EL RELOJ

1035 Palabras
En esta vida que he decidido llevar, cada detalle es importante, debo aprender a leer la mente por más absurdo que parezca; debo estar muy atento a todas las posibilidades, cada situación en particular podría significar mil cosas distintas, fue exactamente lo que me sucedió en este momento cuando ella me pregunto mi nombre, tantas dudas ¿Qué nombre debo decir? ¿Debo inventar algo nuevo? Me quedé callado por un segundo, no sabía cuál de mis nombres falsos quería usar, pero terminé usando aquel que había usado en los últimos meses y respondí -Camilo. -¿Qué haces aquí a esta hora Camilo? – Me dijo. -¿Qué haces tú aquí? – Respondí. -Espero a que se haga de día para sentirme más segura en la calle. -¿Qué hacías en esta calle y sola? -Mi Uber, se varó y no encontré otro lugar. -¿A qué te dedicas?- -Soy estudiante de Derecho y ¿y tú? -Administro una casa de apuestas. -¿Eso es legal? -Depende. -¿De qué? -De quién lo haga, mientras algunos diputados apuesten, es cien por ciento legal. -Eres un corrupto. -Depende. -Eso quiere decir que sí. Mariana era hermosa, difícil de enredar, pero mientras discutíamos la legalidad de mi ficticio trabajo como corredor de apuestas, algo que me inquietaba significativamente en ella era su reloj, ubicado en su muñeca derecha, necesitaba saber si era de oro así que la invite a bailar solo para generar un tacto orgánico con el reloj, pero nunca me lo permitió. Los relojes tienen algo tan llamativo y es que en estos tiempos, ya poco se usan para su función original, dejó de ser un instrumento para ver el tiempo y pasó a convertirse en un símbolo de estatus, mas allá de su funcionalidad, un reloj habla sobre tu estatus y tu posición en la sociedad, es un accesorio que habla más sobre ti que sobre sí mismo. Era de ese tipo de mujeres cuyos labios no temblaban a la hora de soltar un no, pero sabía que había una propuesta a lo que no se negaría, es más, se notaba en su mirada que esperaba esa proposición, pero no era el momento, primero quería saber si aquel reloj era de oro; hice un movimiento brusco para derramar su bebida sobre su ropa y en ese momento agarre de la muñeca mientras le decía. -Lo siento. Y en efecto, era de oro, me ofrecí a llevarla a su casa, se negó, pero pude interpretar sus gestos, quería que yo insistiera, entonces insistí y en el tercer intento acepto, lo robado en la casa de Enny estaba en el baúl, no tenía nada de qué preocuparme y me sentía con suerte, otra niña rica que no sabe cuidarse sola. Subimos al carro y luego de algunos minutos con una charla entretenida hubo un silencio incomodo, se me quedó mirando como si me acusara, esa mirada juzgadora que emiten las mujeres cuando tienen algo que decirte pero no quieren decirlo, pero ella no me conocía, por lo tanto dicha mirada era solo producto de mi interpretación errada, me sentía juzgado por lo de Enny, había pasado un poco más de una hora; dicho silencio decidí romperlo preguntando: -¿De dónde es tu acento? -¿Quiere adivinar? -¿Eres de algún pueblo de Antioquia? -¿Sueno como alguien de pueblo? -¿Y cómo podría distinguirlo? -Saliendo más del Valle del Aburra. -Entonces eres de Andes o Tarazá- -No, Soy de Santa rosa de Osos ¿te puedo preguntar algo? -Claro que si. -¿Eres un asesino en serie? -¿Qué clase de pregunta es esa? -Estabas en un bar en la madrugada, con un fajo de billetes y te ofreces a llevar a una desconocida que claramente no tiene intenciones sexuales contigo, eso haría un asesino en serie. -¿No tienes intenciones sexuales? -Es lo único que te importó, típico de un asesino en serie. -¿Qué haces tú en este carro si yo puedo ser un asesino en serie? ¿Solo lo contemplas cuando estoy cerca de llegar a tu casa? -Lo contemplé desde el primer segundo que te vi. -No tienes miedo. -No. -¿Por qué? -Estoy ebria, no me da la mente para tener miedo. Y era cierto, no tenía miedo de mí, estaba más preocupada por el tiempo, no dejaba de mirar su reloj y yo tampoco, no podía determinar un precio fijo pero estaba seguro de que superaba el millón; el gesto repetitivo de mirar la hora me hacía sentir que tenía horario de llegada, quizás vivía con sus padres pero no quise preguntarlo. Al fin llegamos al municipio de la Estrella, vivía en un conjunto residencial, le pedí su número y ella me lo dio, no estaba seguro de si quería hablar conmigo o solo estaba lo suficientemente desinhibida como para que le importara muy poco darle sus datos a un desconocido, tan ebria estaba que no noto que anote su número en una libreta, la ausencia de un celular no la asombro, relativamente desconocido; pero ya era el momento de dormir había sido una larga noche entonces solo me fui a mi casa. Mi apto está ubicado cerca del estadio, 3 habitaciones, mi cuarto, el de invitados y un cuarto donde tengo todo aquello que he robado y no he pedido vender, llegué a casi a las 6 y 47AM, el reloj de pared que tenía en mi sala marcaba esa hora, ni siquiera me cambie de ropa solo me tumbe en la cama para despertar 6 horas después. En esta vida que llevo, dormir ha pasado a ser una necesidad secundaria; paso noches largas haciendo lo que hago y paso dias enteros tratando de descansar; puedo pasar una noche despierto sin ningún problemas, sin un trabajo estable, me refiero a uno que te exija ir a una oficina, horarios y un maldito jefe, sin preocupaciones de estudios, sin alguna pareja a quien rendir cuentas; la noche me pertenece; quién diría que conocería a una mujer que me quitaría estas ganas de vivir la noche; que me quitaría las ganas de buscar mas allá.
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