Reunión inesperada

1241 Palabras
El martes amaneció con un aire frío y húmedo que me recordaba que nada volvería a ser igual. El recuerdo de la mirada del CEO la noche anterior seguía latiendo en mi mente, y la idea de tener que verlo de nuevo me ponía los nervios al límite. Entré en la oficina, intentando actuar como si todo fuera normal, aunque cada paso me acercaba a su dominio invisible. No importaba cuánto intentara concentrarme en los informes o en los correos pendientes; su presencia se sentía incluso antes de que entrara en la sala de juntas. Al llegar a mi escritorio, noté una tarjeta sobre él: “Reunión urgente a las 11:00. Oficina del CEO.” Mi corazón dio un salto. No había agenda previa, nada que indicara el tema, solo su nombre escrito con esa calma intimidante que parecía envolver cada palabra. A las 11:00, entré a su oficina. Él estaba de pie, frente a un ventanal que daba a la ciudad, con los brazos cruzados. La luz de la mañana iluminaba parcialmente su rostro, acentuando su mandíbula marcada y sus ojos penetrantes. Era imposible no sentirse pequeña frente a su porte imponente. —Toma asiento —dijo sin girarse. Su voz era tranquila, pero cada palabra tenía un peso que parecía obligarme a obedecer. Me senté, intentando controlar la respiración. Sabía que cualquier error, cualquier gesto fuera de lugar, sería notado y… juzgado. Pero había algo más que me mantenía en vilo: la sensación de que esta reunión no era solo de trabajo. —Necesito que manejes esto —dijo finalmente, girándose hacia mí—. Es delicado y requiere discreción absoluta. Asentí, intentando parecer confiada, aunque el corazón me latía con fuerza. No entendía por completo de qué se trataba, pero la seriedad en su mirada me hacía comprender que era algo importante. Mientras escuchaba las instrucciones, noté cómo cada palabra estaba medida, cómo su cercanía y mirada hacían que mi mente divagara entre miedo y algo que ni siquiera quería nombrar. Cuando terminó, me levanté para salir, pero se detuvo y dijo: —No olvides… nada escapa a mi atención. Una advertencia velada, como si supiera que mi mente ya estaba jugando con él sin darme cuenta. Regresé a mi escritorio, todavía con la adrenalina recorriendo mi cuerpo. Sentía como si cada fibra de mi ser estuviera despierta, y no podía evitar recordar su voz, su postura, la manera en que me hacía sentir… vulnerable y alerta al mismo tiempo. Decidí revisar los documentos que me había dado, asegurándome de no cometer el más mínimo error. Cada cifra, cada detalle, tenía que ser perfecto. Y aun así, no podía concentrarme del todo. Su presencia se sentía incluso en la distancia, como si el aire que respiraba estuviera cargado de su influencia. Mientras organizaba los papeles, un mensaje apareció en mi computadora: “Necesito verte otra vez hoy. CEO.” Mi corazón se aceleró. Era imposible ignorarlo, y aún así, una parte de mí quería correr y mantener distancia. Pero la curiosidad y algo más fuerte me impulsaron a ir. Cuando llegué a su oficina, lo encontré sentado, con una copa de café en la mano, observando la ciudad a través del ventanal. No dijo nada al principio, solo giró lentamente hacia mí, evaluándome con esos ojos que parecían ver cada pensamiento que intentaba ocultar. —Me alegra que hayas venido —dijo finalmente—. Quiero que entiendas algo antes de empezar este proyecto. Esto no es solo trabajo… es un juego de poder. Y en este juego, cada decisión que tomes será crucial. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. No solo hablaba de números o estrategias; hablaba de nosotros, del control que parecía ejercer sin esfuerzo. —¿Nos referimos a… a mi desempeño? —pregunté, intentando sonar firme, aunque mis palabras temblaban. —A ti —respondió con precisión—. Cada acción tuya tendrá consecuencias, y quiero que sepas que estoy observando… todo. Mi respiración se aceleró. Había algo en su tono que hacía que mi corazón latiera más rápido y, al mismo tiempo, mi mente se llenara de preguntas prohibidas. ¿Qué quería de mí además del trabajo? ¿Hasta dónde llegaría este juego silencioso entre nosotros? Mientras me levantaba para marcharme, su mano rozó la mía brevemente, un contacto casi imperceptible pero suficiente para hacer que un calor inesperado se extendiera por mi cuerpo. Mi mente se quedó en blanco por un instante, y él lo notó. Su sonrisa apenas perceptible era un recordatorio de que estaba completamente en su terreno. —Recuerda —susurró antes de que saliera de la oficina—. Esto apenas comienza. Salí con la sensación de que cada encuentro lo acercaba más a mí, y a su vez, me arrastraba hacia un juego que no podía controlar. Mientras caminaba por el pasillo, me pregunté cómo un hombre podía tener tanto poder, no solo sobre una empresa… sino sobre cada emoción que despertaba en mí. Y mientras mi mente se llenaba de pensamientos y dudas, comprendí algo aterrador y emocionante al mismo tiempo: el CEO no solo controla la empresa… está empezando a controlar también mi corazón. Cliffhanger final: En ese instante, sonó su voz en mi mente con la misma intensidad que si hubiera estado a mi lado: “Prepárate… porque nada volverá a ser igual entre nosotros”. Y supe que tenía razón. Mientras salía del edificio, no podía dejar de sentir su presencia, como si él hubiera dejado un rastro invisible que me seguía a cada paso. Cada vez que respiraba, parecía oler su perfume: madera oscura y especias, envolvente y penetrante, dejando un calor que no podía ignorar. Mi mente giraba en círculos, recordando su mirada y la manera en que cada palabra suya parecía calcular cómo afectarme. Sabía que estaba jugando con fuego, pero por alguna razón, no quería alejarme. La adrenalina corría por mis venas, y con cada latido de mi corazón sentía que estaba atrapada en algo que no podía controlar. Cada gesto suyo, cada roce inadvertido de su mano, había encendido algo dentro de mí, un fuego que ardía con intensidad creciente. Me senté en un banco frente al edificio, intentando recomponerme, pero era imposible. Su voz, su mirada y su presencia seguían en mi mente, dominando cada pensamiento. Y entonces comprendí algo aterrador: no era solo atracción… era algo más profundo, más oscuro. Él tenía un efecto sobre mí que no podía explicar, y aunque sabía que debía mantener la distancia, una parte de mí deseaba acercarse aún más. Mientras el tráfico pasaba a mi alrededor y la ciudad vibraba con su ritmo habitual, me di cuenta de que algo había cambiado irrevocablemente. Este CEO no era solo un hombre poderoso; era un juego de control y deseo, un desafío que me empujaba a mis límites y me hacía cuestionar todo lo que creía conocer sobre mí misma y sobre lo que quería. Y mientras me levantaba para volver a casa, su última advertencia resonó en mi mente: “Prepárate… porque nada volverá a ser igual entre nosotros”. Su tono no era solo una amenaza; era una promesa. Una promesa de tensión, poder y deseo que me perseguiría hasta el siguiente encuentro. Supe, en lo más profundo de mí, que esto no era un simple romance. Esto era un juego del que no habría escapatoria. Y, a pesar de todo, no podía esperar a continuar jugando.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR