Una vez más me quedé sola en esta casa, pero ahora me di cuenta de la tensión con que viví todos estos años, temerosa de admitir a mí misma que tenía miedo de amar a Herman. Solo las pesadillas frecuentes hablaban de que pertenecer a él no me traería nada bueno. En realidad, no me hacía estas preguntas para no responderlas. Sabía que, con una persona como él, no podría tener una vida tranquila y segura, no podría darle a mi niña lo que yo no conseguí, porque a Herman tarde o temprano lo encarcelarían o, lo matarían. Por eso mismo lo eché de mi vida, aun quemando mi amor por él. Pero el destino quería acabar conmigo por completo, por eso me presentó como padre un hombre igual de peligroso que Herman o incluso peor. Entendí que Jorge tenía que regresar, no para visitar museos y teatros. E

