VI - Aliados

4229 Palabras
Se casaron de nuevo por civil luego de haber firmado un segundo acuerdo matrimonial. Ambos redactaron aquel documento con muchas especificaciones para que ninguno perdiera durante lo que durase su sociedad, porque eran como una empresa, volvió a usar su nombre legal y realmente le costó despedirse de “Rose Murphy”, la mujer, su invención, que le había dado tanta fuerza y la había hecho salir al frente con todo. David la esperaba en el juzgado pero ella se tomaría su tiempo. Aquella mañana que se formalizó su unión nuevamente ella llegó unos minutos tarde. Al parecer se estaba metiendo en serio en su papel de novia. Valió la pena la espera (y tampoco había pasado más de diez minutos), lucía un vestido hermoso color crema tipo cóctel y su cabello estaba suelto con apenas una peineta a su lado derecho. Se sentía hermosa, y realmente lo valió. Hannah la acompañaba con su hijo y luego de veinte minutos, con el juez y todo su discurso, había dado el “Sí, acepto” y estaba usando de nuevo su anillo de bodas. Era extraño volver a tener esa banda de oro en su dedo anular, se sentía como un peso innecesario, pero se recordó que lo hacía por su hijo. Él la vio cuando llegó, lucía preciosa, aquel vestido era mucho mejor que el pomposo que usó en la primera boda solo para impresionar a un montón de invitados que no estaban impresionados con ella. Ahora sí que lo había impresionado a él, se veía elegante y sofisticada (Pero si comparaba, Thalía con aquel vestido de princesa también era impresionante). Era raro volver a decir que “sí” a la mujer que había dejado hacía mucho tiempo atrás sola y a su suerte, pero sabía que ella era su mejor opción en todos los aspectos. Primero, considerando en como había reaccionado delante de ella luciendo como un puberto de dieciséis y no un hombre de casi ya treinta años le hacían sentir un tanto sensato, aunque tendría que esforzarse un poco para poder saciar ese deseo. Segundo, Thalía tenía tanto desprecio cómo él por la empresa de sus padres así que sería la principal interesada en ayudarle a joderla. Y como último, Cameron. Ella era la madre de su hijo y si bien nunca es buena idea estar con alguien solo por un hijo, estar cerca de su niño suponía estar cerca de Thalía. Y no le suponía ningún sacrificio estar cerca de ella. Luego de aquella ceremonia se fueron de regreso a la casa de David, Thalía decidió conservar su apartamento y Hannah podría usarlo. Quería conservar algo de independencia, un lugar a dónde volver si tenía que salir corriendo de esta vida que estaba llevando. David tenía una habitación para ella y otra para Cameron, lo había mandado a arreglar todo con su llegada, y a pesar de que todo estaba como a ella le gustaba se sentía tan a gusto como habría esperado. Se sentó sobre la cama y se sacó sus tacones antes de recostarse y relajarse. Mientras estaba ahí mirando su mano con el anillo dorado alguien abrió la puerta. Volteó a ver quien era y se encontró con David justo en el umbral. —Lo hicimos. ¿Estás bien con esto? Quisiera dormir en mi casa al menos una vez a la semana si es posible. -Dijo ella sentándose en la cama. —Esto es rarísimo para mí. —Pensé que sería bueno que habláramos. Hannah se llevó a Cameron por un helado. Tenemos un momento. Thalía no sabía de qué podría querer hablar David, pensaba ser una aliada bastante callada y dejarle hacer lo que quisiera con el fin de poder usar lo que él hiciera para alejarse tanto como podía. —¿Qué cosa me quieres decir? ¿Hay algo que deba saber? —Yo creo que todo. Ahora trabajamos como aliados, es una alianza, no sólo un matrimonio. Debo decirte todo lo que sé y por qué quiero j***r a la empresa de nuestros padres, y sacar a