra de gran tamaño bajo las ruedas sacudió la camioneta despertándola. A la izquierda del camino de la ladera se abría un sendero aun más angosto descendiendo abruptamente al fondo del cañón, unos cien metros más aba

