CAPÍTULO VEINTISÉIS ―Oh, Dios ―consiguió decir. Había pasado casi un año desde que lo había dejado. Verlo allí, en su porche, parecía un error, como si aquel no fuera su lugar. ―Hola, Emily ―dijo Ben―. ¿Puedo pasar? La mente de Emily era un torbellino de pensamientos. Hacía tan solo un instante había creído que Daniel había vuelto a ella, y ahora se encontraba cara a cara con Ben de entre todas las posibilidades. No sabía qué pensar ni qué decir ni qué hacer. ―¿Cómo me has encontrado? ―tartamudeó―. ¿Cómo has sabido que estaba aquí? Ben se encogió de hombros con gesto de disculpa. ―Me lo ha dicho Jayne. Pero no la mates ―añadió―. Sabía que iba a venir a verte hoy, y la he obligado a decirme dónde te estabas quedando. Emily exhaló, frustrada. Qué típico de Jayne el meter la nariz en