Cameron de ese lugar como sea que pueda hacerlo. Thalía estaba de acuerdo con eso, pero también estaba muy cansada, y quería un minuto de diversión, después de todo, se había “casado”, a lo mejor podrían dejarlo todo para el día siguiente. —David ¿Quieres almorzar? Pidamos filetes, una botella de vino tinto, nos sentamos a la mesa, comemos y hablamos. Yo estoy algo atareada con todo lo que pasó esta semana, quiero un minuto de descanso ¿Te parece? Él asintió y ella se levantó de la cama con los pies descalzos. David salió con ella a la cocina y la vio subirse al mesón y sacar su celular para hacer un pedido. —¿Y si cocino para ti? Creo que te gustaría más. —¿Con ese traje que llevas puesto vas a cocinar? -Ella comenzó a reír y vio cómo de inmediato él se quitaba la corbata, la chaqueta y el chaleco quedando en una fantástica camisa de botones. Hubo algo sensual en verlo arremangarse la tela hasta sus codos y tragó saliva. —¿Sabes cocinar? —Sí, hay mucho de mí que tú no sabes, así como hay mucho de ti que yo no conozco, pero ya que somos socios en esta travesía, deberíamos saberlo. ¿No lo crees? -Ella quiso convencerse de eso pero la forma en la que lo dijo, con aquel toque seductor en su voz la hizo temblar y querer huir como un animalillo en el bosque que está bajo el ojo del cazador. Lo vio moverse por la cocina sacando los ingredientes para los filetes que ella quería. —¿Tienes algún vino favorito? Pareces ser una mujer que tiene un sabor de vino favorito. —Si embriaga está bien para mí. —¿Cómo el vino barato californiano? -Los dos se echaron a reír mientras Thalía lo veía picando algunas verduras. —Vamos Thalía ¿Me harás adivinar? Había algo masculino en verle flexionarse y cocinar, poner el horno, la salsa y las verduras. —Sí, supongo que sí. Es mejor que adivines. -Dijo ella con una sonrisa mientras movía los pies por el borde del mesón. —¿Cómo adivinarás cuál es mi vino favorito? —Supongo que necesitaré pistas. -Se sintió expuesta al ver cómo la miraba. —¿Te gusta el aroma frutal? —Sí. Sí me gusta, pero eso es general, la mayoría de los vinos tintos son frutales. Así que eso no te reduce las opciones, David. Ya no te diré más ningún otro tipo de pista. -Dijo con decisión. —Eres sensual, te gusta el aroma frutal y hay algo… Rubí medio, ese es tu labial que llevas ahora ¿No? Eso me lleva a pensar en “Pinot Noir”. Un vino fresco, agradable y con un perfil sutil y vivaz. Fino y elegante. Cómo tú. -Thalía abrió los ojos de forma exagerada y tragó saliva. Su risita pasó a la seriedad. David no solo había adivinado cuál era su vino favorito sino que la había descrito a ella. —A veces, como personas, nuestra bebida favorita refleja mucho de nosotros, eso he averiguado. Inténtalo. ¿O no te atreves? -Lo vio sacar la botella de vino, su vino, y servir dos copas ofreciéndole una a ella. Le dio un trago suave y lo miró. —Sé que quieres intentar adivinar. —Aunque quisiera, David, no conozco nada de ti. Apenas tu color favorito, pero ya. Nunca te conocí, nunca supe nada más allá de tu nombre. Por arrogancia diría que no te gusta el vino tinto, así que apostaría por el blanco. Chardonnay. -No estaba segura, dio un trago a su copa y la dejó a un lado viendo como él la miraba. —Puedes decirme si no adiviné. —¿Y sí te digo que sí? -Dijo con una sonrisa mientras daba un sorbo a su copa. —Me gusta mucho ese vino. Es mi favorito, es un tanto más fuerte que el Sauvignon blanc. ¿Segura no me conoces? Yo creo que sí sabes al menos algo de mí. Puede que no tanto pero sí algo. Después de todo eres una de las pocas personas que me conoce desde hace años. —Solo de nombre. -Los dos se quedaron en silencio. Solo se miraban. David no quiso presionar más, así que solo