4. Ajuste de cuentas

1555 Palabras
Las tres niñas Ferrer no la estaban pasando nada bien. Y es que tras la muerte de su padre ni siquiera se les había permitido guardar luto. —Mi esposo acaba de morir. -dijo Tatiana mientras el abogado y su hijo estaban dando los detalles del testamento. —Dicen que tienen un año para contraer matrimonio pero estamos de luto. Y las niñas aún son menores. La más pequeña apenas tiene dieciocho. —Tendrán que hacer una excepción. Las señoritas deben casarse si quieren tener su herencia y no pueden hacerlo fuera de la sociedad. -Los Van Alden eran abogados americanos que se habían desempeñado como exclusivos de la familia Ferrer y protegían los intereses de la misma. Las tres señoritas estaban sentadas en el sofá con sus vestidos marrones y negros por la muerte de su padre y estaban tristes por ello. No querían tener que fingir una sonrisa para agradarles a todos y atrapar un marido. —¿Alguna pregunta? —Más bien una petición. -contestó TatianaFerrer. —Es evidente que el cambio de situación en mi familia será de escrutinio público, así que quiero cuidados para mis niñas para que ningún hombre quiera comprometerlas. Es obvio que muchos van a intentarlo para hacerse con la fortuna Ferrer, por lo que primero, pido que tengan vigilancia extra, y yo también. Además que para que puedan casarse, ustedes deberán dar su aprobación. —Podemos hacer eso, Señora Ferrer. -contestó Ferdinand Van Alden. —Yo debo atender asuntos de su difunto esposo en Nueva York, viajaré a América para saber a cuánto ascenderían sus ingresos en América para añadirla a la herencia de las señoritas, mientras tanto, mi hijo, Stuart, estará aquí con ustedes, también es un buen abogado y se hará cargo de todos los documentos que usted requiera. —Es bueno saber que estamos bien cuidadas, señor Van Alden. Supongo que para reflejar nuestro estado de luto aún no podremos usar colores brillantes. Niñas, tendremos que ir a la modista. Y eso les supuso una inmensa alegría a las tres pues odiaban los colores amarillos luego de recibir tantas burlas. Siendo de piel cálida, les iban bien los colores violeta, azules y grises plateados les venían a la perfección. Los primeros meses de su luto, aún estando en la ciudad se sentían bien al no ser tan el centro de atención con sus vestidos brillantes. Era como un soplo de aire fresco. Sin embargo, nadie se atrevía a ir más allá con ninguna porque nadie sabía de la herencia. Se dejó el diario al escuchar a su madre llamar, iban a ir a un té con la familia Finch ya que Tamara, incluso después de haber renunciado a la herencia máxima, Albion, su novio, le había pedido matrimonio. —Debes arreglarte ya, Thalía . -dijo su madre al verla. —Vamos tarde para nuestro almuerzo con los Finch. —Pudiste ser tú, Tammy. -dijo Thalía con una sonrisa. —Que rápido se propuso Albion. —Al menos así estoy segura de que me quiere a mi por mi y no por el dinero. Aunque sigue siendo un secreto para la mayoría. —Sí. -dijo Tania. —Creo que ahora queda entre Thalía y yo. Y seguro que yo seré la dueña de todo. —No quiero discusiones. -señaló Tatiana. —Thalía, ve a cambiarte y no dejes tus cosas regadas en el salón, siempre dejas ahí tus diarios. -Asintió, y cuando fue a recoger sus plumas vio a Stuart, el hijo del señor Van Alden estaba leyendo su diario. —¿Qué haces? -Sin embargo él estaba riéndose. —Oye ¡Eso es privado! —Lo siento. -dijo alzando las manos. —Señorita Thalía, mil disculpas. -Thalía se acercó rápido y le quitó el diario y lo cerró de golpe. —¿Quién es David ? —No es nadie. —Ah, claro. Pero "nadie" podría ayudarla a tener la herencia de su padre. —No creo. No está en la ciudad, no lo he visto. -dijo algo roja. —No le diga a nadie lo que leyó, ¿Sí? —Me pareció muy acertado. Yo leería esos comentarios si estuvieran publicados en las revistas de chismes. Son aburridas en su mayoría pero ver los pensamientos de la autora sería un soplo de aire fresco. Thalía alzó una ceja. Siempre había querido ser escritora pero con los cambios que había tenido su vida en los últimos meses se imaginaba que eso no sería posible. —No podría publicar eso, es muy personal. Y no soy escritora. —Solo hazlo más anónimo. Podrías tener un nombre falso y