Un Bruno bastante molesto, más decepcionado que cabreado, esperaba caminando de un lado a otro en la sala de su casa. Keily y Dafne terminaron de vestirse sin decir nada, ni una palabra desde que el papá de la castaña las interrumpió y solo salieron prácticamente disparadas de la cama a recoger sus prendas. Una vez que la menor estaba completamente presentable Dafne la detuvo antes de salir. Le arregló un poco la melena alborotada y le dio sus apuntes puesto que ya hasta los estaba olvidando. — Creo que voy a vomitar —dijo Keily cuando Dafne finalmente abrió la habitación. Literalmente se habían alistado en menos de tres minutos, además las habían encontrado en el momento menos oportuno, era normal que se sintieran aturdidas. Quizá Dafne más aterrada que otra cosa por

