Los días pasaban, Catalin seguía en Lima y ahora teníamos el problema de proveerle alimento. No podíamos dejarla ir a altamar a que se alimente de alguna ballena o delfines porque siempre hay grandes buques fábricas pescando en todo el límite del Mar Peruano, por la riqueza hidrobiológica que lo caracteriza, e iban a notar la masacre de mamíferos acuáticos. Tampoco podíamos dejar que vaya a los bosques más cercanos, estaban muy lejos y no había grandes mamíferos que calmaran su apetito. – ¿Y si le pedimos ayuda a Torres? –pregunté sugiriendo al tener una idea que no me parecía inadecuada. – ¿Que consiga unidades de sangre del hospital? -Stefan estuvo cerca de dar con mi idea. – Algo así. Que consiga donantes para ayudar a una supuesta enferma. Podríamos coordinar con alguno de los médi

