— Así que me quedé encerrada. Literalmente volví al armario —dijo Dafne mientras Danna no paraba de reír por la historia que le estaba contando. — Lo que no entiendo es que hacías en la habitación de tu vecina a esa hora. — Siempre voy o ella va la mía, sabes que a su mamá no le gusta mucho la idea de que pase tiempo conmigo así que aprovechamos la noche para charlar —se escusó la castaña. — Existen los teléfonos, par de cavernícolas. —No es lo mismo, hace falta el… ya sabes, contacto con la gente, eso no lo obtienes en una charla telefónica ¿me entiendes no? — Ajá, claro —respondió con sarcasmo —. Y ya me imagino de qué tipo de contacto —añadió en un susurro. — Oye, te escuché abusiva —replicó Dafne. —Como sea ¿Cuánt

