Lía “Quedarse” Me quedé sentada en el borde de la cama más tiempo del necesario. No estaba cansada. Tampoco inquieta. Era otra cosa. Ese estado extraño en el que el cuerpo ya ha tomado una decisión y la mente va detrás, intentando ponerse al día. La casa estaba en silencio. Un silencio limpio, sin amenaza. Y aun así, me descubrí escuchándolo todo: el ruido lejano de un coche, el crujido mínimo del suelo, mi propia respiración. Antes habría llamado a eso miedo. Ahora sabía que no lo era. Era conciencia. Me tumbé boca arriba y llevé una mano al vientre, notando cómo subía y bajaba al respirar. La piel seguía siendo mía. El cuerpo seguía siendo mío. Eso importaba. Pensé en Nico sin querer. En sus reglas dichas con voz tranquila. En cómo había intentado convencerme de que

