Debí matarla. Esa estúpida niña. Debí matarla cuando tuve la oportunidad. Tropiezo con una roca mal ubicada en el suelo. Un gruñido sale de mi garganta y lanzo la botella de cerveza, que hasta hace poco estaba tomando, hacia una pared a mi izquierda. Esta se hace añicos y vidrios rotos rebotan en mis viejos y arrugados brazos. Gruño aún más fuerte arañando los vidrios en mi piel. Maldita niña, ella tenía que arruinar todo. Mi puesto en el Concejo, mi respeto dentro de la comunidad, todos mis bienes, mi hijo. Mi precioso Aiden, asesinado por una niña de quince años. Ese estúpido muchacho no quiso escucharme. Se dejó llevar por sus instintos vánales y miren como acabo. Mi precioso y único hijo derrotado por una mocosa. Mi perfecto y todo poderoso hijo, acabó en muerte por sus estúpidos
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