Desperté como pude, porque escuchaba un sonido a los lejos. Cuando me desperecé, me di cuenta de que era el timbre. Los chicos seguían durmiendo, así que, me levanté con cuidado de la cama y fui a abrir la puerta. Pero cuando iba llegando, me detuve. No podía llegar y abrir la puerta, mucho menos con esos dos locos sueltos, quizá en dónde. Miré por el pequeño visor de la puerta del departamento y era Noah. Solo estaba él afuera. Dudé un momento en abrir, pero volvió a tocar el timbre. — ¡¿Estás sorda acaso?! — me regañó Noah apenas entró a mi casa, como si fuera la suya. —No sabía que me habías ayudado a comprar mi casa— le contesté enojada. — ¿Qué? — me preguntó molesto. —Llegas y entras como si fuera tu casa. Nunca te dije que podías entrar— le contesté de brazos cruzados. — ¡Ay, H

