Capitulo 1
- Y ahora los declaró marido y mujer - resonó la voz en toda la estancia - Puede besar a la novia - dijo dando el permiso para que se acercará a su ahora esposa y le plantara un casto beso en la comisura de los labios.
- Ya eres mi esposa - dijo con cierto deje de alivio en la voz. Esa pequeña frese resonó una y otra vez durante el resto del día y gran parte de la noche en su cabeza. En la madrugada Charlotte Montiel, ahora Charlotte D' León, estaba de pie junto a la enorme piscina de la preciosa propiedad de la familia D' León, familia de su esposo. Dónde se festejaba la recepción de la boda.
Estaba sola, en un exhaustivo silencio observando fijamente la quietud del agua y sintiendo el frío viento que anunciaba el próximo otoño, mientras intentaba no pensar en lo que sucedía a algunos metros de donde estaba y la razón por la que sucedía. No quería pensar en lo que había pasado, tan solo quería olvidarse de ellos y que jamás hubiera sido hecho. Cerro los ojos disfrutando la paz que solo encontró hasta ese momento, haciendo que al fin se relajara.
- El silencio refleja pensamientos profundos - escucho derrepente la voz de Gustavo haciendola sobresaltarse, mientras se tensaba enseguida - O al menos eso dice mi madre.
- ¿En serio? - pregunto con un tono seco y frialdad al hablar. Gustavo con una reluciente y perfecta sonrisa asintio.
- Si, es en serio - respondió - Y creeme que he podido corroborarlo - el viento soplo de nuevo causándole un estremecimiento a Charlotte que disimuló dándose la vuelta para mirarlo.
- No seré yo la que los contradiga - susurró observandolo con mucha atención sin perder su postura sería. Gustavo D'León era un hombre extremadamente atractivo, muchísimo. Tenía unos preciosos ojos verdes grisáceos, una impresionante sonrisa que derretía a más de una, un increíble porte que destacaba por su altura que era alrededor de 1.80 y el ejercicio diario, que era obvio que hacía. Era además de todo un exelente abogado penalista, dueño del más importante bufete de la ciudad, inteligente, carismático y con una habilidad poco común de ser irresistible. Lo cuál ayudaba a su físico y dinero a conseguir corazones por doquier. Sin embargo, ella lo odiaba. Lo detesta con todo su ser por una sola y sencilla razón: no quería ser su esposa. Pero por azares del destino no había tenido más opción que aceptar casarse con él y ceder ante su insistencia de " Hacerla feliz".
Gustavo era un hombre decidido, eso lo había notado seis meses atrás cuando lo había conocido. Este después de perder el caso de los Bronw contra ella, se tomó la libertad de enviarle un arreglo floral a su casa y para más tristeza estando su madre en esta. Clara Montiel, su madre había insistido hasta el cansancio para conocer el nombre del hombre que le había mandado ese regalo y cuando lo supo fue más que claro que estaba eufórica de la alegría. Y no era para menos, después de saber todos los problemas que estaban teniendo en el bufete que le heredó a su padre, el cual había sido mal manejado y para colmo robado por su contador antes de que pudiera tomar, ella misma el control.
Según su madre el negocio familiar estaba en decadencia desde antes de morir su padre cuando ella tenía solo 16 años, y que ahora que habían pasado años era más notorio que antes, por lo que no dijo nada. Y fue dos meses después que tomara el mando del befete cuando apareció Gustavo y para su madre esa era la perfecta solución. Hasta tal punto de proponerle un pacto a él susodicho para comprometerse en matrimonio, después de llevar de conocidos tres meses. En su opinión todo había sucedido demaciado rápido y ya después de todo, cuando miro alrededor ya era demaciado tarde para renunciar a todo. Y además estaba no solo por la influencia de su madre, ni por mero compromiso casada con él, sino porque quería, anhelaba poder sacar a flote el trabajo y esfuerzo de su padre durante tanto tiempo, se lo debía. Cómo única hija de los Montiel era su deber y su responsabilidad mantener el honor de su familia. Y Gustavo era la mejor solución, gracias al detallado informe de su madre, era independiente totalmente de su familia y lo suficientemente rico como para ayudarlas.
-¿Necesitabas algo?- pregunto luego sin darle oportunidad de decir nada más acerca de su raro consejo.
- En realidad si - dijo él parado frente a ella observandola de pies a cabeza mientras la analizaba poniéndola nerviosa. Odiaba que hiciera eso, sabía que podía leerla con solo mirar sus ojos y eso no le gustaba, era muy transparente para él. Tanto que hasta creía que podía llegar a saber lo que pensaba - Lo siento - se disculpó notando su incomodidad, " Si, puede leerte" - Venía a ver dónde estabas, hacía un rato que no te veía - dijo con su habitual caballerosidad y educación. Le hablaba como si hablara con la más delicada de las mujeres, lo cuál le gustaba tanto como en ocasiones le disgustaba.
- ¿Pensabas que me iba a escapar? - arqueó una ceja cruzandose de brazos, para parecer sería y también para combatir un poco el frío que sentía traspasar las mangas de encaje del vestido.
