El desayuno paso entre charlas y risas de las dos mujeres. Jairo permanecía inalterable. Pero de vez en vez sonreía a su mujer por alguna locura que ella decía o hacía. Para Úrsula no pasó desapercibido aquella mirada llena de ternura de su hijo para su esposa y esto, la lleno a ella de alegría, porque por fin él podría encontrar la paz que ella y su madre le había robado. —Jairo— la voz de la chica saco de sus pensamientos a Úrsula— ¿Úrsula y yo podemos criar pollos? Él miro a las dos mujeres. —Este rancho no es avícola— le dijo cortante y al ver que ella entristecía rápidamente agrego — pero podemos hacerte un corral y se dedican a eso. La joven emocionada se levantó y le dio un beso en la mejilla y este se sorprendió por aquel gesto tan espontaneo y natural de la chica. — ¡Muy bie

