Capítulo 1

3643 Palabras
En la Mansión Höller en el vecindario privado de Renania, Santiago de Surco, Lima, Perú. Habían pasado tres años desde que empezaron las represalias contra los clanes vampíricos que decidieron romper el pacto con Satanás. Años en que los hermanos sobrenaturales no tuvieron descanso de la guerra, más aún cuando todos los que formaban parte de La Nueva Alianza empezaron a ser atacados por los moradores del Inframundo. No hubo mes en que no se diera un altercado que implicara al embaucador y sus seguidores yendo en contra de Los Dracul o de Los Hagi, los primeros dos clanes que perdieron la venda que cubría sus ojos y les impedía ver la verdad, que no le debían nada a Satanás. Esos ataques hacían que quienes prometieron ayudarles a seguir hacia delante, tras decidir dar un giro de ciento ochenta grados a sus existencias, se movilicen desde distintos puntos del planeta para hacer fuerza con ellos y repeler la violencia con que llegaban demonios, orcos, magos oscuros, vampiros aún cegados y los hijos híbridos del líder del Inframundo con la intención de castigarlos por su traición. Asimismo, los ataque contra aquelarres y campamentos empezaron a darse y se hicieron más frecuentes, por lo que las hadas de fuego tuvieron que volver a dejar su pacífica existencia para enfrentar a aquellos que buscaban acabar con los suyos y los brujos. Esto hizo que los aquelarres y campamentos se unieran en territorio, así como que albergaran a grupos de felinos, licántropos, y luego vampiros que llegaron para sumarse a la defensa de aquellos pueblos que provenían de Celestiales. Durante esos tres años, no hubo noticia sobre el Híbrido creciendo en el vientre de la hija de la Madre Luna. Aunque nada impedía que Amelia y Stefan pudieran procrear al Unificador de los pueblos sobrenaturales, ella no quedaba embarazada. Y es que el estrés que vivieron durante esos tres años, tiempo que ella estuvo ocupada aportando en la batalla la ayuda que los aliados necesitaban para salir airosos, y también preocupada por los enfrentamientos que su amado Alfa sostuvo con algún poderoso adversario, que más de una vez dejaron mal herido al Puro que Aúlla, aunque este no daba mayor importancia a sus heridas, imposibilitaba que el cuerpo de Amelia se preparara como era debido para la concepción. - La solución es que se alejen de la guerra -decía Solís por enésima vez al salir el tema del retraso del nacimiento del Híbrido a discusión en una conversación amical que sostenía con las tres ex Luna Höller, Marion y Marianne en la mansión en Lima-. Una mujer que vive el nivel de estrés que debe padecer Amelia en estos momentos, siempre va a tener problemas para concebir -repetía Solís una vez más lo que para ella era la causa de que aún no tengan entre ellos al hijo de la Luz y el Puro. - Eso sería si Amelia fuera humana -y Marion siempre refutaba de la misma manera lo que decía Solís-. No voy a cansarme de afirmar que debe ser otro el problema que evita la concepción de mi sobrino. - Me atreví a preguntarle a la Reina Reyhan y Oana sobre lo que Solís piensa -intervino Marianne, quien al saber que el mayor y la menor de sus hijos eran los predestinados de vampiros, empezó a mantener mayor contacto con Los Dracul, haciéndose muy cercana de la reina vampira y de la madre de Darius e Ileana-, y ellas confirmaron que entre los vampiros se han dado casos de infertilidad por el miedo que sentía la hembra al imaginarse que Satanás descubría su embarazo y pediría que le quiten a su cría -al escuchar lo que Marianne comentó, Solís celebró estar en lo correcto con una enorme sonrisa, gesto que lanzó para fastidiar a Marion, con quien tenía una sana rivalidad por ser ambas de temperamento fuerte y competitivo. - Pero ¿por qué Amelia temería? -preguntó Marie preocupada porque su hijo y nuera aún no concebían, lo que le recordó lo que ella y Maximiliam padecieron al sufrir varios abortos espontáneos antes de que Stefan naciera-. Ella es una divinidad encarnada con un infinito poder. - Pero carne, al fin -remarcó Solís-. Cuando hablo con ella, no percibo que haya cambiado tras convertirse en vampira y despertar el poder divino que dormía en su interior. Amelia sigue