- No - admitió él acercándose con cierto cuidado y colocándole sobre los hombros el saco de su traje de bodas - Solo quería saber que estabas bien, y no llegando sola en algún rincón.
- Estoy bien - dijo mirándolo con un poco de recelo mientras aceptaba de buena gana el gesto de cubrirla con su saco. No tenía idea de porque pero, su cercanía la hacía sentir nerviosa y en calma al mismo tiempo - Gracias - murmuró entre dientes.
- Por nada - sonrió ligeramente retirando un fino mechon de cabello que se había soltado de su elaborado peinado - ¿Quieres retirarte ya? - pregunto mirándola con adoración. Hasta el momento ninguno había expresado ningún sentimiento por el otro, y aunque si bien hubo atracción al principio cuando se conocieron ahora estaban como a la deriva, o por lo menos así se sentía ella cuando no tenía claro si lo odiaba o no.
- No creo que sea necesario - parpadeó bajando la cabeza, sabiendo lo que pasará esa noche entre ellos y para lo cuál no se sentía mentalmente preparada. Gustavo le levantó el mentón y sus ojos quedaron instantáneamente conectados como por arte de magia.
- ¿Estás segura? - pregunto con un tono de voz dulce. Ella retuvo el aire por unos segundos hasta que asíntio.
- Si, mejor vamos a volver a la fiesta - propuso. Gustavo tenía idea de lo que estaría pensando y de la razón po la que no quería irse así que solo se limito a complacerla. No quería que se sintiera presionada, ni cohibida de hacer lo que quería por estar casada con él y depender en cierta forma de su contento para con ella.
- De acuerdo, haremos lo que digas - acaricio su mejilla - A primera hora vendrá el abogado para firmar el contrato de fusión entre los bufetes - informó - Luego de eso llegará a recogernos el auto para llevarnos al aeropuerto. Quiero que lo leas antes de la firma y si algo no te parece en cuanto a nuestra sociedad lo digas para que se cambie.
- Bien, así lo haré - aseguró. Después de que finalizará la fiesta como a las 4:30 am, Charlotte decidió volver a la mansión para encerrarse un rato en la recamara que le habían otorgado para arreglarse después de la boda. Al entrar se sentó en la orilla de la enorme cama y observo un par de revistas dónde se anunciaba la noticia de su boda, cosa que si bien no la había molestado le parecía exageración, pero al conocer a la familia de su esposo y ver los influyentes que eran era inevitable que su prestigioso y cotizado hijo se casará y los medios no se enteraran. La cantidad de gente que había ido a la boda había sido extrema llegando a tratar con personas, todas amistades de la familia y del mismo Gustavo que jamás había visto. Lo más irónico es que sus hermanos no habían podido estar presentes debido a sus compromisos de trabajo en el extranjero. Sin embargo, les enviaron las felicitaciones y un bonito regalo de boda, según relato de su suegra.
Soltando un largo y cansado suspiro se quitó el largo velo de novia y lo dejo sobre la cama. Luego se levantó y con pasó lento camino hasta el closet donde estaba la única prenda de ropa que habían traído aparte de su maleta para el viaje. Para posteriormente empezar a quitarse el enorme pero hermoso vestido, que por fortuna había podido escoger ella, era lo único que su suegra y su madre le habían permitido seleccionar de la larga lista de implementos para la ceremonia.
Cuando terminó de baja la cremallera del vestido por fin, entro su madre. Clara Montiel, hermosa, fría, egocéntrica, despilfarradora, interesada y egoista. Era raro cuando la gente las miraba, a su madre con frecuencia nadie la soportaba y cada vez que entraba en algún lugar la gente huía, pero con ella era distinto. Atraía a las personas, los más cercanos no entendían como podían ser madre e hija. Más los que conocíeron alguna vez a su padre lo comprendían todo. Mientras que él era un padre dedicado y amoroso, su madre solo quería que fuera como ella y no era cálida ni tierna. Fijando la vista en el espejo para mirarla la escucho hablar.
- ¡Hijita! - dijo la mujer eufórica caminando por la habitación. Amaba a su madre, era obvio que si, pero no aguantaba su dramática manera de actuar en ciertos momentos - Te vez hermosa al lado de tu esposo - comentó feliz. Estaba claro que siendo ahora la señora de Gustavo D' León tenía un puesto mucho más importante que al ser la hija en ruinas del difunto Esteban Montiel, eso su madre se lo festejaba y la alegraba como nada puesto que " era parte de la familia" y contaba con el respaldo de su apellido, fortuna y poder. Charlotte asintió con ironía terminando de tomar otra de varias copas de champagne que había tomado esa noche, no acostumbraba a tomar, nunca lo habia hecho, pero esa ocasión era la excepción.
- Si mamá, me alegra que te encante tanto como me veo junto a mi esposo - dijo con sarcasmo sintiéndose rara al decirlo en voz alta. Clara obviando el tono de disgusto de su hija se acercó con una amplia sonrisa falsa.
