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622 Palabras
Una mirada esmeralda oculta tras la oscuridad observaba atentamente a través de su ventana, era la rutina nocturna de Keily.   La habitación de su vecina de dieciocho años estaba justo frente a la de ella, la estudiante de economía, Dafne, era una castaña de ascendencia latina bastante sexy ante los ojos de cualquiera, era inevitable no espiarla mientras se cambiaba luego de tomar una ducha.   Se acomodó mejor para no perder de vista ningún movimiento de la universitaria, esta le dio la espalda y se introdujo en su pijama, Keily no podía tener mejor vista del trasero de la mayor, se mordió el labio cuando la vio inclinarse por algo, luego un ruido la hizo sobresaltarse, solo fue su celular, leyó el mensaje y era de quien menos esperaba.   «Deja de espiar mocosa» escribió Dafne.   La ojiverde sintió el rostro caliente y cuando volvió a ver al exterior la ventana de su vecina ya estaba cerrada.   Maldijo internamente porque no pudo seguir observándola y aún más porque nuevamente la había descubierto mirándola.   «No estaba espiando» respondió antes de meterse a la cama.   «Entonces que lastima, te lo perdiste» contestó la mayor casi de inmediato, disfrutaba poner incómoda a la adorable Keily.   Dafne se reía en su habitación pensando en el rostro sonrojado que debería tener su vecina en ese momento, era bastante graciosa cuando sus mejillas se coloreaban a tal grado que parecía que explotarían, bueno ella también era así a los quince, no la culpaba.   Keily decidió ignorar ese último mensaje, se cubrió completamente con sus sábanas y se dispuso a dormir, esperaba no encontrarse con Dafne por la mañana.   No la mal entiendan, a la ojiverde le agradaba su vecina aunque la molestara tan seguido por cualquier motivo ya que Dafne, además de linda, era amable y estudiosa, era una especie de orgullo en la familia Cabello y los padres de Keily, Noah y Sarah, se la pasaban poniéndola de ejemplo a sus hijos.   Bueno esa afición en el barrio por sacar el tema de la vecina perfecta había disminuido un poco cuando hacía un par de años la castaña había salido del armario, pero una vez que todos terminaron de asimilarlo Dafne volvió a ser la estrella del vecindario.   Volviendo con Keily, durante la mañana, en el transcurso que tomaba una ducha y terminaba de arreglarse para ir a desayunar antes de salir a la escuela, todo marchaba perfecto hasta que al salir de casa junto a sus hermanos se topó a su vecina saliendo justo en el mismo instante que pasaron frente a su casa.   Keily bajó la mirada y pretendió no observarla sin embargo su hermano y hermana no hicieron lo mismo, Dafne solía ser muy dulce con los niños, sobre todo porque ella también tenía una hermana pequeña, así que Larry y Tefy se detuvieron a saludarla, por consiguiente Keily también tuvo que hacerlo.   Siempre era bastante incómodo ver el rostro de Dafne luego de que está se la pasará haciéndole bromas en doble sentido o se percatara de que la espiaba pero qué más daba, tenía que disimular frente a sus hermanos ya que estaban dejando de ser unos mocosos y podían entender su nerviosismo frente a la castaña, además eran una chiquilla de diez años y un chamaquito de trece bastante precoces, bueno tenían que ser sus hermanos.   Luego del incómodo momento se retiró, el camino a la escuela la hizo olvidar el bochornoso momento que vivió por la noche y así fue por el resto del día, siempre superaba bastante rápido las vergüenzas propias que le hacía pasar su vecina pero igual bastante rápido llegaban nuevamente, solo rogaba a Dios que eso cambiara un poco ya que la castaña parecía no querer hacerlo por su cuenta.      
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