Historia desarrollada a las afueras del pueblo de los Santos
Eliz corría desesperadamente por la yerba que en ese lugar había, como si tratara de escapar de alguien o de algo. Era esa adrenalina que pasaba por su cuerpo al sentir que corría a su libertad. El nuevo aire empezó a llegar a sus pulmones llenadola de vida, de nuevos pensamientos y de otra forma de vida. Su respiración era más ligera a la que había tenido durante 17 años en aquella casa donde vivía cerca de Lor. Dónde el aire ahí se sentía podrido y asfixiante. Más incluso cuando se acercaba a el.
Se detuvo un momento para disfrutar del verde paisaje que para ella era un paraíso. Identificó que era una pradera por los libros que había leído en su habitación y por las descripciones y pláticas de Ismael. Era muy hermoso, mucho pasto verde, yerba alta con algunas flores amarillas y blancas. Se agachó para tomar una y deleitarse con su aroma suave que le trasmitió tranquilidad.
Recorrió caminando varios metros mientras sus ojos brillaban con el resplandor del hermoso paisaje.
A lo lejos vió algunas reses pastando y caminando tan libres que le contagiaron ese sentimiento. El sol de medio día cubría con sus rayos el pastizal mientras provocaba un calor acogedor con ganas de acostarse ahí todo el día
Eliz aún no era consciente del peligro que corría. Pensaba que tal vez nadie notaría su ausencia y si lo hacían solo se preguntarían a dónde fue. Pero no creía que alguien la fuera a buscar. Se sentía tranquila, se acostó en el pasto, cortó flores e intentó socializar con algunos animales que había ahí, conejos, becerros, aves, ardillas entre otros inofensivos. Caminaba felizmente por aquel lugar.
El cielo estaba completamente azúl con pocas nubes blancas muy bellas que incluso hacían figuras de animales, rostros y figuras geométricas.
Decidió llegar hasta donde estaba un pozo con agua muy cálida y templada para darse un baño. Se quitó su ropa característica, la que casi había usado todos los días durante su estancia en la casa del gobernador. Una blusa blanca que apenas le quedaba justa, un pantalón de mezclilla muy cómodo de color azul y unos zapatos negros con un moño en la punta. Se la quitó y antes de sumergirse en el agua la lavó y la puso en un espacio donde el sol la irradiaba con sus rayos. De su enorme maleta sacó un cambio nuevo, ropa que casi no usaba más que en ocasiones especiales. Era un vestido color vino con un decorado de flores, también había un mayon color rojo liso y unos guaraches muy coquetos de color café. Los puso cerca de ella para poderse cambiar en cuanto salera del agua.
Se sumergió y sin tener experiencia para nadar se dejó llevar por la poca cantidad de agua que había ahí pero alcanzaba para que se sumergiera para cubrir su hermoso cabello n***o. Lo hacía una y otra vez sintiendo como el agua le relajaba su cuerpo y quitaba la suciedad de la piel. Se divertía con una rana que estaba cerca lanzándole agua y provocando que saltara constantemente. También había una tortuga que al notar su presencia se refugió en su caparazón para pasar desapercibida. Pero Eliz la tomó y la metió al agua para que nadara a su lado. La tortuga se soltó y en el agua dejó el temor para nadar con su compañera.
El tiempo avanzaba y entre tanta diversión Eliz comenzó a sentir hambre. Salió del agua y se secó con una playera que estaba en su maleta también. Una que casi no usaba pero que a Ismael se le hizo buena idea incluir. Se secó rápidamente pues el viento le provocaba mucho frío y necesitaba terminar rápidamente. Se cambió y se amarró el cabello después de secarlo un poco.
Revisó que en la maleta había un poco de comida y agradeciendo en voz alta gritaba el nombre de Ismael.
Su comida era un poco de fruta como manzanas y plátanos, un guisado de arroz y mucho pan del que era su favorito. También había agua embotellada que complementó sus alimentos.
Mientras los comía pensaba en que seguiría para ella. Su vista solo había sido deleitada por la pradera y su alrededor pero decidió que ese no era un lugar ideal para ella. La noche llegaría y también las lluvias y necesitaría un lugar para quedarse. Trató de ubicar en donde estaba y qué podía haber cerca. Ismael le había hablado de tantos lugares pero no el como llegar.