siendo la tierna y dulce jovencita que conocieron cuando estudiaba en el instituto. - Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar a Stefan y Amelia? -preguntó la bisabuela Margot. - Tendríamos que hacer algo para detener la guerra por unos meses, así ellos podrían estar más calmados -pensó en voz alta Marianne, lo que le dio una idea a Marion. - Debemos quitarle a Satanás una de las dos piedras de luna que tiene en su poder -concluyó la hermana mayor del Alfa Höller-. Eso lo obligaría a tener que reorganizar su estrategia de ataque, obligándolo a pausar la guerra. - Me parece que la posibilidad que tenemos para quitarle una de las dos piedras de luna es muy pequeña -señaló la abuela Stephanie. - Es complicado, pero no imposible -comentó Marianne-. Necesitaríamos crear un plan en el que todos nuestros aliados participen, ya que creo que un felino tiene más opciones de acercarse durante la batalla al hijo de Satanás que porte la piedra de luna. - Creo que no debemos perder tiempo, y vayamos a hablar de este tema con Stefan, Amelia y el séquito -propuso Marie-. Ellos aún están reunidos en la biblioteca. Las seis féminas dejaron sus asientos en una de las salas de la mansión y se dirigieron al encuentro con el Alfa y la Luna de la manada. La puerta de la biblioteca estaba entreabierta, ya que ese espacio se había convertido en el centro de operaciones y comunicaciones de la manada desde que empezó la guerra de los aliados contra Satanás y sus huestes. Quienes estaban ahí, trabajando en la recepción de mensajes que llegaban de todo el mundo, informando sobre alguna novedad en el accionar del bando contrario, se sorprendieron al ver ingresar a las recién llegadas, ya que no era frecuente que las ex Lunas y Solís merodeen por esa área de la mansión. - Bienvenidas -saludó Amelia al acercarse a ellas para abrazar a Solís, quien era una grata visita cada vez que llegaba a la mansión-. ¿Qué las trae por aquí? - Venimos a hablar contigo, con Stefan, el séquito y quien más intervenga en la planificación estratégica de guerra -dijo Solís con esa firme convicción que siempre hizo que Amelia se sintiera segura a su lado. - ¿Planificación estratégica de guerra? -preguntó Stefan mientras se acercaba al grupo de recién llegadas al haber sido avisado de la presencia de estas-. ¿Acaso tienen alguna idea para acabar con esta guerra? -volvió a lanzar una pregunta el Alfa Höller a la par que sonreía al ver a Solís interactuando con las licántropas como si fuera una sobrenatural más. - Estamos preocupadas porque aún el Híbrido no llega -señaló Marie mostrando una mirada llena de ansiedad que Stefan y Amelia entendieron al saber que la buena madre y suegra se sentía identificada con ellos. - Y hemos pensado en una solución -completó Margot sonriendo al creer firmemente que, si armaban un buen plan, podían conseguir pausar la guerra. - Que debemos arrebatar una de las piedras de luna en poder de Satanás para conseguir algo así como un “fuera de tiempo” en esta guerra, así ustedes se relajan y pueden procrear al Híbrido -comentó sin rodeos la abuela Stephanie. Los compañeros predestinados intercambiaron miradas ante lo que escucharon. Ellos estaban preocupados sobre el no lograr concebir, pero se habían guardado sus sentimientos para evitar que la angustia llegue a la familia, amigos, manada y todo sobrenatural que creyera en la Profecía. Sin embargo, que ellas estén ahí y quieran hablar del tema después de tres años intentando ser padres les daba a entender que a los demás miembros de la familia también les preocupaba la situación, y que estaban dispuestos a apoyarlos para conseguir que ese pequeño llegue a sus vidas lo antes posible. - ¿Y tienen alguna idea de cómo podríamos hacernos de una de las piedras de luna en poder de Satanás? -preguntó Stefan a la par que les indicaba a las hembras seguirlo para conversar del tema en un lugar más cómodo y lejos de los guerreros que estaban trabajando en ese momento. - Nada claro ni definido, solo que debemos considerar contar con el apoyo de nuestros aliados felinos para lograr ese objetivo -indicó Marion mientras tomaba asiento en una de las sillas puestas alrededor de la enorme mesa oval de reuniones