capítulo 32

1761 Palabras
Jazmín. Hace semanas que Andrew se fue, dejando esta gran soledad en mi. Hizo la promesa de comunicarse conmigo o enviar una carta, así que todos los días me siento en el frente de la cabaña a tomar un delicado té de manzanilla; con la esperanza de que llegaré a saber de su existencia nuevamente. Me he sentido mal estos días, así que después de desayunar siempre me dirijo a casa del señor Héctor y la señora Lucia para pasar el día con ellos, son mi padres prácticamente. Después de que llevo casi 7 meses viviendo aqui. La conexión que he hecho con ellos es inigualable. La habilidad de la señora Lucia de ver el futuro es un gran talento que quisiera tener, lástima que por su edad ella no puede ejecerlo igual. Decido levantarme de la cama y dirijo mis pasos hacia la sala, en busca de unas sandalias y un abrigo para irme de nuevo a casa de la señora Lucia. Salgo de la cabaña y camino hasta llegar a la puerta trasera de la casa y entro. Y ahí se encuentra como siempre, sentada en una mecedora tejiendo medias de bebé para luego ir a venderlos en el pueblo. Después de un largo rato, comienzo a sentirme mal. Al parecer no me había sentado bien el olor de la comida, me dolía fuertemente el estómago. Acabe por ir corriendo hacia afuera. Lucía me mira preocupada—¿Estas bien?—me pregunta. Me miré en el espejo, me veo pálida, N creí que me sentiría tan mal. —Eso creo—le doy una mirada de cansancio. Siento náuseas fuertemente, y mis piernas temblaban un poco. Puse mis manos en mi abdomen, sintiendo un pequeño bulto, a lo mejor eso es lo que me tenía mal. O algún tipo de alimento que pudiera haber ingerido en el transcurso de la semana. Comienzo a expulsar todo lo que estaba en mi estómago. Dejando ardor en mi garganta, a causa del vómito. Me sostuve de un pedazo de madera que estaba afuera en el patio; sin más remota idea comencé a tratar de levantar la cabeza para que el vómito no se traspasara a mi nariz. No sé qué más puedo hacer, me sentía de lo peor. —Cariño, ¿Te encuentras bien?—me sigue la señora Lucía hacia donde estoy yo. De manera que se acercó a donde me estaba sosteniendo del trozo de madera. Le doy una sonrisa de boca cerrada—Espero estarlo. Me ayuda a levantarme, me sentí algo aliviada pero con una acidez en mi estómago, quizás sea por algo que me cayó mal. Al entrar a la casa y tomar asiento en la mesa del comedor, tome mi puesto de costumbre—¿Que me habría caído mal?—le dije a ella. Ella sonriente me pregunta—¿Cuando fue la última vez que estuviste en tus días?—un poco extrañada me pongo a pensar. No recuerdo la última vez que me vino la menstruación, así que procedo a pensar en los días que no tuve con mi hombre a causa de eso... Y sí, había pasado más de un mes que no tenía señales de ella. —Creo que hace más de un mes—le respondí. —Muy bien, ¿Te has cuidado? Estas preguntas ya se para dónde van... —La verdad no—me rasco la nuca en señal de preocupación. —Entonces no le des más vueltas, ¡eso es!—me señala el estómago. No... No puede ser... ¿Estaré embarazada? Justo en estos momentos tan críticos en mi vida, donde estoy en un lapso emocional. Sé que soy lo suficientemente grande para tener un bebé... Pero, ¿Tan pronto? A penas habían pasado 7 meses de todo, y ya tenía que cambiar mi vida tan radicalmente... —No creo estarlo Lucía, no puedo. Ella se echa a reír—¿Como que no? Acaso no tienes una pareja, ya sabes cómo se hacen los bebés... Lucía vuelve a poner su mirada en la cocina. Y sé a lo que se refería, pero no. No puedo estarlo, Andrew se había ido, no teníamos intimidad desde que se fue. Además que no estoy para estos trotes de ser mamá, aunque si lo estuviera, lo tendría obviamente. —¡claro que sé!—me reí ante la situación. La hija de Lucía entra por la puerta, saludandome como de costumbre. Le correspondió el saludo y se sienta a mi lado. Entonces le plantee la situación—¡Sé que tienes que escuchar esto!—le mencioné. Asiente con la cabeza—¿Que ocurre? —Lucía cree que estoy embarazada. Ella abre los ojos como si se les fuesen a salir los mismos. —¿Qué? ¡Eso es una buena noticia!