El pueblo de lo Santos era en verdad hermoso. Caminar por sus grandes calles empedradas mientras se respiraba un ambiente de alegría de todos los habitantes provocaba que no dieran ganas de irse de ahí. Las casas en todas la direcciones eran muy altas y de muchos colores llamativos. Destacaban las amarillas, azules, rosas, anaranjadas y blancas. Con un diseño colonial que aún se conservaba. Las puertas era altas, de más de 2 metros y en su mayoría estaban de hechas de madera aunque había algunas que ya tenían de metal. En el centro del pueblo era la mayor atracción, había un kiosko donde algunas bandas y grupos musicales solían tocar. También era el lugar para practicar baile o teatro en grupos. Había otros que solo iban ahí para pasar el rato observando. De tras del kiosko una hermosa i