volteó a seguir cocinando mientras Thalía lo veía. —¿Por qué eras tan cerrado de niño? Y después, y siempre. No recuerdo siquiera que hayas tenido un mejor amigo. —Supongo que era porque siempre me topaba con personas que buscaban algún tipo de beneficio de mi parte. Tú y yo tenemos eso en común. Estos apellidos con los que cargamos, lo que poseemos, todos nos usan, todos nos quieren por algún tipo de interés. -Había algo triste en la declaración de David, era un solitario porque no confiaba en nadie. Ella era todo lo contrario, le daba su confianza a la gente muy rápido y luego, cuando les traicionaban, los eliminaba para siempre de su vida, pero siempre esperaba encontrar a un amigo real, Hannah había sido un buen ejemplo de eso. —¿Qué hay de ti? —Hannah es mi mejor amiga. Me quiere por quién soy y no por lo que tengo, y lo supe cuando no teníamos nada y ella permaneció ahí ayudándome a cuidar a Cameron y a mí misma. Haría lo que fuera por Hannah. La adoro. Por eso le pago excesivamente. Tuvo envidia de que ella si tuviera a alguien con quien compartir las penas y él a nadie, le dolía que no hubiera nadie así en su vida. Tenía aliados pero ningún amigo. Eso estaba triste. Pero tenía ahora a Thalía, en cierta forma. Aunque no eran amigos, nunca habían sido amigos y por todo lo que habían vivido, era muy posible que nunca fueran amigos. Se refugiaba en el hecho de que ahora era su aliada. Sacó los platos y sirvió la comida, puso los cubiertos como si fuera un restaurante y sirvió el vino en las copas. —Está listo. ¿Tienes hambre? Ella asintió y se bajó del mesón para ir con él a la mesita. Descubrió algo en ese momento, que David tenía un enorme talento para la cocina. —¿Alguna vez quisiste dedicarte a algo diferente a lo que llevas ahora? —Alguna vez lo hice. Pero no valía la pena vivir de sueños cuando habían planeado toda mi vida por mí. Quise cumplir con mis deberes. -Probó su comida y la miró a ella. —Me cargué de esas cosas y al final colapsé, pero ya no sé vivir de otra forma que no sea cumpliendo el deber. —Y eres infeliz. Es algo tonto que no hagas ahora lo que te dé una alegría al menos. Eres libre para seguir tu corazón. “Yo no sé seguir mi corazón”. —El corazón a veces te engaña, Thalía. -Dijo y todo el resto del almuerzo resultó en silencio. Cada uno se fue de regreso a su habitación al terminar y se quedaron recostados pensando mucho más en las cosas que estaban por hacer. La semana pasó en calma y en una agradable rutina, pero el lunes todo volvió a lo que consideraban “normalidad”. Thalía y David fueron a trabajar aunque quedaron de verse al mediodía para almorzar. Ahí fue que le contó todo su plan. —Quiero desmantelar la empresa de nuestros padres. He estado viendo como se han malversado fondos, y eso es ilegal, dejan mal nuestro nombre. Necesitarían de nuestro hijo para acceder al dinero apartado para él, separado de todos los bienes de los Martins por mi abuelo y que está en un fideicomiso resguardado, al menos cuarenta por ciento de toda la fortuna Martins. —Entonces quieres desmantelar la empresa y luego ¿Qué pasará con ese dinero? -Dijo ella moviendo un brócoli de su plato de un lado a otro mientras almorzaban. —Cameron no lo necesita, está bien con todo lo que le damos tú y yo. Puedes usar el dinero como inversión para tu negocio. —Pensaba más en dejarlo para el futuro, pagar la universidad, por si llegamos a faltar. Todo puede pasar y quisiera que esté bien asegurado, claro que es vital que aprenda a valerse por sí mismo, pero es bueno que tenga algo que le pertenezca. -Thalía asintió y dejó el plato a un lado, ya no tenía más hambre. Quería haber sentido esa clase de entrega hacía tiempo atrás, pero no como esposa, sino