Detrás de algunos árboles, que tapaban un poco su visión pudo ver poniendo atención un pueblo no muy lejos de ahí.
-Debe ser el pueblo de los Santos, donde Ismael salía a pasear y compraba este maravilloso pan. - Decía Eliz consigo misma.
Del pueblo resaltaban algunas contrucciones que eran las más altas como la iglesia, que estaba casi en el centro del pueblo. También se veía una central de autobuses más a las afueras. Del lado este se apreciaban dos edificios muy largos, uno detrás del otro. Y por supuesto la alta torre del reloj que anunciaba la hora a los habitantes del pueblo.
-¡Que emoción, ya quiero llegar ahí! -Exclamaba mientras mordía su manzana. -Pero iré más tarde, disfrutaré un poco más aquí.
Eliz había escuchado muchas historias de ese pueblo, con lo cual podía hacerse muchas ideas de que hacer o a dónde llegar. Planeaba cada paso que daría con tanta emoción como un niño cuando va al parque. Se moría por conocer el centro del pueblo, la plaza, el kiosco, la iglesia, caminar por las calles empedradas, conocer personas, mirar las casas y las costumbres de los habitantes. Todo parecía un hermoso sueño al cuál por fin tenía acceso.
Terminó de comer casi toda la fruta y se sintió un poco cansada después del baño. Se recostó poniendo algo de ropa como almohada y recorriendo la maleta muy cerca de ella. Guardó el resto del pan y mirando el cielo comenzó a cerrar sus ojos para dormir un poco. Lo hizo con una gran sonrisa y tranquilidad que era envidiable su nobleza e inocencia.
Su siesta duró 40 minutos, tiempo en que su cuerpo se recuperó y relajó completamente. Pero su mente estaba estresandose por no poder despertar de un sueño que le aterraba.
-¡Por favor sueltenme! -Gritaba dormida. -¡No me lleven por favor!
Eliz soñaba que los guardias de Lor la perseguían y capturaban, llevaban la misma vestimenta que ella recordaba, trajes negros y camisa blanca pero sus rostros eran distintos. Carecían de humanidad, tenían facciones de monstruos deformes con colmillos cafés y labios ensangrentados. No tenían cabello y unas orejas puntiagudas salían del costado de su cabeza. Ellos la arrastraban con mucha agresión por las calles del pueblo hasta que llegaban a la casa de Lor. Ahí el estaba parado, joven como ella nunca lo había visto. El tenía una actitud calmada mientras un chico joven estaba a su lado. No pudo ver el rostro del chico solo escuchaba su voz que decía. -Gracias por este regalo padre eres el mejor. -De pronto Lor se volvía gigantesco y emanaba una obscuridad muy penetrante que jalaba a Eliz hacía el, como un hoyo n***o succionando todo lo que le rodeaba. Ella era absorbida y caía constantemente por esa obscuridad hasta que tocó fondo y se golpeó. Al levantarse pudo ver de nuevo al chico pero está vez si le veía el rostro y era uno aterrador. Colmillos demasiado largos que llegaban a su cuello, grandes y gruesos como barras de metal y unos ojos grandes de color blanco que la hipnotizaron momentáneamente.
Ella caminó hacia él sin resistencia, mientras el gruñía hasta tomarla en sus brazos, la besó y Eliz se liberó del encanto de la hipnosis solo para cruzarse con la realidad donde el le clavaba sus colmillos en sus labios y le succionaba la vida misma y su alma. Era un trance, no sentía dolor, solo que algo salía de ella. Estaba calmada, no peleaba por liberarse, volvía a estar en un estado de relajación hasta que un grito la alteró.
-¡Awwwww! -Eliz intentaba reaccionar pero el chico no la soltaba. Seguía escuchando el grito de dolor a lo lejos pero tan claro que parecía ser el único ruido cercano a ella. -Awwww, Awwwww, Awwwww. -Cada vez era más fuerte y constante el grito hasta que Eliz consiguió despertar de su sueño.