en el segundo piso de la biblioteca. - ¿Lo dices porque pueden abrir portales que nos lleven al Inframundo? -consultó Stefan. - Y porque son los únicos que pueden derrotar a los hijos híbridos de Satanás ante un posible altercado contra ellos durante la secreta incursión que se haría al Inframundo –agregó Marion. - Creo que es mejor si intentamos quitarle la piedra de luna al hijo de Satanás que comande el siguiente ataque contra territorio aliado -sugirió Marianne-. Me parece muy riesgoso enviar espías al Inframundo. - Las hadas de fuego conocen el Inframundo al estar en el núcleo del planeta, así que tenemos quién guie por ese territorio a los guerreros aliados que tomen esa misión -comentó Margot al recordar que alguna vez Aideen, el hada de fuego, madre de Katha, que se inmoló tres años atrás para darle la primera victoria a los aliados, le describió cómo era la entrada al Inframundo. - Una demasiado peligrosa -señaló Stefan, quien se veía apesadumbrado por haber visto a tanto guerrero morir durante esos años que vivían en guerra. - Pero si tenemos una oportunidad, debemos arriesgarnos -insistió Marion-. Sé que es difícil ver a los nuestros morir, el sufrimiento de sus familias, de los predestinados, pero es algo que debemos vivir si queremos un día ser un solo gran pueblo libre. - ¿Y qué sucede si Elrond es elegido para participar en esta misión? -preguntó Stefan observando detenidamente a su hermana mayor-. Sus habilidades de elfo lo hacen un perfecto espía al no ser detectado por nada ni por nadie. - Entiendo que tu pregunta busca ponerme a prueba –empezó a hablar Marion-. Confieso que desde el primer día que Elrond debió participar en la guerra, tengo el corazón muy estrujado al pensar que, en cualquier momento, el nombre de mi hijo podría aparecer en el listado de guerreros caídos, pero aun así lo sigo animando a ir a pelear junto a su padre, los dos únicos representantes de la especie élfica, porque entiendo que es nuestro deber defender a quienes desean ser libres y unirse a los demás pueblos sobrenaturales. Todo lo que pasaron Catalin y Thomas porque los vampiros evitaban la mezcla de especies por solicitud de Satanás, para evitar la profecía entregada cuando nació el primer vampiro con alma, no lo padecerán Kiram con Ileana, y mucho menos Lena con Darius. Mis sobrinos tendrán una mejor vida al lado de sus predestinados vampiros. Marianne tomó una de las manos de Marion al sentirse conmovida con el deseo de la hermana mayor por un mejor futuro para Kiram y Lena, los hijos con predestinados vampiros. Stefan entendió que el riesgo de la misión propuesta por las seis mujeres había sido evaluado por cada una de ellas, siendo conscientes que el éxito no estaba garantizado al ejecutar el plan que se prepare para tan osada incursión en territorio del Inframundo; sin embargo, no dudaban que era necesario arriesgarse para conseguir una oportunidad que permita la concepción del Híbrido, quien traería la paz. - Marion y Marianne, desde ahora les digo que, de ser aprobada esta misión por el Consejo de Guerra de los Aliados, a quienes propondré para participar en ella serán Elrond y Kiram -las hermanas intercambiaron miradas, y al reconocer que pensaban lo mismo, sonrieron al Alfa Höller, el hermano menor. - Estamos de acuerdo contigo -indicó Marianne-. Las habilidades de nuestros hijos los hacen los mejores guerreros para esta misión. Horas después, Stefan y Amelia pudieron reunirse con el séquito, Killari, Helmut y Haldir en la mesa oval de reuniones para discutir el tema. Al tener los puntos claros, la siguiente tarde, por comunicación remota, se reunieron con Eleazar, el Gran Hada; Declan, el Brujo Supremo; Wang Qiang, el Señor Felino, y con el Rey Morgan Dracul. Necesitaban exponer ante los líderes de cada pueblo sobrenatural la idea de incursionar en el Inframundo para recuperar al menos una piedra de luna, y ganar una pausa en la guerra para concebir al Híbrido. - El riesgo es muy alto para esa misión -señaló Declan, cuyo pueblo, junto con el de las hadas, había perdido varios de sus miembros por culpa de la guerra-, pero estoy dispuesto a aceptar que sea ejecutada con tal de evitar más muertes. - Pienso igual que