Gabby y Tommy se vistieron después de nadar y se dirigieron al auto de Tommy. —Déjame llevarte a tu casa —se ofreció él. Gabby se inclinó junto al coche y lo miró con una sonrisa en los labios. —Qué caballero. Tommy puso los ojos en blanco; sabía que estaba siendo sarcástica. —Es lo correcto que debe hacer un hombre. Gabby miró su reloj de pulsera y sonrió ampliamente. —Es la hora —dijo, mirándolo mientras reía. Tommy frunció el ceño, confundido. —¿Qué hora? —preguntó, observándola con atención. —¡La hora de la diversión! —sonrió como una niña mientras sacaba su teléfono. —¿Qué diversión? —Tommy miró su reloj; eran las ocho y media y ya era algo tarde. Gabby lo miró con expresión de “no me digas que no sabes”. —Los clubes están en su mejor momento ahora. Vamos a divertirnos de