Abrió los ojos exaltada por aquella experiencia, nunca había vivido un sueño así de real. Se tocó sus labios y confirmó que todo estaba bien en ellos, se sentó para recuperar la tranquilidad viendo que aún se encontraba en aquella hermosa pradera. -Awwww, Awwwww -Se seguían escuchando los gritos aunque ella ya estaba despierta. Pudo detectar que venían del otro lado, detrás de unas enormes piedras que estaban a su izquierda. Era una voz con mucho sentimiento y parecía de una mujer por su tono. Se levantó y se dirigió ahí para ver quién daba esos gritos de dolor.
Eliz se acercó a las rocas cuidadosamente para ver quién se quejaba y lloraba así. Al asomarse vió a una chica como de su edad llorando desconsoladamente. Sin titubear dejó que su espíritu amistoso se apoderára de ella y se acercó para saludar.
-¡Hola! -Gritaba para sorprender a la otra chica.
-¡Ayyyy! -Gritó asustada.
-Lo siento, no te quería asustar. -Continuaba Eliz mientras movía sus manos para calmarla.
-¿Quién eres tú? -Se calmó un poco al verla.-Me asustáste.
-Siento mucho haberlo hecho, mi nombre es Eliz y estaba por aquí cuando te escuché llorar.
-Si, vine aquí a sacar mi llanto porque pensé que nadie estaría aquí. Pero tú estás y me interrumpíste.
-Oh lo siento mucho, pensé que si alguien estaba triste necesitaba ayuda.
-No te preocupes. -Respondía mientras se secaba sus lágrimas. -Soy Darinka y tú ¿Qué haces por aquí?
-Yo am... -Eliz no sabía que responder, dudaba que su historia pudiera ser algo creíble. -Vengo de visita al pueblo de Los Santos pero me perdí.
-Yo vivo en ese pueblo. -Respodió muy animada. -Puedo mostrarte el camino si quieres.
-Claro que si, me encantaría. -Ser sociable no era un problema para ella. -Pero primero cuéntame ¿Por qué estás triste?
-Pues estoy triste porque nadie me quiere. Mis padres siempre están enojados conmigo, me regañan porque suelo ser un poco torpe. Por mis calificaciones en la escuela. ¡Simplemente no me quieren! -Se llevó las manos a su rostro para taparlos. -Además mi novio tampoco me quiere, el me ha dejado ayer. Lo hizo tan tranquilo como si no me quisiera. Hoy lo vi hablando con otras chicas y jugando fútbol ¡Mientras yo estoy destrozada! -Empezó a llorar nuevamente -Y por si fuera poco no tengo amigos, me siento sola.
Eliz no hizo más que observar y sentirse un poco mal por su plática pero hubo algo que si puedo hacer. -Yo puedo ser tu amiga si quieres.
-¿De verdad? -Preguntaba quitándose las manos de los ojos. -¿Por qué si no me conoces?
-No, no te conozco pero tampoco tengo muchos amigos, solo uno pero creo que nunca lo volveré a ver.
-Que triste oír eso, pero creo que es bueno escuchar que también hay más personas tristes. -Se levantó de un brinco. -¡Si quiero ser tu amiga!
-Muy bien, entonces¿Te parece si vamos juntas al pueblo? Ya se hace tarde y tengo que buscar donde dormir.
-Yo conozco un lugar al que puedes ir. -Le decía emocionada.
-¿Enserio? llévame por favor.
Las dos tomaron sus cosas y pusieron rumbo al pueblo de los Santos.
-¿Y de dónde vienes? -Preguntaba Darinka mientras caminaban al pueblo. -¿Por qué una chica tan joven viaja sola?
-Es una larga historia, de dónde vengo digamos que es un lugar feo y lejos. El porque viajo sola es porque tuve que huir de ahí porque me querían tener encerrada.
-¿Qué cruel historia? -Decía mientras la miraba con ternura.
-Pero hoy no quiero pensar en eso, quiero hacer una nueva vida aquí y sentirme libre.
Las dos caminaban pasando una plática agradable y amena. Reían y se burlaban de cosas se la vida como si eso las aliviara. Habían hecho una química como si fueran amigas de toda la vida. Si alguien las escuchaba no creerían que acababan de conocerse.
