Capítulo 3

3139 Palabras
En la Mansión Höller en el vecindario privado de Renania, Santiago de Surco, Lima, Perú, previo a iniciar la misión en el Inframundo. Al haberse completado el equipo de incursión de los aliados con la colaboración de Abelard, se pasó a comunicar a los guerreros seleccionados la misión que se ponía en sus manos. La juventud hizo que la alegría llegara a ellos porque en lo primero que repararon fue que sus habilidades estaban siendo reconocidas por los adultos, honor que les llenó de orgullo. Para la mayoría fue muy estimulante saber que participarían en la misión en parejas, salvo Elrond que tuvo difícil el tranquilizar a Caroline y convencerla de no exigir ir a su lado, ya que, al temer por la vida de su compañero predestinado, no quería dejarlo ir sin ella acompañándolo. - No te preocupes, yo también voy sin mi predestinada, así que cuidaré de tu compañero -dijo Darius cuando al estar ya reunidos todos los elegidos en la Mansión Höller, Caroline seguía insistiendo con que ella también debía ser parte de esa peligrosa misión. - Darius es el mejor guerrero Dracul, así que Elrond tendrá bien cubierta la espalda -comentó Kiram, apoyando la iniciativa de su cuñado para calmar el ímpetu de Caroline. - Amor, por favor, entiende razones. Por algo los adultos nos han elegido a nosotros y no te han incluido en el grupo. Dame la tranquilidad de saber que estarás esperándome manteniendo la calma -el pedido de Elrond iba acompañado de una mirada afligida. - ¿Me prometes que cuidarás de él? -preguntó Caroline a Darius con ruego en su voz. El vampiro, quien no había bajado la capucha de la capa que lo cubría, asintió sin que nadie pudiera ver su rostro -. Entonces, ve tranquilo. Sé por Amelia que Los Dracul son honorables y cumplen su palabra, por lo que confío que Darius te protegerá al no poder hacerlo yo -cuando terminó de hablar, Caroline se aferró al cuello de Elrond, y este la cargó sujetándola por la cintura. - Regresaré a ti pronto, amor -decía Elrond mientras Caroline lloraba por tener que despedirse de él. - ¿Se puede saber por qué hay tanto drama en esta sala? -la voz alegre de Lena se escuchó en la habitación donde los guerreros elegidos para la misión esperaban órdenes. De inmediato, el cuerpo de Darius se tensó, y el vampiro giró para quedar enfrente de una de las paredes de la sala. Debía aguantar las ganas de correr hacia donde estaba Lena, su predestinada, quien acababa de cumplir los diez años, luciendo mayor de cuándo la conoció. Todos en la habitación sabían sobre la relación predestinada entre vampiro e híbrida de brujo y licántropo, así como la decisión de Darius de no tratar a Lena antes de que ella cumpla los veinte años, edad en que el vampiro ya podría presentarse ante su amada alma gemela e iniciar una vida juntos. Sin embargo, mantener a Lena alejada de él era complicado, ya que al ser Kiram -el hermano mayor de Lena- el predestinado de Ileana -la hermana menor de Darius-, y estar estos dos viviendo juntos en el Clan Dracul como compañeros eternos, la niña exigía a sus padres ir constantemente a visitar a su hermano -a quien amaba muchísimo- y a su cuñada -con quien congenió muy bien desde el primer momento que entablaron conversación-, haciendo que la pequeña sea una constante invitada en el castillo. - Caroline, no llores por Elrond. Él es valiente y muy fuerte, así que estará bien -dijo Lena tratando de animar a su prima política-. Además, Kiram irá con él, y lo cuidará. Mi hermano es muy fuerte e inteligente, así que logrará que todo esté bajo control -la admiración de Lena por Kiram hizo sonreír a todos, ya que les pareció muy tierno que la niña tenga esas palabras llenas de orgullo para el hermano mayor. - ¡Gracias, princesita! -exclamó enternecido Kiram a la par que se acercaba para cargar en sus brazos a Lena-. Yo también te amo mucho, mi pequeñita -el tierno gesto entre los hermanos era de gusto de todos, menos de Darius, quien no soportaba que otros puedan estar tan cerca de Lena y él no. - ¡Suéltala! -gritó el vampiro escondiendo su rostro con la capucha. A Lena no le gustó la rudeza con la que se dirigió a Kiram. - ¡¿Quién eres tú para hablarle así a mi hermano mayor?! -Lena era una niña muy dulce, pero cuando alguien atacaba a su familia, su actitud cambiaba por completo-. Kiram tiene todo el derecho de abrazarme, y a mí me gusta que lo haga, así que no te atrevas a gritarle. ¿Entendiste? El