—Entonces... ¿Paolo todavía me echa de menos? —Si, él te echa de menos, no sé qué le hiciste para que le agradaras. —Soy buena gente, supongo. Los animales presienten cosas... —Presumió con humor. —¿Cómo sabes que es así? —Su comportamiento lo dice... lo conozco. —Amelia se encogió de hombros como si Owen estuviera viéndola. Luego, se mordió el labio inferior al analizar lo que estaba diciendo sobre Paolo, ni ella misma lo creía. Paolo estaba echado a su lado y la miraba fijamente, daba la impresión de que entrecerraba los ojos, como si entendiera perfectamente todo lo que ella hablaba y lo acusaba de algo que podría ser falso. —Claro... lo conoces... —Comentó irónico. Owen hablaba desde el otro lado del teléfono, suspicaz por aquello que Amelia aseguraba de que “Paolo lo echaba

