La ojiverde despertó sintiendose bien ¿Qué clase de lunes era ese? Se le sentía sabor a viernes. Incluso cuando se había tenido que levantar más temprano para hacerse su delineado y arreglarse un poco más de lo usual, consejo de Dafne.
La chica bajó a desayunar una vez que estuvo lista, las miradas sobre ella cayeron al instante y se mantuvieron, la miraban como si se tratara de una extraña pero ella ya sabía por qué.
A pesar de sorpresa, en el rostro de Sarah se veía ¿alegría? La verdad a la mujer le había gustado mucho que su hija luciera así, como la señorita que ya era y no como una niña que solo se cepillaba el cabello y los dientes antes de salir.
Por su parte, Noah sintió que lo hacía por algún muchacho y sus celos de padre se hicieron presentes, no con palabras porque tampoco quería molestar a su hija o a su esposa que se nota a feliz con el cambio sutil pero bastante repentino de Keily, simplemente los sintió.
Una vez estando en la escuela pasó lo mismo, aunque ahí sí hubo un poco más, preguntas, bromas, cumplidos, era una Keily un tanto distinta en un aula llena de adolescentes ¿Qué más se podía esperar?
Ella trató de no sonrojarse o de no sentirse intimidada, simplemente aceptó lo que le decían Y dejó que el día siguiera.
Nora, su amiga más cercana incluso la felicitó por acercarse un poco más a su lado femenino, claramente fue una broma en doble sentido puesto conocía que Keily era gay y está además ya le había contado el pequeño proyecto entre ella y su vecina.
Fue cuando se encontraba en una mesa de los jardines de la preparatoria comiendo junto a su amiga que apareció Dafne como si hubiera salido de la nada ya que no la esperaba.
— Hola —exclamó tomando asiento — y hola amiga de Keily —, añadió refiriéndose a la morena que estaba junto a ella.
— Nora —aclaró su nombre.
— Claro, creo que Keily ya te ha mencionado antes —le respondió con una sonrisa.
— Debe ser, no puede vivir sin mí o sin recordarme cuando no estoy con ella.
Dafne frunció ligeramente el entrecejo pero de inmediato optó por ignorar esa pequeña sensación en su pecho, se trataba de una amiga de la ojiverde, nada de que preocuparse, además aunque fuera algo más no tendría por qué hacerlo.
Celos, definitivamente fue una diminuta ola de celos lo que sintió pero prefirió pretender que no lo había hecho.
Que bien que Keily intervino haciendo que así nadie se diera cuenta de la expresión que por milésimas de segundo se formó en la castaña, la voz de la ojiverde también condujo a Dafne de vuelta a la realidad.
—¿Qué es lo que haces aquí? —cuestionó Keily al instante en que Nora terminó de hablar.
— Te dije que vendría a supervisar.
— ¿No tienes clase?
— Justo ahora no, hasta dentro de veinte minutos —indicó observando su reloj, por suerte no estaba tan lejos de su facultad.
— ¿Cómo entraste?
— Caminando, óbvio.
Keily rodó los ojos ante la respuesta tan sarcástica, pero es que tampoco su pregunta había tenido mucha lógica, era una escuela preparatoria, no había vigilancia tal d en banco o algo así, además de que Dafne lucia como una estudiante más.
— Claro, pensé que volando.
— Keily, háblale a tu mamá, hoy saldré antes así que te llevare al peluquero conmigo.
— ¿Para qué?
— Pues para seguir tachando puntos de la lista. Hay que arreglarte el cabello y quitarte esas uñas de pasiva floja.
— Oye —replicó la menor mientras Nora reprimía una carcajada.
— No te quejes, las tienes largas y a la vez mordidas, sin contar tu barniz a medias —dijo sujetándole una mano para verlas de nueva cuenta y recalcárselo a Keily.
— Deja de molestar —mencionó soltándose y ocultando ambas manos bajo la mesa —. Se me olvidó pintarlas ayer, alguien ocupó todo mi domingo.
— Seguro— contestó con sarcasmo.
— No es cierto, yo soy testigo de que las anda así todo el tiempo —intervino Nora.
— Te esperaré en este lugar —dijo sacando una ter jeta de su bolsillo y entregándosela —entra y pregunta por mí, si no he llegado entonces pregunta por Bryan,aunque dudo llegar después que tú. Se puntual, dos de la tarde —finalizó Dafne poniéndose de pie.
— Oye ¿y si no me dan permiso? —cuestionó a filme te antes de que la castaña se alejara.
— Haz lo que sea por no fallarme —respondió alzando la voz y sin detener su andar.
Nora le quitó la tarjeta en cuanto Dafne ya no estaba cerca.
— Pensé que su pequeño experimento no era tan serio —comentó la morena mientras leía.
— Yo también —indicó la ojiverde —, pero es divertido.
— Sí obvio. Tu vecina está muy buena.
— ¿Qué insinúas?
— Nada. Solo fue un comentario. Es raro que aceptes todo ese tipo de cosas, eres muy floja para arreglarte y ahora lo estás haciendo.
— Estás mal, ya se que que tu pequeña mente está creyendo.
— To lo intenté varias veces y ni caso me hiciste. No insinuó nada, te lo digo a la cara. Ya sabes de lo que hablo.
— Error, Nora. Ya te dije que lo hago por una de sus amigas.