regaño de Lena paralizó a Darius, que no supo qué hacer o decir. El resto en la sala estaban igual de pasmados que el vampiro. En eso Lena se soltó de los brazos de Kiram y empezó a caminar hacia Darius. El miedo de pensar que ella vería su rostro y que sus miradas se encontrarían hizo que Darius se moviera con su sobrenatural rapidez hacia donde estaba Ileana, colocándose detrás de ella. «Hermana, ¡ayúdame!», pensó Darius, e Ileana lo escuchó. - Perdona a mi hermano, pequeña Lena. Desde temprana edad se ha dedicado a perfeccionarse para la guerra, por lo que ver a un guerrero demostrando afecto le parece abominable -fue lo primero que se le ocurrió a Ileana para ayudar a su hermano, sin pensar en el mal concepto que crecería en Lena sobre Darius. - No hay nada de malo en amar y ser amado. La grandeza de los guerreros licántropos nace del amor que tienen por sus familias y manada, por quienes no dudan en entregar sus vidas a cambio de que puedan existir en paz. Eso debería aprender tu hermano para que deje de ser tan amargado -Lena demostraba su enojo con esas palabras, más el ceño fruncido que llevaba. Darius miraba el suelo de la sala mientras pensaba que el corazón le iba a estallar por cómo había empezado a latir desde que escuchó la voz de la niña que era su alma gemela. «Haz que se aleje, Ileana. No puedo mirarla, sino voy a perder el autocontrol que me queda», el vampiro le dijo a su hermana por conexión telepática. Ileana no sabía qué hacer ni decir a Lena, ya que no se le daba bien mentir. Sin más opciones, la psíquica vampira se comunicó con Amelia, quien llegó de inmediato para llevarse a Lena, aludiendo que pronto la reunión que tendrían los guerreros con el Alfa Höller y los líderes de los demás pueblos sobrenaturales daría inicio, por lo que ella no debía estar ahí. - Solo diré una cosita más, tía Amelia -dijo la pequeña Lena, y dirigiendo su mirada a quien se escondía a las espaldas de Ileana, habló-. No sé cómo habrá sido tu vida antes de que los vampiros de tu clan se aliaran al resto de sobrenaturales, pero creo que ya es hora de que te abras al mundo que existe y se mueve enfrente de tus narices. Que seas un poco más sociable te llevará a conocer otras maneras de existir, encontrando que el amor es más fuerte que el odio y capaz de hacer que podamos mover montañas con el pensamiento con tal de proteger a quienes amamos. Ah, y no creas que mis palabras no tienen valor por ser una niña de diez años porque, así como me ves, pequeña, no dudo en entregar mi vida por mi familia y manada. Lena dio media vuelta y salió de la sala acompañada de Amelia. Todos quedaron a la expectativa de la reacción que tendría el vampiro, por lo que el silencio se apoderó del espacio. Ileana empezaba a preocuparse por su hermano. En los últimos tres años había empezado a ser más sociable, abierto con respecto a sus sentimientos y generoso con los demás al ofrecer constantemente su ayuda, por lo que temía que el regaño de Lena lo deprimiera e hiciera retroceder en el progreso alcanzado. - ¿Darius? -llamó con preocupación Ileana, quien no quería irrumpir en la mente de su hermano para averiguar lo que sucedía con él, ya que lo tenía prohibido. - Ella es maravillosa -todos pudieron escuchar lo que el vampiro empezó a decir-. Aún es tan pequeña, pero es valiente, aguerrida, de buenos sentimientos. Ella es perfecta para mí -y al levantar la cara, dejando que la capucha caiga y deje ver su rostro, todos pudieron observar una brillante sonrisa y unos ojos rojos que resaltaban por la felicidad que experimentó al conocer un poco más a su predestinada. Mientras que Amelia respondía al llamado de auxilio de Ileana y se llevaba a Lena a la cocina para que coma el postre de la tarde junto a las ex tres Lunas Höller, Stefan recibía en el jardín posterior a Eleazar, el Gran Hada, quien llegó a territorio de la manada en Lima acompañado del hada de fuego que participaría de la incursión al Inframundo. - Ninay es el hada de fuego que acompañará al grupo de guerreros a quienes hemos encomendado la misión de recuperar las piedras de luna -dijo Eleazar presentando a un hada macho que lucía muy joven, como un adolescente, pero que en realidad llevaba existiendo en La Tierra por varios eones. - Es un gusto conocer al Puro que Aúlla -saludó así Ninay, cuyo nombre significaba “encender fuego” en quechua. A esta hada de fuego se le había consignado el cuidado de los volcanes de la