Año 37 a.C.- Celeste Imperio Flavius Tullius se agazapó tras las rocas de la entrada del desfiladero. En las cimas de las elevaciones adivinaba la presencia de los arqueros enemigos y había también detectado en un recodo a mitad del cañón los signos de lo que sin duda era una emboscada de los temibles jinetes tibetanos seguidos de las hordas de sus infantes. El centurión regresó a las posiciones sostenidas fuera del desfiladero por su aliado, el general Chen Tang, comisionado por el representante personal del Emperador chino para darle apoyo en la misión encomendada de eliminar a los mercenarios tibetanos del territorio fronterizo del Celeste Imperio. Chen Tang lo observaba desde una cierta distancia y Tullius hizo un movimiento afirmativo con la cabeza. Los infantes chinos comenzaron