Declan -indicó Eleazar-, y ya tengo en mente al hada de fuego que servirá de guía. - Por nuestra parte, hemos pensado en mis sobrinos Elrond y Kiram para que participen en esta misión -mencionó Stefan-. Elrond es un elfo con la fuerza de un licántropo, y Kiram un licántropo imperceptible al no tener olor ni hacer ruido en su desplazamiento. Son el tipo de guerreros que necesitamos. - Si va Kiram, Ileana querrá ir, es inevitable -añadió de inmediato Morgan-. Y si ella va, Darius lo hará también, así que la pareja de hermanos será los guerreros que representen a los vampiros. - Por parte de mi pueblo, enviaré a Erik Fisher y Pietro Lombardo -comentó Qiang, y Haldir miró de inmediato a Stefan. Al elfo le preocupaba que Cassie decidiera enrolarse en la misión para ir con su predestinado. La joven licántropa había pasado el entrenamiento de guerrero demostrando ser una de las mejores, por lo que calificaría sin problemas, pero para Haldir aún era su pequeña niña, y no la quería soltar para que participe en la guerra. - Ellos son híbridos, Qiang. ¿No sería mejor enviar a felinos puros? -consultó Stefan tratando de no evidenciar que estaba en desacuerdo con la elección de guerreros que hizo el Señor Felino. - Los he elegido por sugerencia de Diana –en la imagen que llegaba desde la Colonia de Ulán Bator, en Mongolia, apareció saludando con una enorme sonrisa Diana Tizoc, la compañera eterna del Señor Felino, la rescatadora de Caídos. - Saludos, Diana -dijo Amelia, sonriéndole a su compatriota, que nació con el don de ver espíritus, Celestiales y demonios, aunque era una humana. - ¡Hola, Amelia! -saludó Diana demostrando lo feliz que se sentía al ver a la hija de la Madre Luna. Luego aclaró su garganta y optó por un semblante serio-. ¿Puedo explicar por qué deben ir Erik y Pietro al Inframundo? -todos asintieron sin emitir palabra-. Sabemos que por parte de sus madres heredaron las habilidades de un guerrero felino, aunque su transformación no sea tan imponente como la de aquellos que son puros, ya que el tamaño de su versión animal no difiere por mucho de su versión humana; sin embargo, eso no los hace guerreros de menor rango, ya que han demostrado ser de los mejores que tenemos en el pueblo de los felinos -Diana hablaba, y la cara de admiración y amor que lucía Qiang empezaba a llamar la atención porque el serio y muy correcto Señor Felino parecía un adolescente enamorado-. Por el lado de sus padres, ellos descienden de familias entregadas al cultivo de la religión. El padre de Pietro fue sacerdote católico antes de decidir dejar los votos para unirse a Xiuying, y el de Erik un misionero protestante que dejó su acomodada vida para dar a conocer a Dios a olvidados pueblos en África y Asia, hasta que se topó con Ji-woo. Por la estrecha relación de sus padres con el Dios Supremo, ellos han heredado un don más: el de apaciguador de espíritus. Los jóvenes pueden hacer que los demonios desistan de pelear y se retiren por su propia voluntad. Cuando los conocí, los Caídos que me acompañan y reguardan me avisaron sobre el don que estaba depositado en ellos, pero que dormía al no haberse desarrollado, lo que en los últimos dos años hemos trabajado y logrado grandes avances -saber sobre las habilidades añadidas del par de híbridos de humano y felino fue una muy grata noticia. - No se diga más, ellos son perfectos para esta misión -comentó Morgan con una sonrisa que dejaba ver sus colmillos. - Entonces, tenemos a Elrond, Kiram, Ileana, Darius, Erik y Pietro para esta misión, además del hada de fuego que los guiará al equipo -detalló Eleazar. - Agrega a Cassie, una licántropa poseedora de magia sanadora, y Ania, una bruja con fuerza y regeneración celular de licántropa -soltó Stefan con un suspiro. Sabía que sus sobrinas no pararían de insistir en participar de la misión con tal de proteger a sus predestinados. - ¿Se han percatado que todos los participantes de la misión son muy jóvenes, o al menos lo aparentan? -señaló Declan-. Creo que necesitamos que alguien con mayor experiencia y destreza en el combate los acompañe, además del hada de fuego que Eleazar designe. ¿Tienen en mente a algún guerrero que pueda cumplir con dichas características? -en