Cordillera de los Andes junto a su compañera, otra hada de fuego, quien no participó de la incursión por estar gestando por primera vez. - Bienvenido, Ninay, hada de fuego. Gracias por aceptar la misión de guiar a los guerreros hacia el Inframundo -saludó Stefan y ofreció una venia por la ayuda del hada. - Es un honor para mí que el Gran Hada y demás líderes de los pueblos sobrenaturales me encarguen esta misión. Les aseguro que seré más que un guía, recordando los antiguos tiempos en que las hadas de fuego peleamos para proteger la creación mientras nuestros hermanos elfos aún no llegaban a La Tierra; del mismo modo como hicimos hace tres años, cuando nuestra querida Aideen se inmoló -la mirada triste del hada expresaba el dolor que el pueblo de las hadas guardaba por cada uno de sus miembros caídos-. ¿Y a quiénes guiaré hacia el Inframundo? -preguntó Ninay dejando atrás la tristeza por el recuerdo de los amigos que fallecieron durante la guerra. - A ocho jóvenes guerreros con habilidades que les hacen los mejores para esta misión -respondió Stefan. - Y a un viejo guerrero licántropo a quien conoces muy bien, pequeño pirómano -la voz de Abelard se escuchó llegar desde el otro lado del jardín posterior. - ¡Pero si es el gran Abelard! -dijo emocionado Ninay, dejando el lugar donde estaba parado para ir a darle el alcance a su viejo amigo-. El tiempo no ha pasado para ti, Abelard, el lobo de fuego -comentó Ninay tras dejar el abrazo que se dio con el licántropo. El sobrenombre que se había ganado el guerrero Höller se debía por ser uno de los dos únicos de su especie en tener como alma gemela a un hada de fuego. - Y mucho menos para ti. Aún luces como si apenas ayer hubieras cumplido los dieciocho años -licántropo y hada reían muy animados por el reencuentro después de varios años sin verse. - Illapa está gestando nuestro primer hijo -la sonrisa de Ninay se intensificó. - ¡Felicidades! -la sinceridad resaltaba en la respuesta de Abelard-. Hace dos años mi hija Katharina tuvo a su primera cría. Es un macho, se llama Keith. Aún no sabemos si es un hada o un licántropo, pero que tendrá que ver con el fuego es un hecho. Cuando nazca tu primera cría, ven junto con Illapa a visitarnos, así los niños se conocen y juegan un poco -la ilusión en la mirada de Abelard se hacía notar. - Me alegra que la existencia del pequeño Keith te motive a seguir vivo -agregó Ninay, sonriéndole a su gran amigo licántropo. - Por él es que he pedido formar parte del grupo de incursión. Debo hacer algo para que el mundo sea mejor y mi nieto sepa lo que es vivir en paz -las palabras de Abelard motivaron a Ninay, conmovieron a Eleazar y enorgullecieron a Stefan. Al estar completo el equipo aliado que participaría en la incursión, Stefan invitó a los involucrados a reunirse alrededor de la mesa oval en el segundo piso de la biblioteca. Tras presentar al hada y al guerrero Höller a los más jóvenes, Ninay empezó a explicar a los reunidos el trayecto hacia el Inframundo. - Los volcanes son las puertas del camino hacia el Inframundo -empezó así su intervención Ninay-. Ingresando a su estructura por el cráter, seguiremos la ruta descendente de la chimenea principal hacia la cámara magmática. Al cruzar esta área, saldremos de la corteza de La Tierra y empezaremos nuestro andar por el manto del planeta. Aquí, aunque continuaremos descendiendo, tendremos la sensación de caminar en un plano horizontal -las caras atentas de los jóvenes guerreros cautivados por la narrativa del hada de fuego mostraron duda-. No me pregunten el porqué, es un tema que tiene que ver con la gravedad, que cambia al ir acercándonos al centro de La Tierra. »Ya en el manto, seguiremos un sendero que, cuando lo descubrimos, parecía una ruta hecha para que seres que no pueden soportar las temperaturas extremas del interior del planeta puedan andar por ahí, ya que se percibe apenas unos cuarenta grados centígrados como máximo. Y este mágico y árido camino llega hasta el núcleo interior del planeta, donde está el Inframundo». - ¿Eso quiere decir que no vamos a necesitar de algún hechizo de brujo o magia de hada para soportar altas temperaturas durante nuestro recorrido? -consultó Ania, cortando la narración de Ninay. - El volcán por el que entraremos está dormido. Illapa, mi amada compañera, y yo pusimos una barrera mágica en la cámara magmática, por lo que no sentirán los más de mil trescientos grados centígrados a los