como hija, sus padres nunca se habían preocupado así por ella. Había jurado cuando tuvo a Cameron en brazos que él no viviría el dolor de saber si era amado o no. Dio un suspiro y bebió de su copa de vino blanco y arrugó un poco la nariz. —¿Te encuentras bien? —Debo volver a trabajar. Si lo necesitas saber, yo congelé mis acciones, así que no se ha movido mi dinero de la empresa, si lo necesitas para lograr tu cometido, lo tienes. -Dijo mientras recogía sus cosas y lo miraba. —Nos vemos esta noche en la casa. Pero ella no fue a trabajar, decidió ir a buscar a su hijo a la guardería y pasar la tarde juntos. *** David podía reconocer el miedo, y Thalía tenía miedo de pasar más del tiempo necesario en su presencia. Desde el día de la boda con pequeños detalles se andaba colando tras su sonrisa, una palabra amable y algo de cariño. Podía ver cómo huía igual a un cervatillo cuando se enfrentaba a un cazador, y le parecía adorable. No quería hacerle daño pero sí que adoraba pasar tiempo en su presencia. Fue a trabajar siendo parte de la competencia de la fábrica de sus padres y sus suegros, y a la tarde, solo se fue en su auto hasta su casa. Ansiaba volver a ver a Thalía. Al entrar le sorprendió ver que ella no estaba y cuando preguntó, le dijeron que la señora Martins, su esposa, ni siquiera había llegado. —Vino con el niño a las dos de la tarde y luego se fue otra vez, señor. -Dijo el mayordomo mirando a su señor. —¿A qué se refiere con qué no está? -Había pasado una semana desde que por lo menos por matrimonio civil, Thalía y Cameron se habían instalado en el Pent-house. Thalía tuvo que explicarle al niño y él parecía no tener objeción. Aquella noche al llegar David le dijeron que su mujer y el niño no estaban en el apartamento. —¿Dijo a dónde iría? Es imperativo saber dónde está mi esposa y mi hijo. -No se había llevado a ninguno de los guardias y eso lo tenía aún más preocupado. —Saben bien que no pueden dejarla sola en ningún momento por si le pasa algo. David volvía a preguntar por Thalía pero el mayordomo le volvía a dar la misma respuesta. Vio el reloj y solo eran las ocho de la noche. —La señora Martins salió en la tarde en uno de los carros. El niño y la asistente la acompañaban. Dijo que volverían antes de las nueve de la noche. —¿Dijo a dónde irían? -¿En qué estaba pensando Thalía al irse así? Sus cosas seguían ahí así que era seguro que solo había pasado un rato por su vieja casa a relajarse un poco. Ahora el miedo lo sentía él porque si todo lo que sabía era verdad, sus padres y sus suegros ya estaban en Nueva York para convencerles cada uno a su manera de que les dejaran a Cameron para que fuera el heredero de todo. —No señor. No lo hizo. Pero aseguró que volvería para la cena y que no se preocupara en lo absoluto por ella. Eso fue expresamente lo que dijo antes de salir con el niño. -Se preocupaba, pero si Thalía quería sentir que tenía el control de algo, la dejaría sentirlo. Miró a su mayordomo y suspiró. —Deseo un baño. Preparenlo. –Y su mayordomo salió a cumplir los deseos de su señor. David comenzó a preguntarse a dónde podía ir Thalía tan tarde y porque no llegaba, de haber sido su vieja casa le habría dicho. En menos de quince minutos ya todo estaba preparado y fue a sacarse todo el sudor y el sucio del largo día de trabajo que ya comenzaba a molestarle. Esperó a que la comida estuviera lista y esperó en el comedor hasta que la vio llegar. Iba con el niño cargado y detrás de ella, Hannah, quien cargaba algunas cuantas bolsas. —¿Dónde estabas? Llevo esperándote toda la tarde, Thalía. Ya es muy tarde para que Cameron esté fuera, necesita comer. Thalía negó y luego sonrió un poco. —Cálmate, no es para tanto, nos fuimos de