— Ok, pretendo que te creo mientras tú pretendes que no te gusta tu vecina.
— La conozco de siempre.
— Igual a mí y no me ves con cara de querer morder mi trasero cuando camino.
— ¿Cómo lo sabes? Estas de espaldas cuando veo tu trasero así que nunca podrás percatarte de si lo hago o no.
Cuando las horas de escuela tarminaron Keily se despidió de Nora y habló a su casa y la voz de su mamá se hizo presente tras la línea.
— Mami —dijo lo más agradable posible.
— ¿Qué es lo que vas a pedirme? —la conocía bien y Keily no era muy cariñosa.
— ¿Puedo llegar tarde a casa?
— Sabía que no podías ser tan linda para hablarme así sin buscar nada a Cambio.
Keily rodó los ojos inconscientemente agradeciendo no tener en frente a su mamá puesto que de ser así le hubiera dado un buen sermón por hacerle esa cara.
— ¿Puedo o no?
— ¿A dónde iras y con quién?
— A la biblioteca.
— Ajá.
— De verdad. Iré con una amiga.
— ¿Qué amiga? —cuestionó.
— Una amiga.
— ¿Quién? ¿Nora?
— No, es otra. Tenemos un proyecto.
— ¿Qué tan tarde llegarás? —seguía cuestionando pareciendo del FBI.
— No estoy muy segura de cuanto tiempo nos lleve pero estaré antes de las seis.
— Esta bien, cariño. Solo porque es un proyecto de la escuela.
La ojiverde sonrió aunque nunca dijo que fuese un proyecto para alguna clase.
— Gracias mamá.
Colgó y se fue lo más rápido que pudo hacia el lugar que la castaña le había indicado.
Dio un último vistazo a la tarjeta confirmando estar en el sitio antes de atravesar la puerta de entrada, el olor a cosméticos y calor inundó su nariz al momento de estar dentro.
Miró a la derecha y una chica joven en la recepción le ofreció una sonrisa.
— Bienvenida, cariño ¿Buscas algo en especial? —le cuestionó.
Keily se acercó más a ella.
— No realmente —respondió y cuando notó que la chica se disponía a leerle todo lo que podían ofrecerle Keily volvió a hablar —. Busco a alguien. Dafne.
— Oh seguro —exclamó aún sonriendo — Keily ¿cierto?
— Sí —respondió la menor.
— Me dijo que vendría una niña de ojos verdes, creí que se trataba de una niña pequeña pero ya veo que no —comentó con una pequeña risilla escapándose de sus labios.
Keily se sonrojó un poco ante lo dicho.
— Claro —fue lo único que pudo decir puesto que realmente sentía calor en el rostro.
— Lo siento, no quise avergonzarte. Dafne llegó hace un momento, espera aquí —, indicó subiendo unas escaleras.
Una vez que la chica se fue, Keily se dio el tiempo de observar todo a su alrededor, el área de recepción era linda, los sillones, los catálogos, las revistas, la decoración, incluso la misma recepcionista.
La chica no tardó mucho en volver con Dafne tras ella.
— Lo, que puntual —dijo la mayor al verla.
La menor sonrió en respuesta mientras se encogía de hombros.
Dafne acarició la punta de la nariz de la ojiverde y, luego de que la otra chica volviera a su área de trabajo, la castaña se acercó para indicarle algunas cosas que Keily no logró escuchar.
La mayor tenía planeadas algunas cosas para su vecina pero eran una sorpresa, una vez que terminó con el registro de Keily la tomó de la mano y la llevó escaleras arriba, con cada paso más cerca del piso siguiente el aroma que se sentía en la recepción se hacía más fuerte.
— Vamos a que conozcas a Bryan, le he estado hablando de ti —indicó Dafne al llegar.
Un chico de mirada clara y piel blanca se acercó a Dafne, la castaña soltó a la ojiverde y le susurró algo al oído al chico para luego cruzar un par de palabras con él. Se miraban bastante cómodos charlando y con estando demasiado juntos.
Keily hizo una mueca sin darse cuenta al ver como Dafne lo abrazaba.
Carraspeó llamando la atención de los chicos.
— Hola, debes ser Keily.
— La misma —afirmó la menor.
— Bienvenida, pequeña —le dijo el chico frente a ella.
La hicieron pasar con una chica a la que Bryan le dio instrucciones.
Keily no podía dejar de ver como el chico lavaba el cabello de la castaña mientras conversaban, estaba siendo absurda al sentir celos, primero porque Dafne no le gustaba y segundo porque su vecina era lesbiana ¿por qué celarla por un chico?
Los celos son absurdos, tanto que no los comprendía aún pero estaba casi segura de que era eso lo que estaba sintiendo, aunque esperaba estar confundida porque Dafne ni estaba interesada en ella.
— Deberías estar relajada ¿sucede algo pequeña? —cuestionó la chica que la arreglaba en un tono dulce.
La ojiverde volvió a la realidad tras escuchar eso y casi se infarta al notar que le estaban cortando el cabello que fácilmente le llegaba a la cadera. Se sorprendió y solo pudo reprimir en la garganta la sensación de soltar un grito.
Ok, esperaba que al menos el resultado final valiera la pena, sería ridículo ponerse a llorar en ese momento por un corte, ya no tenía diez años de edad.