que puede llegar el magma que se contiene ahí. - Y cuando lleguemos a las puertas del Inframundo, ¿cómo vamos a ingresar? -consultó Erik-. Imagino que debe estar resguardada la entrada. - La verdad es que no lo está -los jóvenes miraron sorprendidos a Ninay por lo que acababa de revelar-. Es que quién, en su sano juicio, querría ingresar al Inframundo. - Solo nosotros -añadió Elrond, y todos rieron. - Entonces, ¿solo abrimos la puerta y entramos? -ahora era Kiram quien preguntaba. - Es que no hay propiamente una puerta -dicho esto por Ninay, todos volvieron a prestarle atención al hada-. Cuando Cristo bajó al Inframundo, selló este con su poder, para que los demonios no pueden ir hacia el mundo humano cuando quieran a causar destrozos. Solo Satanás, Lilith, sus hijos y los Caídos pueden traspasar esa mágica barrera porque son Celestiales exiliados, humanos o la mezcla de humanos y demonios. Los demonios logran pasar a este plano cuando son invocados por un humano que conoce, o no, sobre a quién está llamando, o por medio de los portales que ahora abren con las piedras de luna que tienen en su poder - Una pregunta -interrumpió Cassie levantando la mano como si estuviera en la escuela-. Si Satanás alguna vez fue un Celestial, ¿por qué los hijos que tuvo con Lilith son mitad humano y demonio? ¿No serían mitad humano y Celestial? - Es que Satanás ya no es el Celestial que cayó de Los Cielos -dijo Ninay, y se notó que dudaba si hacía lo correcto o no en revelar en lo que se había convertido el líder del Inframundo. - Ninay, no dudes y revela a los jóvenes como Luzbel se convirtió en Satanás -animó Eleazar al hada de fuego, por lo que empezó a narrar esa historia que no forma parte de esta, así que no profundizaré en esta parte de la narrativa de Ninay. - ¡Vaya! Ahora entendemos por qué es tan poderoso y puede presentarse encarnado ante los hombres -comentó Pietro asombrado. - Bueno, siguiendo con lo que nos interesa -prosiguió Ninay-, nosotros traspasaremos sin problemas esa barrera, entrando a otro plano. Es por ello que la extensión del Inframundo no se reduce a las dimensiones que los humanos han calculado que tiene el centro de La Tierra, siendo un árido e infértil territorio que es tan amplio como el planeta entero, y quizás más. También es importante que sepan que en el Inframundo los demonios no son simples espíritus, sino que se materializan, por lo que ellos podrán golpearlos, así como ustedes podrán contraatacar. - ¿Y cómo evitaremos ser descubiertos? -consultó Darius, quien hasta ese momento se había mantenido muy callado. - Ustedes de por sí tienen habilidades que los hacen perfectos para mantenerse encubiertos durante el desarrollo de la misión -habló Abelard-. He analizado a cada uno de ustedes, por lo que sé muy bien que pasarán desapercibidos. »Elrond, el elfo mestizo; como su padre, no deja huellas al andar y su movimiento no emite sonido, además de poseer una fuerza descomunal por su herencia licántropa. Kiram, un licántropo sin olor que tampoco emite sonido al moverse, todo esto gracias a su lado brujo, ya que ha sido bendecido con dos hechizos que lo hacen el espía perfecto. Cassie, licántropa con genes de elfo, por lo que su desplazamiento es ligero como una pluma, sin huellas en el camino, lo que le permite realizar el trabajo de espionaje. Ania, la bruja de fuerza increíble, además de que heredó de su madre licántropa la rápida regeneración celular; con un hechizo te harás imperceptible. Erik y Pietro, híbridos de humano y felino, poseedores de la habilidad de esconderse entre las sombras, son perfectos para esta misión en la que deben permanecer ocultos. Ileana y Darius, vampiros con alma, nacidos, no convertidos, han sido bendecidos con dones espectaculares: de percepción extrasensorial y contención de materia y espíritu, respectivamente, siendo nuestras mejores armas. Ustedes, más un hada de fuego y un guerrero licántropo de vasta experiencia conseguiremos el objetivo: recuperar las piedras de luna». Las palabras de Abelard avivaron los ánimos de los elegidos para la incursión al Inframundo, y todos ellos lo señalaron como el líder del equipo. Stefan y Eleazar estaban satisfechos al ver a los ocho jóvenes más el hada de fuego admirando al experimentado guerrero Höller, en quien el fuego del combate no se había extinguido, ya que empezaba a arder como en sus mejores tiempos.
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