- Más te vale cielo, ser una buena esposa, cariñosa, comprensiva y paciente - la apunto con el dedo índice casi en una orden - Estoy segura de que sabes cómo comportarte, te lo he enseñado durante años y Gustavo se lo merece, es un hombre maravilloso.
- Creo que la que debió casarse con él fuiste tú - comentó de mala gana sintiendo un leve mareo al soltar su peinado el cuál estaba fuertemente amarrado.
-¿Que dijiste? - pregunto la mujer enojada por la manera de su hija al responderle.
- Que debiste casarte con Gustavo si estabas tan enamorada de él - se dió la vuelta enfrentandola. Ya que más daba, estaba casada y en un rato se iría de viaje, no tendría que lidiar con el tormento de su madre - Se supone que la que debería estar enamorada de él y amarlo como una tonta soy yo, pero de todas las personas que estaban aquí hacía solo una rato soy la única a la que le da igual.
- Charlotte, por si no te has dado cuenta no tengo tu edad - dijo con una tranquilidad escalofriante - No sabes lo que daría por estar en tu lugar, tienes un esposo atractivo, poderoso, millonario - empezó a ennumerar las cualidades válidas para ella - Deberías agradecer que heredaste mi belleza y aprovecharlo.
-¿Aprovecharlo dices? - pregunto con incredulidad - ¿Que quieres que aproveche? ¿El estar casada con un hombre al que no amo?
- El estar casada con un hombre que te quiere y que te puede dar lo que mereces - grito ante la ingrata de su hija - Allí dónde lo ves es un hombre increíble - quizo hacerse la considerada con Gustavo.
- ¿A quien quieres engañar? - pregunto sonriendo - Todos sabemos que no quieres a Gustavo porque sea una buena persona, te parece una gran persona solo por lo que nos puede brindar, solo por eso y sabes que el interés no es lo primero para mí. Me conoces.
- Si Charlotte, lo sé - dijo estresada la mujer por tener que lidiar con la insulsa de su hija - Y no sabes lo mucho que me lamento el no haberte alejado de tu insensato padre que nunca te enseño nada útil para la vida.
- Ahora te parece que mi padre era un insensato y yo una estúpida - se quejó - Es maravilloso el concepto que tienes de tu única familia.
- Son realidades - indicó tomándola fuertemente del brazo - Y solo te advierto Charlotte ten cuidado con lo que haces no sea que por tus tonterías pierdas a ese muchacho - dijo sin importarle que la estuviera lastimando - Recuerda que es el único que te puede ayudar salvar la cosa en ruinas que dejo tu padre y mantener el nivel de vida al que estamos acostumbradas, así que te exijo compórtate y piensa en la consecuencia que algo así te puede acarrear - la miro con sus fríos ojos azules - Además nunca olvides que tu aceptaste cumplir el trato.
- Acepte por tu insistencia y constantes reproches acerca de nuestra vida - grito igual aunque nerviosa por la reacción de su madre, la conocía y sabía que podía llegar a ser terriblemente cruel - ¡Quería librarme de ellos! ¡Ahora suéltame que me lastimas!
- Era tu decisión, yo solo te empuje a hacer lo que era más sensato - la soltó de mala manera - Y no te hagas la tonta ni creas que es lo peor que te pudo pasar porque no es así, hay cosas muchísimo peores.
- Esa será tu justificación siempre ¿No? - dijo con desagrado ante tan absurda excusa. Siempre le salía con lo mismo y ya estaba agotada, cansada de su manipulación.
- Solo hasta que lo entiendas - repitió - Hasta que termines de ente ser que aunque te moleste mucho el asunto de casarte por interés, le des importancia al apellido que te representa, al hombre que te lleva de su brazo y mucho más a las cualidades con las que cuenta para protegerte. Porque cada día que pase de aquí en adelante tú serás la señora D'León te pares dónde te pares y no importa si en ocasiones tus actitudes no sean aceptables porque su dinero va a comprar hasta la persona más difícil e insoportable.
- ¡Que impresión! - aplaudió cada vez un poco más enojada - No puedo creer que seas mi mamá
- Creeme linda - continuo ella - Yo no creo que seas mi hija.
- ¿Solo porque no quiero a un hombre que prácticamente me compra? - respiró.
- Por todo Charlotte - dijo dando vueltas en círculos - Pero solo hazme caso, no tienes que pensar como yo, solo te recomiendo que cuides a tu esposo e intentes hecerlo feliz.
- Para no perder nuestra vida, si ya lo aprendí - repitió desesperada.
- Para bien o para mal, en algún momento vas a entender que tengo razón - dijo - Y estoy segura, tengo la certeza de que me lo vas a agradecer en el futuro. Ese hombre te ama y está dispuesto a cualquier cosa solo por ti, valoralo Charlotte. En muchas ocasiones no existen segundas oportunidades para recuperar lo perdido - recomendó - Ahora termina de vestirte, debes irte en un rato - ordenó y diciendo eso último salió de la habitación dejándola sola de nuevo y ahogada en las lágrimas que caían de sus ojos y rodaban por sus mejillas, la tristeza que sentía y que había contenido hasta ese momento por fin afloro y se derrumbó en el suelo desahogandose con fuerte sollozos.