Llegaron a la entrada del pueblo de los Santos contemplando un gran monumento. Un hermoso arco de piedra y debajo de el un hombre con un sombrero montando a un caballo. Una placa que decía "En honor al revolucionario Emilio Zapa" El pueblo de los Santos había sido la cuna de varios revolucionarios que habían dado la libertad a ese país.
Eliz lo contempló muy contenta y más por fin haber llegado ahí y comenzar su nueva vida. Juntas avanzaron para entrar.
El pueblo de lo Santos era en verdad hermoso. Caminar por sus grandes calles empedradas mientras se respiraba un ambiente de alegría de todos los habitantes provocaba que no dieran ganas de irse de ahí.
Las casas en todas las direcciones eran muy altas y de muchos colores llamativos. Destacaban las amarillas, azules, rosas, anaranjadas y blancas. Con un diseño colonial que aún se conservaba. Las puertas eran altas, de más de 2 metros y en su mayoría estaban hechas de madera aunque había algunas que ya tenían de metal.
Ell centro del pueblo era la mayor atracción, había un kiosko donde algunas bandas y grupos musicales solían tocar. También era el lugar para practicar baile o teatro en grupos. Había otros que solo iban ahí para pasar el rato observando. De tras del kiosko una hermosa iglesia que solo se habría los fines de semana. Aunque no era la iglesia principal del pueblo tenía mucha demanda tanto para atracción turística como para celebraciones religiosas.
Justo un lado estaba el mercado, donde se podía encontrar todo tipo de productos para preparar la comida en los hogares de los habitantes, herramientas de la casa, algunos puestos de animales y otros más vendían artesanías. En la parte de arriba del mercado estaban todos los puestos que vendían la comida típica del lugar como los "shanks".
En todo el centro las casas se convertían en locales de comercio. La parte de abajo de cada una la adaptaban para vender ropa, posters, tacos, plantas, muebles de madera, locales fotográficos, joyerías, aparatos, en fin, una gran variedad para escoger. Aunque los grandes lugares los ocupaban comercios como bancos y tiendas grandes con marcas de prestigio.
A todas horas había muchas personas caminado por ahí. Los habitantes lo hacían para hacer sus compras o llevar a sus trabajos pero también había muchos turistas tanto nacionales como internacionales y ellos caminaban para tomarse fotos, comprar algunos productos o simplemente distraerse.
El pueblo también contaba con algunos lugares turísticos como el museo de la revolución conmemorando que fue un lugar activo durante dicha lucha. El museo de los sustos que incluía algunas participaciones de actores interpretando papeles de creaturas místicas o de leyendas populares. Tambíen había museos de arte y no era para menos pues de ahí había salido una pareja de pintores muy populares en el país.
Llendo al sur había casas con unos hermosos balcones a los cuales podían subir pagando la entrada y cruzar por ellos mirando la parte baja de la ciudad. Era una vista hermosa donde además se podía apreciar el gran lago a lo lejos.
-¡Hemos llegado, aquí es un excelente lugar para que te quedes. -Contenta informaba Darinka a Eliz mientras llegaban ambas con una sonrisa. -Te diría que puedes quedarte en casa, pero no estoy muy segura que a mis papás les agrade la idea. Somos siete hermanos en una casa muy pequeña, como entenderás los problemas no sobran y la comida y el espacio hacen falta.
-No te preocupes, yo de ninguna manera te daría problemas. Además este lugar es muy bonito y te agradezco por haberme traído.
Habían llegado a la posada del pueblo, un lugar que conservaba el estilo rústico de la arquitectura colonial. Era un lugar alto, con 3 pisos en su contrucción.
La fachada era de color naranja con arcos blancos que sobresalían de las puertas y ventanas que tenían esa misma forma. Los cristales eran algo obscuros pero daban una vista hermosa. Además había pequeños balcones en algunas ventanas y en ellos muchas macetas muy coloridas y plantas verdes con flores. La más destacada eran los girasoles. Los balcones estaban hechos de hierro dando un toque de elegancia con su color n***o. En la parte de hasta arriba y como acabado se perdía el seguimiento de los arcos para dar lugar a una en forma de nube y justo arriba un triángulo que en su interior estaba el letrero con el nombre "Posada Santa María"
Eliz entró acompañada de Darinka después de subir un par de escalones.