—se levanta del asiento, y pone su mano en mi abdomen. Antes no creí estarlo, pero dadas las señales... No creo que Lucía con tanta edad, años, y por supuesto, más su poder. Estaba acertando que lo estaba. Desde ese día, todos me cuidaban como si la estuviera. Aunque con mis antojos tan extraños, empecé a creer que sí. Entonces sí, estoy embarazada... Era momento de avisarle al padre, una vez que me tome mi té de manzanilla como de costumbre todas las tardes. Hice la carta: "Mi querido Andrew. Sé que ha pasado tiempo desde que nos vimos por última vez, te extraño tanto. Han pasado muchas cosas desde que no estás... Entre todas esas cosas, hay una de las más importantes. Y es que serás padre. Estoy embarazada, tendremos un hijo. Espero no te asustes, y que esto no sea un mal para ambos, sino más bien otro proceso y etapa que pasaremos juntos. Con amor, Jazmín". Una vez termine de escribir, puse la carta dentro de un buzón. Esperé hasta al día siguiente, a que diera señales de vida. Después de tantas ansias que sentía esperando por una respuesta de él, casi ni pude dormir, me sentia demasiado conmocionada ahora que había dado la noticia. Hasta que me volví a sentar a tomar mi té, para verificar que respuesta me habia dado Andrew. Lucía me dice—Que emocionado estás niña, saliste corriendo por el té—bromea. Con una sonrisa le digo—¡Ya le di la noticia!—ella queda boquiabierta. Me abraza—Serán una bonita familia. Me impacta lo que me dice pero no me detuve a preguntar, debido a que me voltee por saber la respuesta. Abrí el buzón, y allí estaba su carta. Con mucha emoción en mi pecho la cual estaba por salirse. La cual decía: "¡Que alegría mi amor! Espero poder verte pronto, iré a verte lo antes posible, quiero estar ahí cuánto antes. Ya quiero conocer a nuestro hijo, sé fuerte yo pronto estaré con ustedes. No olvides que te amo. Andrew". Se me partió el alma en mil pedazos al leer que también tenía alegría por nosotros. Ya quiero que venga, me asusta que pueda venir porque no se lo que pueda pasar. Pero necesitaba verlo, sentirlo, saber que estaba ahí para mi. —Estoy tan feliz—dije con lágrimas. Lucía se espanta y me dice—¡Niña no me asustes! —El vendrá, me lo dijo, vendrá—dice entre llantos. Lucía con su amor y gran apoyo me abraza, y limpia mis lágrimas con sus pulgares—Viste, ese bebé es una bendición. La hija de Lucía llega y al enterarse de todo, se emociona. Este bebé es muy esperado y amado desde que supimos de su existencia. (...) Así pasaron los meses, uno tras otro. Vi como mi cuerpo fue transformándose al pasar el tiempo, me sentía una gran madre, todos los días sobaba mi pancita. Se fue estirando mi cuerpo, aunque tenía unas estrías por el estiramiento de piel, valía la pena tenerlas porque le estaba dando vida a otro ser. Me causaba curiosidad que poder pudiese tener. Ya que Andrew no tiene poderes, pero no sé si eso afecte en la genética. Tome mis vitaminas para fortalecerme durante el embarazo, hasta que las dejé caer. Ya tenía 8 meses, el tiempo pasó volando. Inmediatamente el señor Héctor se percató de que algo me pasaba, menos mal que estaba ahí presente. Me sentí feliz, estaba por conocer a mi bebé. —Tranquila, ya iremos a un hospital cercano—me dice Héctor. Me ayuda a levantarme, siento un millón de punzadas. Dolía fuertemente las contracciones, jamás podré decir que tan alto es su dolor, es un dolor inexplicable. Siento que me estaba afectando fuertemente, pero todo valdría la pena. Trataba de mantener un pensamiento positivo mientras soportaba los dolores, cuánto hubiera querido que mi Andrew estuviera aquí... —¡Ya vamos en camino!—viene Lucía con un gran bolso en la mano. Nos montamos en un automóvil, y salimos a todo dar para el hospital. Llegamos y me pasaron a la sala de parto, allí fue donde vendría lo que nunca me imaginé que haría en mi vida. Tuve que dar a luz. Fue un experiencia que jamás olvidaré... Hasta que después de tanto dolor, al ver a mi bebé en mis brazos. Fue como si hubiera olvidado todo lo malo que pase, todos esos dolores que sentía desaparecieron. Todos esos malestares que pase antes de que naciera, era como si se hubiesen esfumado como el humo. Mi pequeño y gran amor. Escucho su llanto, y veo como esos hermosos ojos color cristal me miraban. Me partía el corazón lleno de amor y sentimientos. Una vez que mi bebé había nacido, siendo un varón. No había sabido el sexo hasta que naciera, quería sorprenderme y sorprender a todos. Así que jamás deje que me lo dijeran, simplemente quise sorprenderme. Me preocupa que no le avisé a Andrew. Hasta que lucía entra por la puerta de la habitación. —Esto es para ti—me entrega un sobre en la mano. La abrí rápidamente y la comienzo a leer. "¡Eres una guerrera, te amo! Cumpliré mi promesa, asi que antes de que lo esperes estaré ahí. Iré a verlos, y conocer a nuestro hijo, sabes que eres mi vida entera. Espero que estés bien, sabía que eres más fuerte que yo. Apenas llegué, le pondremos un hermoso nombre, ya verás. No te preocupes por lo demás, muy pronto estaré contigo". Siento las gotas por salir mis ojos, corriendo hacia mis mejillas, lo que leí me dio la fuerza que necesitaba.
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