Capítulo 96. El síndrome de Estocolmo... ¿Qué va? Luka guardó la nota sin abrir del todo los dedos. En el fondo de su mente, ya sabía que volverían a cruzarse. Y cuando eso ocurriera… no habría marcha atrás. El silencio reinó en el cuartel Parodi luego de la salida de Vittoria. Un silencio que a Luka le pareció ensordecedor. El rugido de las hélices todavía vibraba en su pecho, pero ella ya no estaba allí. Ella se había ido. Contra su voluntad. Contra la suya también. Y, a pesar de todo, él no la había detenido. Apoyó ambas manos sobre la barandilla de hierro y bajó la cabeza. El sudor y el cansancio le pesaban sobre los hombros como cadenas invisibles. Pero lo que realmente le dolía no era el cuerpo… era el vacío. Un hueco que empezaba en el pecho y se expandía sin tregua por todo su