la gente se volvería loca. Y tendrías dinero. —Ya tengo dinero. —Más dinero. -señaló. —En fin, solo es una idea, no me haga caso, señorita. —Sí. Bueno, mil disculpas, señor Van Alden, no fue mi intención reaccionar tan mal. Además fue mi culpa por dejar mi diario en un lugar público. -dijo dando una reverencia para irse. —Stuart. “Señor” suena muy viejo ¿No? -Se detuvo y se volteó a ver a aquel caballero que la trataba con respeto. Eso sí era extraño. Lo miró con curiosidad y él sonrió. —Puede decirme Stuart, señor Van Alden me hace sentir anciano. Thalía sonrió y se sonrojó un poco. —Thalía entonces. Nada de señorita. —Si algún día te decides a publicar, contáctame. Conozco a unas buenas imprentas y editoriales. —No creo hacerlo nunca. Me retiro, mil disculpas. -y se fue a su habitación en donde se cambió de ropa y tras peinarse, salió con sus hermanas para su reunión. Estaba feliz por su hermana mayor, pero Tania no lo parecía tanto. A la noche tenían otra cena y su némesis comenzaba a molestarla. —¿Has encontrado otros colores para usar, Thalía ? -Su vestido era de un blanco champagne con bordados dorados y temía que Cressida se lo arruinara así que se alejó pero la rubia solo la detuvo del brazo. —Estamos hablando, ¿Por qué no te quedas? Iba a decir algo pero Cressida la intimidaba demasiado, no le gustaba. —Solo suéltame. —¿Es cierto que tu hermana se casa? Así escuché. -Thalía asintió y Cressida sonrió. —Vaya, así que las feas entonces si atrapan maridos. ¿Tú cómo harás? ¿O qué hizo tu hermana? ¿Acaso la encontraron en algo comprometido? Así es como las feas consiguen un esposo ¿Cierto? —Mi hermana no hizo nada. No hagas sugerencias indecentes. —¿Cuándo llega el nuevo presidente de Ferrer? Tu madre es viuda, y tú una huérfana sin un padre que pueda concretar un matrimonio para ti. Serás una solterona, Thalía ¿No te preocupa? ¿Cómo se casará tu hermana? ¿O a los Finch no les importa que ustedes tres sean pobres además de...? Y no pudo soportarlo más. —¡No vuelvas a hablar de Tamara! -dijo casi gritando y roja. —Mis hermanas y yo tenemos más dinero que cualquiera, incluso que tú. Yo me casaré primero que tú y vas a tener que arrepentirte de todas tus palabras. Aunque eso no importa, el matrimonio no es del todo importante, pero si lo fuera, yo ganaría esta carrera entre familias ricas. Las personas se quedaron viendo a las dos señoritas y Cressida soltó a Thalía . —Ja. Eso quiero verlo. Todos sabemos lo que eres, Thalía, una de las chicas más feas entre todas las familias con dinero y ya. No es sano ser tan gorda, ningún caballero te vería con otros ojos que no sean de lástima, y ¿Quieres apostar? Me casaré, y tú seguirás justo donde estás. Nadie sabía de la herencia, pero a lo mejor era que se enteraran. ¿No? Si quería aumentar sus posibilidades y las de Tania, sería mejor que las personas se enteraran. Eso sí que haría que Cressida se tragara sus palabras. No quería regar el chisme por su propia boca y a su madre no le haría ninguna gracia. "Podrías publicarlo..." —Es una mala idea. -dijo en voz baja mordiéndose el labio, su madre al ver el escándalo la trajo de regreso con ella y sus hermanas y la miró. —¿Eso qué fue? —Cressida me estaba molestando. —Sabes que no quiero que se enteren de lo que está pasando en esta familia. Si alguien sabe de la herencia de tu padre entonces... —Mamá, tal vez lo mejor sea que sepan. No quiero que Cressida vuelva a molestarnos. -dijo aún enojada Thalía . —Ya estoy cansada de ella. Sugirió que Tamara fue encontrada en cosas indecentes con el señor Finch y no puedo permitir que hable así de mi hermana. —No actúes impulsivamente, Thalía. Quiero protegerlas de todo este desorden, y podrían caer en las manos equivocadas si saben que con ustedes sigue el apellido Ferrer y la empresa. No quiero que se mencione y no quiero que lo sepan. Si vamos a concretar matrimonios buenos para ustedes yo manejaré esta situación. Pero Thalía tenía algo dentro de sí que le gritaba que ella debía hacerse cargo de todo, esperaría unos días, comenzaría a circular el rumor de esa noche y cuando pudiera, saldría a la luz toda la verdad. Se haría cargo y ajustaría cuentas.
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