—Felicity, mi esposa está herida. ¿Qué es más importante, mi esposa o la reunión? —preguntó Alexander, levantando una ceja. Felicity se sorprendió al escucharlo decir eso. Tragó saliva y luego sonrió. —Está bien, señor. Entonces, ¿debo trasladar la reunión a esta tarde? —preguntó. Alexander se frotó el espacio entre las cejas y la miró de nuevo, esta vez con una expresión fría. —Tal vez no estabas escuchando. Dile a Shanne que prepare el auto. Me voy a casa ahora mismo. —Está bien, señor —respondió Felicity sin dudar, pues sabía que él comenzaba a enfadarse. —Puedes retirarte. Felicity salió de la oficina y se dirigió a su escritorio. —Está actuando raro hoy… —murmuró para sí misma. Sonrió al recordar lo que había dicho: —“Mi esposa es más importante”. Se preguntó si su propio n