eso, la imagen de Abelard, el padre de Katha, apareció ante los reunidos en la mesa oval. - Mi Alfa y mi Luna, disculpen que interrumpa tan importante reunión -dijo Abelard haciendo una venia. El enorme guerrero licántropo había sobrevivido todo este tiempo a la muerte de su amada Aideen solo para apoyar a su hija y yerno, quienes habían tenido una cría después de darse cuenta que la guerra puede acortar el tiempo de vida de los sobrenaturales, por lo que ni Katha ni Klaus quisieron esperar más para convertirse en padres, habiendo nacido su hijo Keith un año después de la inmolación de la amada Aideen. - Dinos, Abelard, ¿qué te trae por aquí? -preguntó Amelia con ternura, ya que la tristeza con la que vivía el guerrero licántropo era tan grande que todos en la manada trataban de combatirla demostrándole amor. - Sin proponérmelo, escuché la conversación entre mi hija Katharina y la Señora Solís, quien llegó a casa hoy por la mañana para saludar y ver al pequeño Keith. Ahí me enteré de la posibilidad de que haya una misión especial que lleve a un grupo de guerreros de los aliados al Inframundo para recuperar las piedras de luna en poder de los demonios. Yo quiero participar en esa misión -la determinación de Abelard en su mirada opacó la tristeza que se había apoderado de ella desde que muriera Aideen. - Justo estamos discutiendo con los líderes de los otros pueblos sobrenaturales sobre ello -dijo Stefan mientras invitaba al guerrero licántropo a tomar asiento en una de las sillas alrededor de la mesa oval-. Habíamos llegado a la conclusión que necesitamos a un guerrero con vasta experiencia para que acompañe a los jóvenes que hemos elegido por sus habilidades y dones para esta misión. - Por favor, Alfa Stefan, entrégueme la misión de guiar a esos jóvenes guerreros. Por mi amada Aideen conozco el camino que lleva al Inframundo, y la convivencia con ella me hizo capaz de soportar altísimas temperaturas, así como que mi cuerpo se regenere más rápido ante las quemaduras, por lo que puedo aportar con algo más que mi experiencia en el combate a esta misión -recalcó Abelard. - La misión es muy peligrosa, casi s*****a -resaltó Morgan, quien notó en el licántropo la tristeza por haber perdido a su compañera eterna. - Lo sé, pero estoy dispuesto a dar todo de mí para lograr el objetivo. Mi ama Aideen se sacrificó en combate para evitar que los jóvenes mueran, y yo estoy dispuesto a hacer lo mismo. Que mi hija y yerno me hayan dado un nieto ha despertado en mí las ganas de luchar para dejar un mundo mejor para él, por lo que no temo entregar mi vida a cambio de conseguir el objetivo de la misión. Además, a largo plazo, mi vida no tiene sentido sin mi amada, por lo que en cualquier momento podría morir, y prefiero hacerlo peleando que postrado en una cama por lo deprimido que me siento -lo dicho por Abelard conmovió a todos, pero a la vez valoraron su espíritu combativo. - Me parece que hemos encontrado al guerrero experimentado que necesitábamos -recalcó Qiang, dejando en claro que aceptaba el ofrecimiento de Abelard. - Eres de los mejores guerreros que tenemos en la manada, Abelard. No podría confiar en nadie más que asegure el éxito de la misión y proteja a mis sobrinos, ya que los jóvenes que irán contigo al Inframundo son los hijos de mis hermanas y los predestinados de estos -remarcó Stefan sintiéndose orgulloso de Abelard por ofrecerse. - Gracias, hermano Abelard -agregó Eleazar, e hizo una venia-. Siempre fuiste digno de ser el compañero eterno de nuestra querida Aideen, un hada de fuego. - ¿Todos estamos de acuerdo con que Abelard Müller, guerrero Höller, sea el último m*****o de la misión de recuperación de las piedras de luna? -preguntó Declan para dejar cerrado el tema. Todos los líderes emitieron su conformidad-. Entonces, Abelard, ponemos en tus manos el futuro de la misión y la paz de nuestros pueblos. - Gracias por confiar en mí, no los decepcionaré. Estoy dispuestos a entregar mi vida con tal de asegurar un mejor mañana para los jóvenes como mi nieto Keith -dijo Abelard, y con ello la misión que llevaría a los guerreros sobrenaturales al Inframundo comenzó a ejecutarse.
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