No puedo dejar de observarla, no parece en lo mínimo afectada por mi presencia y eso me lleva a cuestionarme si lo sucedió que no fue de su agrado. No podría creerle, sus cuerpo, sus gemidos y cada expresión me aclamaban con placer y deseo. Tan pronto salimos de la tienda y el sol pega en su rostro busca las gafas y se las pone. ¿Acaso el sol lastima sus ojos? ¿Es esa la razón que las use todo el tiempo? Maldito sol escocés. —¿Strauss Plaza has dicho? —pregunta. —Sí. —Tengo una reunión a las quince horas, debo regresar por Domino en una hora por lo que podemos hacer lo que quieras entre las... —chequea su móvil. —Doce a trece treinta horas. La primera chica de su edad que parece llevar una estricta agenda. —¿Lo que yo quiera? —inquiero sabiendo que no tiene idea de lo que q