compras, Cameron necesitaba ropa nueva, solo fui por eso. —¿Y es por eso que lo sacaste a media tarde de la guardería? ¿Para llevarlo de compras? -Thalía soltó una risita y luego miró a su asistente. —Hubieras avisado al menos, creí que algo te había pasado. —Hannah ¿Me dejas a solas con mi esposo un segundo? -la asistente de Thalía asintió y la vio irse, cuando Thalía volteó a ver a David dio una de sus mejores sonrisas sarcásticas que lo hicieron rabiar. —Estaba comprando algunas cosas para Cameron. Ahora lo voy a acostar, como ves, está dormido. Y sé que necesita cenar ¿Crees que me saltaría el horario de comidas de mi propio hijo? Sé serio, David. -Y dejándolo solo fue al cuarto del niño y lo acomodó para acostarlo a dormir. Le acarició una de sus mejillas y tras cobijar al niño y darle un beso salió a ver a su esposo quien seguía esperándola en la mesa del comedor sin decir una sola palabra y menos tocar su cena. —Nos retrasamos por un embotellamiento. Había tráfico, David, son cosas que no controlo. —Claro, ¿Y no pudiste avisar? Tienes un celular, pudiste llamarme y decirme. -La miró con seriedad y ella supo que estaba recordando exactamente una semana antes y como le había dicho que quería saber todo el tiempo dónde estaba. —Y si dices que no tienes batería, Hannah y tu chófer tienen teléfono y pudieron haberme llamado. -Él no quería admitirlo, solo tenía miedo de que lo abandonara y era algo constante que saltaba en su cerebro. Thalía dio un paso al frente con los brazos cruzados y dio un suspiro. —Es hora de que cenemos. -Para ser honesto consigo le pareció fantástico verla llegar, celestial incluso, aquella mujer era preciosa y muy elegante. Iba con el cabello recogido en un rodete, un precioso vestido rosa entallado a su figura y tacones de aguja que la hacían lucir esbelta. —David, lo olvidé. Y deberías tener en cuenta mi palabra. Yo te dejé claro que no iba a fugarme con Cameron, si vamos a trabajar juntos tienes que confiar en mí, yo confié en ti y accedí a tu loco plan de volver a llamarme Thalía Martins y estoy viviendo en tu casa ¿Qué más quieres de mí? Estoy intentando llevar esto siempre en paz pero no puedes controlar todo de mi vida, no es sano, David y es obsesivo incluso para ti. ¿Por qué querrías saber siempre dónde estoy? ¿Qué ganas con eso? "Simplemente saber. Me asustaste mucho cuando desapareciste." —Bien, siempre que vuelvas, todo está bien. Ahora sentada, hay que comer. —¿Qué dije sobre controlar mi vida? -A pesar de haber vuelto no era la misma de antes, tenía mucha más fortaleza y lo tenía impresionado. Ella lo miró y terminó por sentarse a la mesa y como por arte de magia, una sirvienta se apersonó a su lado y dejó su plato servido. Salmón con finas hierbas, salsa y puré de patatas. —Quisiera macarrones con queso, algo más simple. —¿Rechazas comida que parece de restaurante para tener macarrones? -Thalía asintió y David miró a la sirvienta. —Llévense todo, y ordenen macarrones. —Tengo una mejor idea. ¿Por qué no cocinas tú? —Porque estoy cansado. Solo quiero algo de relajación, me duelen los hombros. -Thalía sonrió y se levantó. —¿Qué vas a hacer? —Pues yo también sé cocinar. -Dijo yendo a la cocina y él se levantó para seguirla. La vio poner todo para hacer los macarrones. Se había sacado los tacones y caminaba descalza por el recinto mientras cantaba una canción de “Café Tacvba”. —Lo que más quiero en este mundo eso eres… Tarareaba y se movía con gracia por la cocina y él solo la miraba. —No sabía que te gustara “Café Tacvba”. No pareces de ese gusto. —Bueno, tú lo dijiste, hay mucho de mí que no sabes así como hay mucho de tí que yo no sé. -Sonrió y se puso a rayar el queso para aquel platillo. —Aprendí algunos platos cuando viví sola con Hannah, nos turnamos en la cocina, luego una vecina que teníamos, latina, nos enseñó otras cosas. Aunque Hannah y yo hablamos inglés nos sentíamos felices de tener otra hispanohablante con quien compartir algunas ideas. Hacía una paella deliciosa, tenía raíces en Venezuela y también en Tenerife, una de las islas Canarias. —Pareces haberte divertido entonces. —Ella fue la que me dijo que Cameron era un niño antes de que el médico me lo confirmara. Se llamaba Carmen y su nombre me inspiró, por eso Cameron… Es lo más parecido que encontré. —¿Llamaba? -Thalía dio un largo suspiro triste y David comprendió que su esposa había tenido una amiga y la había perdido. —Lo lamento mucho. —Así es la vida, David. Da y quita sin que nos demos cuenta. Estoy bien con eso, la extraño mucho, eso sí, fue como la madre que hubiera querido tener. Te habría agradado. No tenía dudas de ello. Su esposa tenía la capacidad de ver el lado bueno de las personas, o al menos darle la oportunidad de que demuestren cuán buenos pueden llegar a ser. Era mejor quedarse en silencio y disfrutar el espectáculo que ella le estaba dando mientras canturreaba y cocinaba. Aquellos minutos parecieron segundos porque lo hacía todo con demasiada soltura y se movía como si hubiera vivido por años en aquella casa. Sabía dónde estaba todo, cada una de las cosas que necesitaba. Descalza. ¡Que peligro que Thalía siempre estuviera descalza! Sus pies se veían muy bonitos con las uñas pintadas de blanco. Era mejor concentrarse en otra cosa y no perderse por lo bonita que se veía su piel y sus piernas. —¿Qué clase de vino va con unos macarrones con queso? -Preguntó para desviar sus pensamientos a otro lugar. —No lo sé, pero creo que un jugo de piña sería mejor, algo más ligero que el vino. No podemos estar bebiendo todas las noches. Creo que sería bueno que pongamos un horario en esta casa, hagamos un menú y nos acoplemos a una mejor rutina. ¿Tú no lo piensas? -Asintió y la dejó servir la comida sentándose al lado de él en el mesón. —Vamos, prueba. Lo hizo y le sorprendió que ella supiera al menos hacer algo en la cocina. Los Delmonte se hubieran muerto de pena de saber que su hija sabía cocinar, algo parecido a sus padres si se enteraran de su mismo gusto por la cocina. —Si no le dices a nadie que soy bueno cocinando yo no le diré a nadie lo mismo. -Thalía comenzó a reír y comió un poco. —¿Qué? —Creo que debería decirlo entonces, creo que sería bueno que se sepa que soy más que una cara bonita y una fashionista. Tengo más talentos, David. Muchos más talentos. -Se quedaron mirando unos segundos y luego apartaron las miradas para terminar de cenar. Algo más grande que ellos mismos los estaba haciendo aliados en otra cosa, algo más profundo que una empresa o un acuerdo. Había algo en el silencio y escondido en sus ojos. Thalía quiso apartar eso de su mente porque se sentía como amor y no quería volver a sentir amor por David, nunca más. Puede que le diera algo de confianza para vivir con él pero no la tenía lo suficiente y estaba segura de que no la tendría jamás como para dejarle entrar en su corazón una segunda vez. Le había costado mucho recuperar su corazón y su mente, y no quería sufrir una segunda vez. —Bueno, cocinas bien. ¿Qué otro talento oculto tienes? —Será mejor que vayamos a dormir, mañana hay que trabajar y ponernos a ejecutar tus planes. Mientras más pronto terminemos con eso, podremos volver cada uno a su respectiva vida. -Ella terminó de comer y luego de lavar los platos de ambos se fue rápido a su habitación. David se dio cuenta que ella de nuevo huía de él. Sintió la chispa, no pudo no haberla sentido.
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