Partió con un beso corto en los labios hasta que se alargó y nuestras lenguas salieron de su escondite para explorarlo todo. Me abrazó por la cintura suavemente y de forma sensual, y yo subí mis brazos hasta su cuello y lo atrapé ahí, entre mis brazos y mis labios. Sus besos eran tal cual los recordaba. Exquisitos y con una sincronía que se amoldaban a mis labios, a mi lengua y a mi cuerpo. Nadie besaba como él, nadie me había besado como él. Comenzamos a caminar mientras nos besábamos lentamente, sin apuro. Neizan me quitó las llaves de la mano, me dio un último beso y abrió la puerta. Tomó mi mano y entramos lentamente. Me besó un poco más rápido y con más intensidad, después de cerrar la puerta. Caminamos besándonos hacia mi habitación. De seguro, ninguno estaba pensando en ese moment