Al entrar se encontraron con una decoración igual de bonita y con un ambiente tranquilo. Era como un sueño para ella conocer el mundo empezando por lugares así, llenos de cosas bonitas y con grandes cosas por descubrir.
-Venga, vamos a preguntar. -Ofrecía Darinka mientras caminaban a la recepción. -Te va encantar el lugar.
Eliz un poco lenta tanto por la timidez como por el ir observando el lugar avanzaba detrás de ella.
-¡Buenas tardes señoritas! -Saludaba al verlas la posadera del lugar. -¿Qué puedo hacer por ustedes?, ¿Vienen a ofrecerme algo?
-¿Ofrecerle algo? ¿A qué se refiere?
-Bueno generalmente vienen personas jóvenes a venderme algo.
-No, no para nada. -Movía la cabeza y las manos en forma negativa. -Mi amiga está buscando un lugar para quedarse.
-¡Que maravilla! Este debe ser mi día de suerte.
-¿Por qué? -Preguntaba intrigada.
-Hacía tiempo que no tenía inquilinos aquí y este día he recibido a dos personas, en la mañana llegó un hombre forastero y se quedó con una habitación. Me dijo que era un investigador privado ¡Que emoción! ¿No creen? Mi posada subirá de prestigio.
Las dos niñas solo pudieron sonreír ante la loca alegría de la posadera.
-¿Cuántos días te quedarás aquí niña?
-Ammm aún no se pero será un largo tiempo señora. -Respondía un poco nerviosa.
-Tanto mejor para mí, pero tienes que pagar algo por adelantado ¿Si tienes dinero verdad?
-Mire ella es prima y viene de muy lejos. -interrumpia Darinka. -Sucede que tuvo un problema y tuvo que venir al pueblo pero nosotros somos muchos en casa y pensamos que estará más cómoda aquí. Ella conseguirá un empleo y nosotros le ayudaremos con algunos gastos. ¿Podría esperarnos con el pago?
-Ya veo y entiendo la situación. -Respondía objetiva cruzando los brazos -¿Pero que garantía tengo que en unos días no se irá sin pagar?
Las dos se vieron interrumpidas por su conversación al escuchar las palabras de Eliz.
-Le puedo dejar está pieza como garantía. -Mostró un objeto en forma de ave, con algunos símbolos raros pero lo más llamativo es que era de oro -¿Lo puede aceptar como muestra de buena fe?
-Niña, ¿De dónde sacaste algo así? -Estaba demasiado sorprendída -¿No estarás huyendo por haberlo robado verdad?
-No señora un amigo me hizo la maleta y al revisar ese objeto estaba ahí, seguramente lo puso para mis gastos aunque también puso dinero en la maleta.
-Guarda bien eso, yo prefiero el dinero.
El contrato se hizo para que Eliz se quedara instalada en la posada del pueblo. La posadera fue muy amable con ella y la llevó a su habitación justo en el primer piso.
-Estas habitaciones son las más grandes y cómodas, especialmente para ti pequeña. Encontrarás mucha tranquilidad ya que no hay muchas personas instaladas. Así es esto a veces tienes toda la comodidad para ti entonces y cualquier cosa que necesites puedes llamarme y con gusto te ayudaré. Me imagino que tú prima te llevará a conocer el pueblo pero si necesitas alguna información también te puedo ayudar. -Era notoria su fascinación por hablar. Tal vez la soledad en su posada le hacía querer conversar con quién sea. -Aunque tiene mucho tiempo que no salgo de este lugar, he estado esclavizada por años aunque ya no sea un negocio tan rentable.
-¿Esclavizada? ¡Que horror! ¿Por quién?
-Excelente pregunta pequeña, no hay nadie que me esclavice excepto yo misma. Creo que cuando uno se hace grande y tiene responsabilidad se aisla con tal de atender su negocio o sus sueños. Aunque este lugar realmente nunca fue mi sueño ni proyecto, era de mi esposo en paz descanse. Por el iniciamos este lugar y después de su muerte he estado aquí fiel.
-Lo siento mucho. -Respondía Eliz con cara triste. -Pero creo que nosotros no debemos esperar a que la vida se nos vaya, debemos salir y disfrutar.
-Que niña tan sabia. -Tenia los ojos llorosos. -Bueno te dejaré instalar y después platicamos.