Hace casi doscientos años vivió en el célebre templo denominado Miidera, en Ōtsu[113], provincia de Ōmi, un erudito sacerdote llamado Kōgi. Era, además, un gran artista capaz de pintar con la misma habilidad retratos de los Budas, hermosos paisajes y bellas representaciones de animales y pájaros. Pero más que ninguna otra cosa, le gustaba pintar peces. Siempre que hacía buen tiempo y sus deberes religiosos se lo permitían, se acercaba hasta el lago Biwa y le pagaba a un pescador para que le cogiera unos peces sin causarles daño alguno, de este modo Kōgi podía pintarlos mientras nadaban en una gran tina llena de agua. Cuando terminaba de dibujar, les daba de comer como si fueran sus mascotas y los liberaba, soltándolos él mismo en el lago. Con el tiempo, sus pinturas de peces alcanzaron tal
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