—Un ciego no puede guiar a otro ciego. Alexander, agradezco tu ayuda, pero primero arregla tu propia relación; entonces podrás intentar ayudarme. Le dedicó una sonrisa antes de alejarse. Alexander la observó marcharse. —Si no puede confiar en mí para contarme algo, al menos debería buscar un amigo… y no guardárselo todo para sí misma. Luego se levantó y entró en la casa. ---- Camila llegó a casa y, sin molestarse en subir de inmediato, cenó primero antes de entrar en la habitación que compartía con Alexander. Él estaba revisando unos archivos en su escritorio. —Ya volví —anunció ella. Alexander alzó la mirada hacia ella y frunció ligeramente el ceño. —¿Podrías no asustarme la próxima vez? —¿Acaso soy un ratón? —se burló. —Deberías serlo —respondió con frialdad, sin apartar la vi

